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La clasificación BTI, que analiza los cambios hacia la economía de mercado y la democracia de países en desarrollo, desmonta los argumentos del Gobierno de Díaz-Canel.

 

ELÍAS AMOR, Valencia 

El índice de transformación de la Bertelsmann Stiftung’s (BTI, por sus siglas en inglés) analiza y evalúa si los países en vías de desarrollo abordan los cambios hacia la economía de mercado y la democracia y, además, cómo lo hacen.

Expertos de distintos países evalúan este proceso utilizando 17 criterios a los que se otorgan puntuaciones respectivas. Después un segundo experto del país revisa las evaluaciones y puntuaciones, y en una etapa final se asegura la consistencia a través de una comparación de las 49 puntuaciones de cada país con una media regional e interregional. La estandarización del proceso analítico de este modo asegura comparaciones de las reformas políticas emprendidas de la forma más ajustada posible.

El índice BTI agrega los resultados de este estudio general de los procesos de transformación y gestión política en dos índices: el índice de status y el índice de gobernanza, que se obtienen de forma separada.

El índice de status cuenta con dos dimensiones, relativas a la transformación económica y a la política, clasificando con una puntuación en la escala 0-10 a cada uno de los 129 países en su trayectoria hacia la democracia bajo el imperio de la ley y una economía social de mercado. Cuando más cerca de 10, los deberes están mejor hechos, por el contrario, cerca de 0 se obtiene suspenso.

Por su parte, el índice de gobernanza evalúa la calidad del liderazgo político que implementa el proceso de transformación.

El estado de la transformación política se mide en términos de cinco criterios que a su vez se obtienen de las respuestas a 18 preguntas que permiten analizar los derechos civiles básicos y la celebración de elecciones libres. También examina el monopolio del Estado en el uso de la fuerza y las estructuras administrativas básicas, así como una evaluación del imperio de la ley, incluyendo la separación de poderes y la persecución de los abusos oficiales, con énfasis especial en la evaluación de la consolidación democrática, el sistema de partidos y grupos de interés, el capital social y la aprobación de normas y procedimientos democráticos.

El estado de la transformación económica se mide en términos de siete criterios que se basan en un total de 14 indicadores. Incluye no solo aspectos como la gestión económica, la regulación o la política de competencia y los derechos de propiedad; sino también elementos de inclusión social, tales como las redes sociales de seguridad, la igualdad de oportunidades y la sostenibilidad. Se acepta que el desarrollo integral no solo estimula el crecimiento económico, sino que requiere un alivio de la pobreza y la libertad de acción y elección para la mayoría de ciudadanos.

Por último, el índice de gobernanza se compone de cinco criterios que se basan en un total de 20 indicadores. Analiza cómo los políticos facilitan y promueven el desarrollo y los procesos de transformación arrojando luz sobre los factores determinantes del éxito y fracaso en la transición a la democracia y economía de mercado. El éxito en la gestión de la transformación implica que los gobiernos son consistentes en la persecución de sus objetivos, y utilizan los recursos de forma sabia y eficiente. También implica que los agentes decisores apoyan el consenso más amplio posible para los objetivos de transformación y trabajan realmente con apoyos externos y países vecinos. La gestión de la gobernanza se pondera con la calidad de la transformación de cada país y como se ve influenciada por restricciones estructurales y la escasez de recursos en un país dado. Tiene en cuenta la capacidad de movilización de los actores políticos.

Para más información sobre el BTI y sus características metodológicas es recomendable visitar la página web donde se presentan igualmente los datos que se utilizan en este análisis:

Los datos obtenidos en la edición 2018 permiten constatar que los primeros puestos del ranking por países, sitúan a la República Checa en primera posición con un índice 9,52, (en la escala 0-10 en que se mueve el índice) compartiendo este puesto privilegiado con Estonia, que alcanza igual puntuación. El Cuadro los resume.

  • República Checa: 9.52
  • Estonia: 9.52
  • Taiwán: 9.42
  • Lituania: 9.24
  • Uruguay: 9.19
  • Eslovenia: 9.18
  • Chile: 8.87
  • Letonia: 8.68
  • Eslovaquia: 8.59

Destacar que ambos países pertenecían al viejo bloque comunista del telón de acero, y han hecho bien los deberes para situarse al frente de la modernización política y económica. Otro tanto ocurre con Lituania, que ocupa el cuarto puesto, con 9,24 puntos, o Eslovenia, en el sexto con 9,18 puntos, y también Letonia, en el octavo, con 8,68 puntos. También destacar a Polonia, en un décimo lugar, con un índice de 8,58.

Todos estos países de la órbita soviética, que decidieron romper con la tiranía comunista y avanzar hacia nuevos modelos democráticos y de economía de mercado, funcionan razonablemente bien. La tercera posición de Taiwán, con 9,42 puntos, se inscribe en los mismos términos. Destacar en cambio que Rusia, en este índice, se queda claramente rezagada con respecto a los países sobre los que ejercía un dominio político antes del derrumbe del muro de Berlín, y en 2018 se sitúa en el puesto 70, con 5,31 puntos, similar a Guinea y Costa de Marfil, mientras que China se derrumba hasta el puesto 81, con un índice mucho más bajo, de 5,02 puntos.

En el podium, destacar igualmente la presencia destacada de dos países de América Latina, Uruguay con 9,19 puntos en el quinto lugar, y Chile, con 8,87, en el séptimo.

La cuestión que interesa es cómo se sitúa Cuba en términos del BTI y sus distintos índices.

Según la estimación de 2018, última para la que se cuenta con datos, Cuba ocupa en el índice de status el puesto 101 de un total de 129 países, con una puntuación de 4,02 en la escala 0-10. Dicha calificación muestra el rechazo de los dirigentes del país hacia la democracia, las libertades y la economía de mercado. Desde luego, es una incómoda posición para Cuba —situada entre Pakistán y Azerbaiyán—, que ofrece una idea de la situación en que se encuentra la Isla en términos comparativos. En América Latina, y por debajo de Cuba en el Índice, tan solo se encuentran Haití, en el puesto 109, con 3,5 puntos, y Venezuela, en el 110 con 3,47. Los datos que reflejan la actual implosión de Venezuela y la apuesta de los dirigentes de este país para ir en contra de la economía de mercado y la democracia.

En cuanto al índice de transformación política, el país baja un escalón para situarse en el puesto 102, alcanzando la puntuación menor, 3,58 en la escala 0-10. Los aspectos relativos a este índice como integración política y social, estabilidad de las instituciones democráticas, el imperio de la ley, la participación política o el Estado, registran valoraciones muy bajas en todas las escalas. Este índice muestra la inamovilidad de los dirigentes políticos.

Por lo que respecta al nivel de transformación económica, el índice obtenido permite subir siete puestos en el escalafón, para ocupar el 95, que es igualmente muy bajo, entre los 129 estudiados. No obstante, en este caso se obtiene una puntuación algo superior (4,46) en la misma escala que sin duda recoge buena parte de las medidas adoptadas en los últimos años para abrir espacios en la economía. Los aspectos que se tienen en cuenta en este índice como nivel socio económico, organización de mercado, estabilidad de la moneda, propiedad privada, régimen de bienestar, gestión económica y sostenibilidad, registran valoraciones en general muy bajas.

Finalmente, en cuanto al índice de gobernanza, el puesto alcanzado, el 94, supone ascender un peldaño, con una puntuación de 3,93 en la misma escala. Los atributos que se evalúan, como cooperación internacional, construcción de consensos, eficiencia en los recursos y capacidad de implementación, obtienen valoraciones algo superiores, pero a los bajos niveles comparativos ya destacados.

Mala reputación para el régimen castrista, que se mantiene en los puestos bajos de la clasificación del BTI de la Bertelsmann Stiftung alemana. El Gobierno, por supuesto, culpa de todos los males al embargo norteamericano, pero datos como estos, incorporados a los algoritmos de las compañías internacionales y los mercados de capital, simplemente lo dicen todo.