El francés revolucionó el once con Mendy, Lucas y Jovic, pero quien acertó fue el «último fichaje», el galés

 

 

—Zidane cambió por fin el orden establecido en el Real Madrid y al final el cambio lo remató un «viejo del lugar», Gareth Bale, que anotó dos goles y para monopolizar la noche se expulsó con dos acciones que le costaron dos amonestaciones en los últimos segundos del encuentro.

Kovic, Mendy y Lucas fueron «las bombas» del entrenador en la noche del cambio. Decía el marsellés que esta tercera jornada era el partido de la temporada para el Real Madrid. Introdujo un hombre nuevo por línea y un nuevo 4-4-2, con dos nueves, Jovic y Benzema. Se vieron cosas diferentes, mayor agresividad, pero el fútbol no mejoró. Zidane adujo que faltó acierto en el remate. Y destacó los errores defensivos. El conjunto banco fue siempre a remolque en el resultado, primero con un error de Ramos y luego con un fallo de marcaje general en la jugada del 2-1 local.

El madridismo esperaba el cambio prometido por Zidane y el francés hizo la renovación en Villarreal, después de la decepción sufrida frente al Valladolid. Pero el cambio, al final, lo provocó Bale, el «último fichaje», que con dos goles salvó los muebles de la nave madridista antes de ser expulsado por dos tarjetas. Hace tres semanas estaba en la lista de transferibles. Hoy es el goleador de Zizou. No se entendió su pérdida final de papeles.

El conjunto blanco acusaba una evidente carencia de remate y el entrenador apostó por una alineación con dos puntas, Jovic y Benzema, y dos extremos, Lucas y Bale. El estreno de Mendy como lateral izquierdo rubricaba una revolución que dejo en el banquillo a Modric, Marcelo y de nuevo a Vinicius.

Un error garrafal de Ramos puso a los blancos a remolque del marcador muy pronto y al final lo pagaron muy caro. Tardaron los visitantes en recuperarse del regalo de su capitán y tener el balón en su poder, pero rápidamente se constató que la presencia de un ariete como Jovic convertía cada ataque, aunque fuera desordenado, en un peligro. El serbio disparó dos veces con intención y su envergadura en el área generó muchos problemas a Raúl Albiol y salidas a por uvas de Andrés Fernández. Aunque no jugara bien, el Madrid tenía por fin un «nueve» , para beneficio de Benzema, que creaba por fuera y lanzó un disparo al poste. Descosido, sin un fútbol bonito, el conjunto de Zidane olía el gol en cada contragolpe. Uno de ellos, con taconazo del serbio y pase de la muerte de Carvajal, lo firmó Bale en el tanto de la igualada.

El galés tiene la lotería del acierto en el estadio de La Cerámica. Aquí debutó con gol en el Real Madrid hace seis años, el 23 de agosto de 2013, y aquí volvió a marcar anoche. Primero, el 1-1, y al final, el 2-2. Fue el salvador del cuadro madrileño. Y no supo acabar bien su actuación.

Lucas, la fe ciega de Zidane

El estreno de Mendy mereció un aprobado. El francés taponó bien su flanco, lo que era una heroicidad ante la falta de ayuda del británico, sin arriesgar en ataque. No regateó por su banda. No quería perder balones en su primer encuentro oficial. Desperdició uno y no lo intentó más.

Sin nada que perder, Lucas Vázquez, un jugador sin foco televisivo, ejerció de extremo y de cuarto centrocampista en un esfuerzo sobrehumano. Zizou apostó por el coruñés y dejó en el banquillo inicialmente a Vinicius. La confianza en Lucas del responsable del plantel es infinita. El hijo predilecto de Curtis tenía varias ofertas y se ha quedado porque el técnico le quiere. Ha recibido minutos en las tres jornadas, marcó gol en Vigo y anoche fue titular por primera vez en esta Liga. Jugar con dos extremos y un «panzer» arriba aportó mayor agresividad al Real Madrid. Casemiro creó más fútbol que nunca, apoyado en la entrega defensiva de Lucas. Era, el blanco, un equipo más fuerte físicamente, pero solo eso. El entrenador acabó con la debilidad que comprobó en el segundo tiempo del encuentro ante los pucelanos. Sus hombres no hicieron buen fútbol, solo a ráfagas, pero al menos demostraron una mayor solidez. Y nada más. Zidane recuperó el 4-3-3 al quitar a Jovic a los 68 minutos e introducir a Modric.

El duelo se tradujo en un correcalles. Los visitantes mandaban y los locales esperaban atrás descaradamente y buscaban la sorpresa al contragolpe. El Madrid caminaba en el alambre. Y cayó cuando se rompió el alambre ante la segunda diana amarilla. Vinicius había entrado en juego, en el puesto de Lucas, unos segundos antes. Los pupilos de Zidane asediaron la portería enemiga. Bale anotó el gol de la segunda igualada para apagar fuegos. Luego los encendió con su cartulina roja.