Eder Sarabia en el banquillo junto a Quique Setién – ABC.-

El carácter del segundo de Setién, muy crítico con la actuación de sus jugadores en el Bernabéu, provoca el rechazo en el vestuario

—Una de las frases más manidas cuando se cuestiona el trabajo de un entrenador de un equipo grande es que «es un gran gestor de vestuario». Tener el apoyo de los pesos pesados es fundamental para que un proyecto no se hunda antes de tiempo. Y sino que se lo pregunten a Camacho cuando aterrizó en el Real Madrid o a Luis Enrique le dio por sentar a Messi sin preguntarle antes. Por este motivo, los vídeos que circulan de Eder Sarabia, segundo de Setién, durante el clásico, han soliviantado al vestuario azulgrana, poco receptivo desde su llegada ante sus formas y vehemencia a la hora de dirigirse a unos futbolistas que lo han ganado todo.

Si su exceso de protagonismo en los entrenamientos no gusta en la caseta y sus excesos durante los partidos le han hecho merecedor de la cruz por parte de varios jugadores azulgranas. «Parece que mande más que el entrenador y no le conoce nadie porque no ha hecho nada a nivel profesional. ¿Cómo puede darle órdenes a Messi?», cuestiona a ABC una fuente autorizada de la plantilla recordando las numerosas indicaciones que trató de hacerle llegar al argentino durante el partido ante el Madrid y sus quejas por la defectuosa salida del balón.

Las cámaras de #Vamos le captaron en el banquillo del Bernabéu criticando a sus propios jugadores. Semedo, Piqué o Griezmann son los que salen peor parados. «No hace nada de lo que tiene que hacer, me cago en D…!», soltó refiriéndose al lateral portugués; «Gol, métela Antoine, me cago en mi p… madre. Suave, suave», se desgañitaba ante un disparo del delantero francés; o «una mierda, una mierda, una mierda es eso. ¡Los putos pases largos de mierda!», le recriminaba al defensa catalán. Unas nuevas imágenes de GOL le mostraron desesperado: «¡Eso es una p… mierda! ¡Benzema hace lo que le sale del r…!». Sus críticas también alcanzan a Busquets. Demasiados pesos pesados para salir indemne del embate.

Los vídeos no han sentado nada bien en el seno del equipo aunque una facción muy amplia del barcelonismo ve en Sarabia la solución para despertar y apretar a un equipo que sufre graves desconexiones en demasiados momentos. Antítesis del carácter calmado de Quique Setién, ambos se complementan y forman una dupla indisoluble desde que el cántabro lo reclutara en 2015 para entrenar a Las Palmas y posteriormente al Betis. Conforman un nuevo ejemplo de la interminable historia del poli bueno y el poli malo, como en su día representaron Cruyff y Bruins Slot, Robson y Mourinho, Van Gaal y Van der Lem, Rijkaard y Ten Cate, Guardiola y Tito Vilanova o Luis Enrique y Unzué.

El capítulo del clásico es la punta del iceberg y Setién ya ha recibido algún mensaje para que ate en corto a su ayudante. Su volcánico carácter ya le ha jugado varias malas pasadas (ha sido expulsado en seis ocasiones a pesar de su corta trayectoria en Primera) y varios rivales se han quejado de su comportamiento. Jose Luis Gayá denunció el año pasado, después de las semifinales de Copa del Rey entre Betis y Valencia, que Sarabia trató de «desestabilizarme durante el encuentro». «Se pasa todo el partido gritándome, diciéndome que deje de tirarme e intentando sacarme de mis casillas», aseguró el lateral, que acusó a Sarabia de reincidente. «No es la primera vez que lo hace. En Sevilla y el año pasado hizo lo mismo».

Hijo de Manu Sarabia

Retirado del fútbol a la temprana edad de 24 años a causa de las lesiones sin haber jugado en Primera, su gran patrimonio es ser hijo de Manu Sarabia, uno de los artífices del mejor Athletic de la historia durante una década en la que el club vasco gano dos Ligas y una Copa. Precisamente, los tres años posteriores (1988-1991) que pasó el exdelantero en el Logroñés fueron decisivos para el futuro del pequeño Eder, que entonces tenía ocho años. Allí coincidieron Manu Sarabia y Setién, forjando una sólida amistad que ampliaron a sus familias.

«La figura de mi padre me ha beneficiado en esta carrera, me ha abierto puertas», ha reconocido Eder en más de una ocasión, desvelando que también pasaba horas hablando de fútbol con Setién cuando era un chaval. De hecho, Eder fue monitor de su campus en Santander y, cuando entrenaba al juvenil del Villarreal, el cántabro fue a ver un partido y ahí se convenció de que lo quería a su lado. «No hay nadie mejor para estar con él. Quique es leal, honesto y un técnico que no se desvía ni un milímetro, y eso el jugador lo valora porque no ve dudas. Vemos el fútbol de manera parecida, aunque tenemos nuestros matices y a veces discutimos porque no estamos de acuerdo», explica. El equipo regresa hoy a los entrenamientos y valorará estos últimos sucesos.