Por Luís Flores.-

—Mi abuela emigró a Cuba hace más de 80 años y mientras vivió recibía puntualmente los papeles necesarios para votar en las elecciones de España, derecho que ejerció religiosamente durante toda su vida. Mi abuela era votante fiel del PSOE. Nunca se le impidió ejercer su derecho, y hubiera podido retornar a su país natal en cualquier momento, sin trabas ni limitaciones ni repatriaciones, ella fue tan española como el que más durante toda su vida.

Yo seguí el camino de vuelta a la patria de mi abuela, algo que a ella le hubiera sorprendido y quizás agradado. Llevo 13 años viviendo en España, y no he oído nunca a ningún español catalogar a un emigrado español en un grupo separado de los españoles que viven aquí. Tales divisiones no tienen ningún sentido en un mundo cada día más global donde las personas emigran por diferentes razones. No creo que en la cabeza de ningún español exista el concepto de que esos emigrados son menos patriotas o “menos españoles” que ellos solo por haberse ido a trabajar o vivir a otro país.

Durante los dos primeros años regresé a Cuba cada once meses, el tiempo máximo que se podía salir del país para no perder la residencia, y obviamente pagué las prórrogas de pasaporte y del famoso PVE (permiso de viaje al exterior). Hasta hace nada los cubanos teníamos que pedir permiso para salir de nuestro país, y pasar una entrevista en inmigración donde te preguntaban desde qué familiares tenías en el exterior hasta por qué salías de viaje. El costo de las prórrogas era de 40 euros por mes y, sumado al costo del permiso de salida, hacía que cada 11 meses un cubano que no quisiera perder su residencia en Cuba tuviera que pagar 550 euros cada año, esto en España, en otros países como Estados Unidos, el costo era mucho mayor. Adicionalmente tenía que someterme al mismo interrogatorio y volver a pedir el permiso de salida cada año.

Era algo surrealista: una funcionaria cualquiera podía impedirme salir de Cuba y regresar a España donde ya tenía una casa, un negocio, y hasta un perro. Decidí que era hora de dejar de ser rehén del gobierno cubano. Esperé casi dos años para volver a Cuba nuevamente, ya cómo “quedado”, sin derechos, pero también sin “deberes”.

Esta segregación sólo existe para nosotros los cubanos. Comenzó desde el inicio mismo de la Revolución Cubana, cuando empezaron a llamar gusanos, escoria y antisociales a aquellos que decidieron marcharse de la Isla gobernada por la dictadura verdeolivo. Comenzó en 1959 y aún hoy se mantiene.

A los “gusanos” y “escorias” les expropiaron todas sus propiedades. Desde siempre los que se han marchado han perdido todo lo que dejaban en Cuba. ¿Dejabas una casa? te la expropiaban, ¿tenías muebles? expropiados, ¿adornos? expropiados, ¿joyas? expropiadas, ¿un auto? expropiado. Todo esto iba a parar a las arcas del gobierno robolucionario y se repartía de manera selectiva entre los poderosos dirigentes de la nueva aristocracia. Pero además de expropiarles los bienes materiales también le expropiaban su “cubanía”, sus derechos en Cuba. Quizás por consistencia tenían que descubanizarlos para poder robarles “legalmente” sus pertenencias.

Esta política de separación del gobierno ha sido parte integral de la política de “divide y vencerás” aplicada por el gobierno cubano. Esta actitud se hizo tan arraigada en Cuba que hoy en día gente joven, incluso que no apoyan directamente a la dictadura, ante críticas que los cubanos de “afuera” dicen: “no te metas en eso, eso solo le incumbe a los que estamos aquí, esto ya no es tu problema, es muy fácil criticar desde fuera, si quieres criticar regresa a ver si eres tan guapo”; eso para no hablar de los que sí apoyan al régimen que te dicen incluso a golpe de hashtags #CubaEsNuestra, #ConCubaNoTeMetas, #NoNosEntendemos o directamente gusanos, apátridas, excubanos, cubanos mal nacidos, entre otros calificativos.

Para todos estos cubanos de “adentro” que se creen más cubanos que yo y los que vivimos “fuera” dejo aquí una frase del apóstol:

La patria no es de nadie: y si es de alguien, será, y esto solo en espíritu, de quien la sirva con mayor desprendimiento e inteligencia.

Defender el desastre en que la dictadura de los Castro ha sumido Cuba por más de seis décadas no es servirla con desprendimiento, criticar a los que como tú, pero desde afuera, critican lo que ocurre en la isla no es servirla con inteligencia. Cuba no es de ustedes ni de nosotros, es más, no existe ustedes y nosotros, todos somos cubanos, y llegará el día en que las leyes reconozcan que nuestros derechos no pueden ser limitados por residir en otro país, pensar diferente o no apoyar al gobierno de turno. Todos somos cubanos.

A esos cubanos de “adentro” les recuerdo que la única diferencia entre ustedes y nosotros es una visa y un pasaje de avión, y ustedes seguramente están luchando los suyos. Por aquí nos veremos un día, y hablaremos de cubano a cubano.

Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba quien hizo la publicación original.