Katherine Bisquet, poeta cubana.- (Foto en la portada de su libro ”Algo aquí se descompone”).-

‘A Carlos Moore le falló su amor no correspondido. Yo me crié sin ninguna convicción, bajo las simulaciones de amar un concepto.’

 

 

Carlos Moore.
Carlos Moore. BLOGSPOT.COM

 

Por Kaherine Bisquet, La Habana, Cuba.-

—Carlos Moore fue un hombre que amó la idea del proyecto revolucionario. Carlos Moore era un niño negro que sufrió más que cualquier otro niño negro cubano el racismo. Carlos Moore era el hijo de una inmigrante jamaicana, por tanto fue el “pichón” de buitre durante toda su infancia para todos los del pueblo, porque se le consideraba “más primitivo, más bárbaro, más africano”.

Carlos Moore se fue a EEUU y regresó a Cuba en 1961 para apoyar esa idea utópica. Porque tenía la necesidad de vivir en una sociedad diferente, en una sociedad donde se le viera como un igual, que lo aceptara como un individuo con toda su singularidad con los mismos derechos y participación que el resto. La Revolución representaba para él una madre sustituta. Pero descubrió una gran mentira. Esa Revolución maternal que amaba lo rechazó tal y como él era. Experimentó una de las mayores represiones, la pérdida de la identidad, de su color, de su tradición, sometido por el discurso del “ser todos cubanos”.

Carlos Moore fue uno de los primeros en señalar el problema del racismo en Cuba, en darse cuenta de que ese “color cubano” seguía siendo el blanco. Fue uno de los primeros intelectuales obligado a retractarse en público ante la amenaza de ser liquidado. Moore fue uno de los primeros refugiados políticos en salvarse del extintor Totalitarismo.

Esta historia no es para nada singular. Años después esta historia se repetiría una y otra vez. Algunos pudieron exiliarse, otros perecieron.

¿Por qué saco a relucir esta historia? Hace días me encuentro en una total autoreclusión, le cuento a una amiga que temo salir de mi casa porque todo lo que sucede allá afuera es terrible. Ella me dice que hable sobre eso mismo, que cuente cómo me siento. Pues bien, que suceda como en una sección de autosicoanálisis. Pienso en Carlos Moore, Cabrera Infante, Padilla, Arenas, Virgilio, Lezama y otros tantos exiliados, silenciados, asesinados, hostigados, maltratados, apresados. Calculo la distancia temporal que me separa de estos parias de la gloriosa y magnánima Revolución. Y es bastante.

Vista panorámica de la ciudad nuclear. Foto: Lenier González.-

Yo nací en la Ciudad Nuclear, que es como decir el símbolo comprimido del gran proyecto socialista. Nací en el año 1992, cuando ya no quedaba sino un rastrojo de esa intentona revolucionaria, y un cielo de decepción y frustraciones. ¿Por qué entonces me preocupo, si yo nunca la amé, si yo nunca creí, si yo no le debo nada a nadie?

A Carlos Moore le falló su amor no correspondido. Yo me crié sin ninguna convicción, bajo las simulaciones de amar un concepto, de repetir de memoria un concepto, que a ratos se me olvidaba, pero él estaba ahí, en una gigantografía en el living de todas las escuelas en las que estudié.

Pienso en Moore y en la letra de una canción: morir de amor que no morirse solo en desamor, poder tener un nombre que decir al viento; una canción que tarareo hacia a mis adentros y me entristece. Creo entender la angustia de Moore, la angustia de Infante, la angustia de todos los cubanos exiliados, los que salieron huyendo antes de que los mataran, en todos esos que se resisten, que piensan Cuba como Nación, Cuba como su patria, los que nunca se adaptaron o no quisieron adaptarse, seres que no se lograron desprender y que cada isla es la Isla, que se repite, una y otra vez. La interminable lucha por la libertad. Pero ¿qué es la libertad, sino la propia idea de lo que para uno es su propia libertad? La libertad de expresión, la libertad individual, la libertad subjetiva, la libertad corporal, la libertad abstracta, la libertad que se deconstruye en tantos significados indefinibles.

Pienso en Moore que creía en algo, yo simplemente no creo —como dice mi madre—, ni en la madre que me parió. Y pienso en mi soledad, en mi desamor…

Publicado por DDC.-