Tarjetas magnéticas en Moneda Libremente Convertible. (Foto Miguel Rubiera Jústiz. ACN).-

 

‘Estamos en ciernes ante un nuevo apartheid económico del régimen castrista a ciudadanos cubanos si no reciben remesas del exterior’

 

ELÍAS AMOR.Valencia 

—En octubre del año pasado, el Gobierno cubano autorizó tiendas que vendían sus productos en dólares, tras 15 años de prohibición de comercio en la moneda del imperio culpable del embargo o del bloqueo. En aquel momento, se interpretó la medida como una reacción del régimen a la crisis energética provocada por la reducción de suministros de Venezuela y el refuerzo de la presión por las medidas de la Administración Trump.

A partir de entonces, los equipos electrodomésticos, televisores de pantalla plana, refrigeradores y aires acondicionados, ciclomotores eléctricos, partes y piezas de autos, junto a otras mercancías, se empezaron a vender en dólares en una red de establecimientos creados ex profeso, a lo largo de la Isla.

La medida, justificada por el Gobierno como un instrumento para concentrar las divisas que entraban en la economía, realmente acabó siendo un duro golpe a la actividad privada en la economía informal de las mulas que se venían dedicando a estas operaciones en los últimos años.

En medio de la grave crisis sanitaria y económica provocada por el Covid-19 y sin aviso previo, el Gobierno ha dispuesto, por medio de una resolución administrativa del Banco Central de Cuba, la 73/2020, que el dólar será aceptado en todas las operaciones relativas a las ventas minoristas en divisas, y también en aquellas relacionadas con la importación de mercancías al país. Los pagos no se realizarán en efectivo, sino por medio de tarjetas magnéticas con respaldo en cuentas previamente abiertas en bancos estatales.

Otra novedad de la Resolución 73/2020 es la eliminación de la residencia permanente de la persona natural, como condición para realizar ese tipo de operaciones en dólares, como para realizar la importación de productos a través de entidades autorizadas por el Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera. Es evidente que el confinamiento de numerosos extranjeros en la Isla por el Covid-19 abre unas oportunidades excepcionales para atrapar sus recursos.

A partir de la entrada en vigor de la norma, todos los comercios que operan en divisas (en concreto la red de establecimientos previamente autorizados) tendrán la posibilidad de aceptar pagos realizados por las personas naturales con tarjetas magnéticas en dólares, sin necesidad de referir el valor de la operación a las monedas nacionales (el CUP o el CUC). Los establecimientos podrán fijar precios en dólares y realizar las transacciones en dicha moneda.

Las personas naturales que deseen realizar estas operaciones deberán tener previamente abiertas cuentas en dólares en una serie de bancos estatales, y podrán disponer del dinero en cajeros automáticos, los terminales de punto de venta (TPV o POS), así como otros canales de pago. Las tarjetas magnéticas asociadas a cuentas bancarias en divisas extranjeras (dólares, euros, dólares canadienses, libras esterlinas, pesos mexicanos, coronas danesas, coronas noruegas, coronas suecas y yenes japoneses y otras) podrán ser utilizadas en la red de las tiendas autorizadas que ya empezaron la comercialización en octubre del pasado año.

Nada se establece sobre la eventual extensión a otros establecimientos.

Transcurrido un periodo de tiempo desde la aplicación de la Resolución 275/2019, que autorizaba la creación de las cuentas bancarias en moneda convertible para realizar compras en las tiendas en moneda libremente convertible por medio de tarjetas magnéticas en el Banco de Crédito y Comercio, el Banco Popular de Ahorro y el Banco Metropolitano, el Gobierno ha considerado que el experimento debe aplicarse de forma generalizada, de modo que la nueva Resolución 73/2020 aprovecha lo que ya se había puesto en marcha y extiende el número de operaciones a realizar con las tarjetas magnéticas, a todo tipo de las que se realizan normalmente para los usuarios de las mismas que previamente estaban respaldadas en CUP y CUC, las monedas nacionales.

En la actualidad, las cuentas en moneda libremente convertible se nutren de transferencias bancarias procedentes del exterior en distintas monedas. También pueden recibir transferencias internas desde otras cuentas similares, radicadas en las entidades bancarias de la Isla, o de FINCIMEX S.A, en este caso por concepto de remesas.

Otra opción que tiene menos preferencia entre los ciudadanos para incrementar el saldo de las cuentas es el depósito directo que, como ocurre solo en el caso de los dólares estadounidenses debe sufrir un impuesto del 10% del importe depositado, lo que no ocurre con otras divisas, como euros, libras esterlinas, dólares canadienses, francos suizos, pesos mexicanos, coronas danesas, coronas noruegas, coronas suecas y yenes japoneses.

Tiene razón el Gobierno al señalar que, con este tipo de medidas, no se dolariza la economía nacional. Sin embargo, se observan efectos mucho más negativos, sobre todo para un Gobierno que declara la justicia social y la igualdad como las referencias de su legitimidad.

En primer lugar, la amplia mayoría de los cubanos van a quedar al margen de estas operaciones como ocurrió cuando no se les autorizaba entrar en los hoteles o restaurantes del turismo internacional. Estamos en ciernes ante un nuevo apartheid económico del régimen castrista a ciudadanos cubanos si no reciben remesas del exterior, o no tienen acceso al sector externo de la economía, donde circulan las monedas convertibles.

A consecuencia de ello, la amplia mayoría de la población no va a poder acceder a las tiendas en moneda libremente convertible, abriendo una considerable brecha social.

En segundo lugar, el creciente protagonismo del dólar de EEUU llega en un momento especialmente complejo en el que se pretendía conseguir una cierta estabilidad entre el CUC y el CUP para proceder a la tan necesaria unificación monetaria.

El CUC puede acabar siendo perjudicado y los tenedores de stocks en esta moneda experimentar pérdidas muy notables si no proceden a su rápida cancelación. Perderán valor al cambiar a dólares, pero igualmente perderán cuando tengan que formalizar el depósito de un 10%. La salida de capitales al exterior por métodos informales está servida. Para un cubano con stock de dólares puede resultar mucho más interesante transferir dinero desde una cuenta en un banco en Madrid, que depositar el dinero en una cuenta en un banco estatal.

Un excesivo auge del dólar puede igualmente acabar siendo una pesada losa para el CUP, como ocurrió en los años del “Periodo Especial”. El dólar acaba siendo la moneda de los “ricos” y el CUP la moneda de la canasta normada y la libreta de racionamiento.

En tercer lugar, por mucho que el Gobierno pretenda concentrar divisas por medio de estas medidas se puede acabar encontrando con un efecto justamente contrario, si los receptores de remesas perciben que pueden comprar más barato en la economía informal sin tener que soportar el gravamen del 10%. Este tipo de medidas del Gobierno, lejos de alcanzar sus objetivos “políticos” como la bancarización de la economía, acaban provocando un mayor auge de las prácticas informales, lo que llevará a más represión y control.

En cuarto lugar, y tal vez el más importante, el Gobierno no se da cuenta que una economía no puede funcionar a golpe de resoluciones y majaderías administrativas intervencionistas, sino del libre comportamiento de los agentes económicos como oferta y demanda. ¿Se creen de verdad que estas medidas van a estimular a la producción nacional? Falso, una rápida revisión de lo que se vende en estas tiendas autorizadas muestra que se trata de productos extranjeros, y lo que es peor, a precios internacionales, que para muchos cubanos son prohibitivos.

En vez de promover un mercado nacional amplio para todos los cubanos, adecuado los precios a la realidad interna, apuestan por lo exclusivo una vez más. En el paraíso del proletariado. Y encima con la moneda del enemigo, el dólar. Visto lo visto, ¿qué más nos queda ya?