¿Cómo sería un hipotético coup d´état contra el impopular Miguel Díaz-Canel Bermúdez?

 

—El índice de aceptación de la gestión del presidente Miguel Díaz-Canel sigue en declive. Se nota en la calle, y probablemente en las encuestas secretas del aparato comunista, llamadas opinión del pueblo. El capital político con el que asumió la magistratura, se esfuma. Sus constantes comparecencias en los medios de comunicación hablando disparates, demuestran, que no está al mando, ni tiene capacidad para sacar al país del atolladero. Y eso, los militares lo ven con suspicacia.

Al asumir la actual presidencia, todos, a favor o en contra, pública o íntimamente, desearon que Díaz-Canel tuviera la capacidad de introducir los mecanismos que encarrilara al país hacia el futuro. Era la forma expedita de evitar otros problemas. Es más, muchos vieron en sus primeras comparecencias, y presencia personal en los lugares difíciles como el de la caída del avión o el tornado de La Habana, a alguien al mando luego de veinte años.

No todo es su responsabilidad. La mano echada por el presidente estadounidense Barack Obama a su antecesor fue despreciada con altanería y falta de inteligencia. Esos polvos trajeron estos lodos, y a un presidente Donald Trump con otros intereses y aliados.

A lo anterior, se le suma la epidemia de coronavirus y la forma de enfrentarla. Los índices de infestación serán comparativamente bajos, y hasta los médicos en Italia sería un triunfo, pero la popularidad de Díaz-Canel, va en caída, luego de la instauración de las tiendas para comprar productos en dólares mediante tarjetas magnéticas, y la campaña contra las ilegalidades, solo satisface el morbo social. En consenso, el problema es abastecimiento, no “coleros”, especuladores o revendedores.

Un amanuense del dictador escribió en Juventud Rebelde: “El principal detonante de inquietud social y política del país está ahora mismo en esas largas y extenuantes filas (colas) en cuyo equilibrio, quietud y orden, se está decidiendo (…) la estabilidad institucional, la gobernabilidad y el consenso popular…”.

Luego de estos fuegos de artificios, al elevar las prosaicas colas a nivel institucional, gobernabilidad y consenso, se esconde otro problema. La élite comunista ve peligro. Y por eso el presidente citó la dramática frase, “la calle es de los revolucionarios”. Esta, en las actuales circunstancias, es un grito de auxilio.

El asunto será si los diferentes grupos de poder apoyarán a Díaz-Canel. O si la defenestración se hará con el beneplácito de Raúl Castro o sin él. En cualquiera de los casos, u otros, será Julio César Gandarilla Bermejo (ministro del Interior), el fiel de la balanza.

Otro tema, con matices, será si el argumento para extraer a Díaz-Canel será para acelerar las reformas o dar otro vuelco conservador. Cualquiera de las dos llevará como parachoques rescatar el pensamiento del caudillo, aunque será solo tapadera de “ambicioncillas femeniles”, como dijo José Martí en su momento.

Entre las probables zonas de conflicto entre los golpistas está la economía, el ordenamiento social, y el trato con la oposición.

La población cubana de 2020 tiene un mayor nivel de información sobre su realidad y la corrupción dentro de la dictadura, que hace dos o tres años atrás. Esto es gracias al periodismo independiente, la internet, y a un grupo de trabajo desde el exilio, cuya cara visible es un “influencer”, suerte de Robespierre tropical y postmoderno.

La oposición es numerosa, pero no tiene un liderazgo palpable y unificador. Esta visibilidad, entonces, la toman los periodistas víctimas de la represión, y mientras una parte del gobierno y los militares ve una oportunidad en derogar los documentos 249 y 370, para quitarle presión a la olla social, el otro grupo considera que en plaza sitiada, la disidencia es traición.

¿Cómo será el coup d´état, contra el impopular Díaz-Canel? Dramáticamente sencillo. Una mañana sabremos, que el día anterior se reunión el buró político comunista presidido por el jefe del partido, sea verdad o no, y decidió destituir al presidente de la república por no atender a sus deberes. En tal caso, asumirá la presidencia en vez del invisible Valdés Mesa, el primer ministro, Marrero Cruz, rostro tangible del estamento militar-empresarial. De inmediato, el mensaje, instará a los revolucionarios a continuar el legado del comandante en jefe…

La característica esencial de este “golpe de palacio”, será la continuidad general del régimen, aún y cuando pueda producir un sustancial cambio de rumbo. Mantendrá una apariencia de continuidad o normalidad del cambio producido, muchas veces encubriéndolas con renuncias o designaciones que aparecen como legales, pero en realidad fueron forzadas. Así fue con la caída de Jrushov (64) en la URSS, Duceck (68) en Checoslovaquia y el General Abrantes en la causa 1 y 2, del 89.

Coda

Es poco probable que alguien salga a defender a Díaz-Canel, luego de defenestrado del olimpo comunista insular.