Donald Trump y su esposa Melania (foto AP).- 

De repetirse tanto su nombre y mencionarse lo que hace a cada momento, parece que reside al doblar de la cuadra de cualquier cubano.

Pero, el por qué este presbiteriano del Partido Republicano de 73 años, bachiller en ciencias, exitoso inversor en bienes raíces, empresario floreciente, productor y presentador de TV y de cine, escritor, actor, billonario y actualmente el presidente número 45 de una de las naciones más ricas del mundo es tan, es tan mencionado en todos los medios de comunicación del régimen, solo tiene una explicación:

Trump es un hombre que no quiere ser amigo de Raúl Castro, tampoco de Díaz-Canel, el nuevo dictador escogido por su antecesor, porque desprecia las dictaduras comunistas totalitarias causantes de las desgracias económicas que mantienen a sus pueblos en la miseria; regímenes autoritarios carentes de libertad, que comenzaron con el terrorismo y la falta de respeto a la soberanía de los pueblos, a través de invasiones y manejos turbios y truculentos en busca de presidentes llamados “populares” para llegar al poder.

Por esa razón Donald Trump es criticado, vilipendiado, despreciado en el Granma, un periódico que, a pesar de su tan poco espacio, los periodistas oficialistas son pródigos en panfletos contra Trump y cuentan nimiedades sobre este hombre polifacético, que de mediocre no tiene un pelo rubio.

Sin embargo, si Trump aplaudiera al régimen castrista como hacen Maduro y Ortega —derrotado este régimen hace más de medio siglo por gobernantes ineficientes y enriquecidos, incapaces de lograr bienestar económico para el pueblo—, si le enviara millones de dólares como hizo la desmerengada URSS o el fallecido Hugo Chávez, para apuntalar a la dictadura castrista, entonces, ¿qué dirían de él?

Estoy segura de que Trump mira con pena y conmiseración a nuestro país, a los cubanos que están aguantando —hasta un día— a un gobierno que, hace mucho, mucho tiempo, debió colgar los guantes para no continuar cometiendo errores, unos tras otros, hasta terminar en un “período especial” que parece no tener fin.

Para finalizar, dejo que me salga de la garganta una pregunta que escucho con frecuencia cuando hablo con gente de pueblo: ¿Por qué en vez de hablar tanto de Trump, los periodistas oficialistas no se dedican a saber qué hace el nuevo presidente en sus ratos de ocio, por qué el hijo menor de Fidel Castro ha adquirido legalmente una de las casas más lujosas de Punto Cero, por qué Raúl se ha escondido en Birán, con su nueva y linda familia, dónde viven los hijos de altos dirigentes, según dicen, en los mejores barrios de la Florida?

Y, por último, según uno de estos periodistas, Elson Concepción Pérez, cuando habla de las finanzas y los negocios de Donald en Nueva York, por qué no busca en la Revista Forbes la mención a la gran fortuna de Fidel Castro, consistente en millones de dólares, reportaje que ocasionó una gran pataleta del Iluminado — como lo llamó el poeta Barnet—.