Bernie Sanders y Joe Biden, aspirantes a la candidatura demócrata a la Casa Blanca. GETTY.

Bernie Sanders tiene 78 años, Joe Biden un año menos, Donald Trump casi 74 años.

CARLOS ALBERTO MONTANER, Miami 

—Solo quedan Bernie Sanders (78 años) y Joe Biden (77 años)  en el campo demócrata. Un radical y un centrista. Uno de ellos se enfrentará a Donald Trump el próximo noviembre. Son dos ancianos, pero Trump, con casi 74 años, es también de la misma cuerda. Será una batalla entre personas que tienen un pie en la próstata, quiero decir, en la tumba.

Tal vez ese fenómeno sea consecuencia del envejecimiento de la población, o acaso porque la ciencia ha cambiado las nociones de juventud y vejez y ha movido una década la edad de gobernar. Ike Eisenhower fue el presidente más viejo elegido en EEUU hasta la llegada de Ronald Reagan. Llegó a la Casa Blanca a los 62 años. (George Washington, no obstante su solemne distanciamiento, solo tenía 57 años cuando llegó al poder).

En estas primarias, en el camino se quedaron Cory Booker (50), Beto O’Rourke (47), Andrew Yang (45), Julián Castro (45) y  Pete Buttigieg (38), por solo mencionar a los que tenían 50 años o menos. Había jóvenes negros, blancos, hispanos, asiáticos, gays, heterosexuales, empresarios, con experiencia militar, muy y menos educados. Había de todo.

¿Por qué los electores no tuvieron en cuenta el factor edad a la hora de depositar su voto? A Sanders, incluso, le dio un infarto hace pocas semanas. A esas edades puede repetirle. Es verdad que Eisenhower tuvo un severo infarto de miocardio en 1955, mientras jugaba golf, lo que no impidió que al año siguiente lo reeligieran y terminara gloriosamente sus ocho años de mandato.

Sanders tiene su base de apoyo en los millennials. Los millennials, grosso modo, son los nacidos entre 1981 y 1996. ¿Por qué los jóvenes, en todas las encuestas, dicen que les gustaría votar por un rostro fresco, pero, llegado el momento, optan por Sanders o Biden?

La respuesta a esta pregunta la escuché en un podcast del periodista Ricardo Brown (Visión 2020) mientras entrevistaba a Mike Hernández, un buen analista político de Telemundo: porque no dicen la verdad. No hay nada más fácil que despistar a un encuestador sin siquiera padecer la pena de mentir. Incluso, no existe la noción real del embuste.

El entrevistado quisiera que surgiera un joven con las propuestas y las características de Sanders, pero la selección de los candidatos es sobre personas concretas que pueden tener éxito, y entre ellas no aparece ninguna con el fuego y la determinación del senador de Vermont, pese a sus 78 años.

Por eso en las últimas batallas electorales ha descollado Biden. Era la hora de recomponer la opción centrista y moderada del Partido Demócrata para evitar un descalabro frente a Trump, algo que pronosticaban las encuestas si el candidato era Sanders.

El conjunto de la nación no padece el monotema del 1% de los ricos que se apoderan de las riquezas, como incesantemente predica Sanders, ni quiere abandonar sus planes sanitarios. Tampoco existe un consenso claro sobre quién debe pagar la factura de los estudios universitarios: ¿los que se beneficiarán de los títulos o todas las personas? ¿Disponer de muchos graduados universitarios es una inversión en la sociedad que nos beneficia a todos o, fundamentalmente, a los graduados?

¿Por qué sucedió la fantástica victoria de Joe Biden en Carolina del Sur, y luego en el Supermartes cuando ganó en diez de los 14 Estados en que compitieron por la candidatura demócrata? No fue por devoción al líder. Biden carece de carisma. Es porque el Partido Demócrata hoy se parece más a Biden que a Sanders. Es el partido de la inclusión. El de los inmigrantes, las minorías, el que surgió con F. D. Roosevelt y Harry Truman al calor de la Segunda Guerra mundial.

A lo que se agrega el “elemento Trump”. Mucha de la gente que votó por Biden lo hizo convencida de que puede en noviembre desalojar a Trump de la Casa Blanca. ¿Es eso verdad? No sé. No es fácil sacar a un gobernante en el ejercicio del poder. El personaje tiene muchos enemigos conseguidos a punta de “tuits”, mentiras y deformaciones de la realidad, pero también numerosos fanáticos dispuestos a seguirlo hasta el punto de que puede asesinar a una persona en la Quinta Avenida impunemente, como ha dicho alguna vez.

Pudiera ocurrir. Al fin y al cabo, han seleccionado a Biden para que liquide a Trump en las urnas, pero también puede suceder lo mismo que en el 2016: los demócratas ganan el voto popular y pierden el decisivo, el voto electoral, por un puñado de sufragios en ciertos estados clave. Para evitar que eso suceda acaso Biden tendrá que incluir en su programa algunos de los asuntos de Sanders. París bien vale una misa.