Las clases se reanudaron el pasado 1 de septiembre en todas las provincias menos en La Habana. (14ymedio).-

 

Las familias dudan de la higiene de los salones de clases y cómo van a garantizar el distanciamiento necesario para evitar el contagio

 

—¿Cuántos alumnos se permitirán por aula? ¿Todas las clases serán en interior? ¿Habrá un suministro estable de agua en los baños? Las preguntas de los padres crecen a pocos días de que en La Habana se reinicie el curso escolar. También son muchas las dudas de los docentes, que intentan retomar la enseñanza interrumpida en abril pasado por la pandemia.

En los últimos días y para organizar el retorno a las aulas el próximo lunes 2 de noviembre, los profesores y directivos han convocado reuniones especiales para informar sobre las medidas que regirán el retorno a clases. Las aulas que llevan meses desiertas se llenaron esta semana de padres ansiosos y exigentes, que manifestaron su preocupación por las condiciones higiénicas de los locales.

Este miércoles en el municipio Plaza de Revolución, en varias escuelas se convocó a un encuentro con la familia. El principal objetivo era que los padres conocieran las nuevas regulaciones y estuvieran al tanto de cómo se llevará el plan evaluativo. Aunque normalmente estas reuniones no logran convocar a todos, en esta ocasión pocos faltaron.

“Las nuevas medidas ‘orientan’ que los padres no pueden entrar a la escuela y que el niño no puede ni asomarse a la reja, así que todos tienen que venir con su merienda de la casa”

Si hace ocho meses las citas entre padres y maestros estaban protagonizadas por los pedidos de material de limpieza para el aula, la recaudación de dinero para comprar un ventilador o la selección de un delegado que representara la voz de las familias, ahora es diferente. El miedo al contagio por covid-19 ha marcado el paso de las reuniones.

En la escuela José Luis Arruñada las aulas de séptimo y sexto grado estaban repletas, todos querían conocer cómo se ha preparado el centro para recibir a los alumnos. Los maestros insistieron en que se va a garantizar el suministro de agua para que los niños se laven las manos, una promesa que no logró convencer a los padres, conocedores de los problemas hidráulicos que afectan al inmueble.

Por décadas, una de las quejas más repetidas en las escuelas cubanas –junto a la mala calidad de los almuerzos o el bajo nivel de los maestros– ha estado relacionada con los problemas de la infraestructura sanitaria, junto a la falta de personal o útiles de limpieza. Esta última tarea, por regla general, la asumen y la financian los propios padres.

“Yo voy a traer el jabón así que no se preocupen por eso”, indicó la profesora de sexto grado ante la duda de los convocados. “Aquí estaré desde bien temprano, las nuevas medidas orientan que los padres no pueden entrar a la escuela y que el niño no puede ni asomarse a la reja, así que todos tienen que venir con su merienda de la casa”, puntualizó.

La mayor preocupación de los padres era sobre la higiene de los salones de clases y cómo iban a garantizar los maestros el distanciamiento necesario para evitar el contagio. “Me hago responsable de todo lo que ocurra dentro de la escuela. En cada baño habrá un maestro siempre para acompañar al alumno, abrirle la pila del lavamanos y vigilar que se conserve la distancia”, explicó.

La sobrecarga que tendrán los maestros para apuntalar la higiene de las aulas ya está generando dudas en el sector. “Nos dijeron que es nuestra responsabilidad pero yo también estoy en riesgo, no puedo resolver en un mes lo que ha sido un problema por años”, comentó a este diario una profesora de segundo grado que evalúa continuar o no en la enseñanza “porque ahora vamos a tener que hacer hasta de doctores”.

“A la escuela no puede venir ningún niño con síntomas respiratorios, fiebre o malestar, en el caso de los niños alérgicos o asmáticos que tengan una crisis tienen que pasar antes por su médico de familia para que lo examine y venir con un papel firmado por el médico”

La detección precoz de niños con síntomas respiratorios, la supervisión de que los estudiantes se laven las manos varias veces al día, el control para mantener el distanciamiento social y la responsabilidad de concentrar en los próximos meses el contenido docente que debió haber sido impartido antes del verano son algunas de las nuevas responsabilidades que agobian a los profesores.

Una de las profesoras a cargo del sexto grado dijo en la reunión: “A la escuela no puede venir ningún niño con síntomas respiratorios, fiebre o malestar, en el caso de los niños alérgicos o asmáticos que tengan una crisis tienen que pasar antes por su médico de familia para que lo examine y venir con un papel firmado por el médico”. Además recordó que es obligatorio el uso de la mascarilla y precisó que cada niño debe llevar tres para garantizar cambiarla al menos después de la merienda y el almuerzo.

Tampoco se han anunciado regulaciones claras de la cantidad de alumnos que se permitirá por aula, un punto flaco de la educación en Cuba, donde el éxodo de maestros hacia otros sectores más remunerados ha obligado en los últimos años al hacinamiento en las clases, el uso de transmisiones televisivas para apuntalar la enseñanza y la sistemática cancelación de turnos en asignaturas como inglés, computación y educación física.

El escepticismo de que el curso deba ser suspendido en algunas zonas por un posible rebrote también sobrevoló las reuniones de esta semana, en un país donde varias provincias que comenzaron la desescalada tuvieron que volver a una estricta cuarentena y a la cancelación de las labores docentes. El territorio que se abre a partir del próximo lunes es una incógnita para todos.

En las reuniones en la escuela Arruñada y ante los temores que desata el coronavirus, pocos padres dirigieron sus inquietudes al tema académico y tampoco los maestros explicaron cómo van a compensar todos estos meses sin dar clases y el atraso que eso significó en el plan de clases. La enseñanza parece haber pasado a un segundo plano, reemplazada por garantizar la salud de los estudiantes.

Tampoco se han anunciado regulaciones claras de la cantidad de alumnos que se permitirá por aula, un punto flaco de la educación en Cuba, donde el éxodo de maestros hacia otros sectores más remunerados ha obligado en los últimos años al hacinamiento en las clases

Así pues, la directora de la escuela intentó calmar las angustias, y en un pequeño encuentro previo con todos los padres aseguró: “No se preocupen, hemos arreglado los lavamanos de todos los baños y el niño siempre que quiera lavarse tendrá permiso para hacerlo”. Algunos asistentes quisieron comprobar tal afirmación pero fue imposible porque todos los baños estaban cerrados con candado.

Según las autoridades, se ha planificado para que este curso termine el próximo 7 de diciembre, momento en que se dará inicio al nuevo ciclo lectivo 2020-2021. Además se han estado dando los detalles sobre el calendario para los exámenes de revalorización en el caso de los alumnos de secundaria básica que tienen suspensas algunas materias o quieran subir nota.

“Por el momento solo hay uniforme para los grados iniciales. La orientación que tenemos en la escuela para los otros es entregar los bonos en diciembre para que cuando oficialmente comience el otro curso ya todos tengan su uniforme nuevo”, explicó el profesor de octavo grado. Además precisó que en el caso de los alumnos que ya no le sirve el uniforme que tienen están autorizados a ir con un pantalón azul y un pulóver blanco.

Después de cada reunión es inevitable que los padres se queden afuera de las escuelas para compartir impresiones y dudas. A pocos metros de la entrada de la Arruñada, una antigua escuela religiosa nacionalizada y bajo administración estatal actualmente, los rostros este miércoles en la tarde mostraban más preocupación que alivio.

Una de las madres dudaba sobre la manera en que se va a recuperar el tiempo escolar perdido. Dijo estar convencida de que cuando comience el nuevo curso van a atropellar todo el contenido. “Por si acaso ya conseguí un profesor particular para matemáticas porque yo sé que ahora van a querer correr y hay mucho contenido”, aseguró.

“Mi hijo tiene muchas ganas de comenzar”, señaló otra. “Tiene mucha energía y está loco por ver a sus amigos, así que vamos a ver cómo se va a respetar la distancia”. “Míranos a nosotros, que somos adultos y estamos aquí sin guardar el metro y medio”, respondió un padre. “El regreso a las escuelas no es una buena idea, no todavía”, se oyó decir a otro segundos antes de que el grupo se dispersara.

En pocos días volverán frente a las escuelas con sus hijos de la mano y un montón de preguntas aún sin respuestas.