Calle Enrramada en Santiago de Cuba (Archivo).-


Por José Alberto Lora Vázquez para CiberCuba.-

—Los problemas para alquilar una vivienda afectan a toda Cuba. Si bien la situación en La Habana es casi un antiguo bien patrimonial, con precios topados solo por la imaginación, la realidad en el resto del país no es muy diferente. Aunque, contrario a lo que sucede en la capital, en los demás centros urbanos ni siquiera existe una cultura sobre el tema.

Mariana, una española con residencia permanente en Cuba, ha chocado con la situación más de una vez.

“Viví en La Habana y allá el tema de los alquileres es simplemente una locura pero hay muchísimas más opciones, de diferentes precios desde baratos hasta carísimos, además allá estar alquilado es normal, donde quiera hay personas alquiladas, es algo común y no hay que dar tantas explicaciones. Me vine para Santiago de Cuba porque me enamoré y aquí es completamente diferente”, asegura.

“Cuando me escuchan hablar a las personas se les abren los ojos y ya piensan cobrarme 15 CUC por día, y yo les explico que soy residente permanente en Cuba. Es cierto que aquí los alquileres son más baratos, muchísimo más barato, pero también hay muchos menos opciones para quien no paga 15 CUC al día, sino para el que busca un alquiler de 30, 40, 50 o 60 CUC por mes, y además hay muchísimo miedo entre quienes lo hacen”.

Justamente es ese segmento, el pueblo trabajador, las personas que más sufren con el tema de los alquileres pues pertenecen al grupo al que les resulta imposible pagar 15 CUC, más menos, por noche, y opciones por un precio que oscila los 30, 40, 50 o 60 CUC por mes, no son las más comunes.

Y también está el tema del miedo. “Aquí en Santiago, a diferencia de lo que sucede en La Habana, las personas tienen mucho miedo a alquilar así por tres o cuatro meses a un cubano, o en mi caso por ser española aunque tenga residencia permanente aquí. Le temen mucho a los vecinos, no es como en La Habana que todos se buscan la vida de cualquier forma”, argumenta Mariana.

“No existe tampoco la cultura de alquilar habitaciones o pisos a los cubanos por varios meses, por tiempos largos, solo a los turistas por 20 CUC la noche. Siempre hay quien lo hace, pero es mucho menos pues lo habitual es que no se haga con permiso y por tanto hay mucho más miedo. Es diferente, es más difícil encontrar piso”.

Frecuentemente los «caseros» le piden que por favor no socialice mucho con los vecinos, que trate de no hablar mucho en el barrio y que por todos los medios trate de pasar desapercibida, que evite las fiestas y amigos solo los imprescindibles, que haga de todo por ser transparente.

Rafael es químico, vive en Santiago de Cuba, pero nació en Granma en un lugar de intrincada serranía, “de donde soy lo más cercano que haría a mi profesión sería profesor en una secundaria o hacer prú en mi casa, aquí trabajo en una industria”, dice.

“No vivo en Santiago de Cuba porque lo desee, es que en lugar donde nací ni hay industrias. Estoy aquí porque no estudié cinco años para ser profesor o dedicarme a hacer cremitas de leche en mi hogar. Soy químico y quiero ejercerlo, pero pagar 40 CUC al mes siempre me recuerda al dicho de que quien alimenta perro ajeno se queda sin pan y sin perro”.

Si algo conoce es de llamadas desesperadas, poner a correr a los amigos, caminar por las calles con dos maletas de ruedas una con ropa otras con cacharras, vasijas, un ventilador y una olla arrocera; de casi suplicar para no ser lanzado a la calle, regatear precios, de sonreírle a la dueña de la casa y por dentro tener ganas de ahorcarla… también conoce de que se roben sus alimentos en refrigeradores ajenos, de tragar buches de sangre… esa es la realidad de quien sufre los vaivenes y avatares de los alquileres.

“El problema es que legalmente no tengo ningún derecho: no existe contrato, no puedo exigirle nada pues no tengo derechos recogidos en ningún documento, en fin, que te acostumbras a vivir el día a día, o el mes a mes, y con suerte suplicas para que la suerte te dure un tiempo. Estabilidad es un raro lujo y privilegio”, asegura.

Mariana tiene más de 50 años, no aspira a tener hijos, aunque sí una pareja: “lo usual es que los pisos sean ilegales, y muchos me prohíben traer hombres, y no es que sea promiscua, pero cuando llegue algo estable a mi vida, si no tiene casa, no sé qué pasará”.

Rafael es muy joven aún, tiene la edad justa donde se disfruta la independencia, incluyendo la económica, pero que aún no se piensa en el mañana: “pero tendré que hacerlo llegado el momento. Quisiera tener hijos, al menos dos, ahora tengo una pareja que no le interesa, ¿pero cuando llegue el momento qué pasará? ¿Se puede tener un hijo en medio de un diario bregar donde no puedo ni garantizarle un techo?”.