El presidente Trump puede que esté enfermo por estos días, que no sea un estadista tradicional, pero las estadísticas del país que lleva cuatro años dirigiendo indican que se va a recuperar la nación. Y yo lo deseo. Como deseo que él supere el coronavirus y sea presidente cuatro años más.

—Trump está enfermo. Es víctima del virus temido por todos, ignorado por muchos, inexistente para algunos y fatal para millones. Y hay cubanos que se alegran. Celebran como si el enfermo fuera responsable por la muerte de muchos, como si el paciente hubiera obligado, en estos cuatro años que lleva de presidente, a abrazar ideologías, gritar consignas, traicionar ideales o abandonar sueños.

Hay cubanos que celebran como si Trump fuese un “dictador” a punto de morir. Sin embargo, no fueron capaces de celebrar la muerte de quien ordenó el curso que tomarían sus vidas y las de sus familias. En ese caso no celebraban por respeto “al dolor ajeno”. Leo a cubanos en redes comparar a Trump con Fidel Castro. Como lo oyen: ¡A Donald Trump con Fidel Castro!

Comparan a un presidente electo mediante un sistema democrático, que intenta sacar adelante un país, con la oposición de toda el ala demócrata del Congreso, sin fusilar a nadie como sí mandó Castro. Un presidente al que muchos medios importantes pintan como “un monstruo naranja”, pero no ha cerrado un solo periódico o televisora. El mandatario que en sus primeros cuatro años ha mantenido al país lejos de las armas. Además, logró un acuerdo de paz histórico, entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos,pero a sus detractores eso les parece poca cosa.

Otros se ponen incluso “poéticos” para atacarle, y hablan del karma o escriben frases huecas como que “cada quien tiene lo que se merece”. Si aplicamos esta lógica de falso erudito de redes sociales: ¿deberíamos decir entonces que todas las personas que se contagiaron de Covid-19 al igual que Trump se lo merecían? ¿Se merecen los enfermos de cáncer su padecimiento, o la muerte aquellos seres humanos víctimas en una catástrofe ambiental es justa? ¿En qué nos basamos para afirmar algo así?

A los seres humanos nos encanta la idea de repetir frases en apariencia profundas, sin pensar en lo ridículos que sonamos a veces. Si en la mente de mis compatriotas cubanos en redes los enfermos como Trump “tienen lo que se merecen” ¡qué poco se merecía Castro que falleció tranquilamente sin pagar sus crímenes. Karma is a bitch!

¿Es posible que los mismos cubano-americanos que renuncian a sus derechos y bajan la cabeza un fin de semana para entrar a Cuba (país del que escaparon), sean los que el lunes se escandalicen ante la supuesta falta de respeto a los cimientos de la democracia, que atribuyen a Trump por interrupciones en el debate presidencial?

¿Es normal leer y escuchar la indignación de algunos si se prohíbe enviar cierta cantidad de dinero a sus familias en Cuba, a través de mecanismos y compañías que manejan los que una vez nos expulsaron del lugar sobre el que tenemos derecho?

¿Existe una razón para entender por qué nos sentimos con derecho a criticar al presidente electo del país donde vivimos, y con la misma borramos a un amigo de Facebook porque está posteando contra el “Puesto a dedo” Díaz-Canel?

Escrito por Roberto San Martín

Roberto San Martín (La Habana, Cuba, 1976) es un exitoso actor cubano, ha conquistado el cine, la televisión y las redes sociales. Nació en el seno de una familia de artistas: su madre es la actriz Susana Pérez y su padre el escritor y director de cine y televisión Roberto A. San Martín. A través de las redes ha ganado un importante espacio como comunicador y activista político, con programa y voz propia, para luchar por la libertad y la democratización de la tierra que le vio nacer (Cuba).