El mandatario designado cubano, Miguel Díaz-Canel, convocó en Buenos Aires a los residentes de la isla en todo el mundo para participar en la 4ta Conferencia de Nación y Emigración que se celebrará en La Habana del 8 al 10 de abril de 2020.-

 

Carlos Cabrera Perez

Carlos Cabrera Perez / CiberCuba.-

—Los mansos de la emigración han sido convocados por sus jefes para que acudan el próximo abril a La Habana, donde darán rienda suelta a la política ficción que consiste en una baba sin quimbombó con la mermelada habitual de criticas al embargo norteamericano y recordarles que si pueden pasar por la Aduana sin grandes contratiempos, se debe a la generosidad de la casta verde oliva.

La propaganda tardocastrista ha ido perfeccionando el discurso hacia la emigración con dos objetivos claros: Despolitizarla a su favor y reducirlos a la condición de pacotilleros con altas dosis de relativismo moral; de ahí el anuncio reciente en Irlanda que estudiarán las tarifas de atraco por servicios consulares y la filtración interesada de que hijos de emigrados sumisos estudian en universidades castristas.

El Hombre Nuevo emigrado es un amoral desmemoriado porque las causas que provocaron su emigración siguen estando vigente en la Cuba actual: represión, pobreza y mentiras. Y con esa materia prima el aparato anticubano se nutre de fieles abyectos que valen para manifestarse en Bogotá o París, informar sobre conocidos y amigos emigrantes a los que en privado confiesan que ¿aquello? está malísimo e invitar a comer o pagar algunos servicios como la peluquería de cónsules y policías disfrazados de civil.

Díaz-Canel y Bruno Rodríguez están en su papel de mayorales de los rehenes y, sabiendo que el cuadro está cerrado y que Donald Trump sigue jugando para doble play; usan a la emigración dócil en función de sus intereses y no a favor de Cuba, como pretende hacer ver La Habana en su goteo insistente de dividir a los cubanos entre buenos y malos.

No deben estarlo viendo muy claro en Argentina, a la que Cuba debe 6.800 millones de dólares desde hace 46 años y aún no se ha producido una entrevista con el presidente argentino, solo el saludo protocolar que se dispensa a los invitados y, aunque Díaz-Canel se reunió con empresarios a los que aseguró defenderlos ante el capítulo IV de la Ley Helms-Burton; no ha trascendido que va a hacer el peronismo del siglo XXI con los números rojos del castrismo, sobre todo, teniendo en cuenta que el préstamo lo otorgó un peronista del siglo XX, el presidente Héctor Cámpora, en 1973.

También sorprendieron dos gestos de Díaz-Canel en Buenos Aires. Visita al Parque de la Memoria para rendir tributo a los asesinados y desaparecidos por la dictadura militar que sería el segundo gesto rupturista y no de continuidad en política exterior con el legado de Fidel Castro, que pactó con el general Jorge Rafael Videla la no agresión mutua en la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas para taparse sus vergüenzas en tan delicados asuntos. ¿No hay nadie con memoria en el Consejo de Estado o en la cancillería cubana? ¿O es que el presidente ha querido marcar un hito diferenciador?

El otro gesto sorpresivo fue la ocurrencia de Díaz-Canel de afirmar en un discurso público que el neoliberalismo no soluciona los problemas de los pueblos latinoamericanos que se han cansado, en clara alusión a las protestas en Colombia, Chile y Ecuador; pero evitando referirse a Bolivia y Venezuela. Que las políticas neoliberales han fracasado es una obviedad, el problema es que el comunismo también es un fracaso y habría que encontrar un adjetivo justo para diagnosticar esa cochambre anticubana que combina prácticas neoliberales con la brutalidad comunista. Sea serio, Don Miguel; que la Magdalena no está para tafetanes.

¿A qué vienen tantas prisas por lanzar al vuelo de incautos, la convocatoria de una reunión de emigrados apacibles que se celebrará dentro de cuatro meses en La Habana.? El marco era apropiado porque estaban reunidos con 500 compañeros que han soportado la maldad de Mauricio Macri en sus propias carnes; pero habrán vuelto a casa contentos porque fueron escogidos para la puesta en escena de sus carceleros.

La cita de abril puede ser una oportunidad para que alguno de los participantes, una vez superada la ronda de limosnas y los teques patrioteros -¡que malo es ese Trump, por tu vida!; la verdad que no es fácil; proponga:

a) Que Cuba ratifique los pactos de Derechos Humanos de Naciones Unidas; firmados por Raúl Castro en 2009 para comprar tiempo político.

b) La liberación de todos los presos políticos y legalización de los partidos, movimientos y organizaciones que no comparten la agenda tardocastrista.

c) Que cese la represión y detenciones intermitentes contra opositores, artistas, activistas sociales y periodistas.

d) Protección para las capas más pobres de la población ante el impacto de la dolarización acelerada que promueve el gobierno anticubano de Díaz-Canel.

e) Reconocimiento del derecho a voto y postulación de emigrados cubanos en los procesos electorales futuros, incluida la condición de Diputados a la Asamblea Nacional; creando circunscripciones especiales por área geográfica y países, en correspondencia con el número de cubanos en cada uno.

Algunos se asustarán que se digan estas cosas en abril de 2020 y en La Habana, otros pensarán que el proponente es un agente de la seguridad que lo está provocando con una Medida activa; pero nada de eso se contradice con la invitación de Díaz-Canel de defender a Cuba; solo que hay varias maneras de hacerlo, salvo que el presidente pretenda convertir la cita con la mensedumbre emigrada en un arrullo de palmas, trinar de sinsontes incluidos.