Miguel Díaz-Canel. DDC.-

 

 

Por primera vez, los ciudadanos tienen un escenario para la riposta, el comentario crítico, la enmienda y la denuncia.

DDC, Madrid

—“Con respecto a los rumores que circulan en las redes sociales sobre el supuesto comienzo de la unificación monetaria a partir del primero de octubre de 2020, el Banco Central de Cuba aclara que esta información no es verídica”. Así comenzaba la nota oficial de la institución bancaria que la semana pasada salió a desmentir el enésimo rumor acerca de una medida del Gobierno que mucho temen los cubanos.

Esta clase de desmentidos y aclaraciones son cada vez más comunes, dada la habitual opacidad y lentitud en divulgar asuntos de alta sensibilidad pública a través de los “canales oficiales” en la Isla. La llegada de internet a los hogares y teléfonos móviles de los cubanos ha supuesto un reto irresuelto para ese mecanismo, pues los ciudadanos difunden sucesos y abren discusiones a una velocidad impensada.

El nuevo panorama encontró su manifestación más cruda a partir de 2018, cuando Miguel Díaz-Canel comenzó a insistir en que los cargos de su Gobierno estuvieran en las redes sociales. Ello, dijo, para tener en Cuba una “administración pública más eficiente”.

Pero el “Gobierno electrónico” del gobernante ha supuesto una inversión de la ecuación verticalista de herencia soviética en la administración de la información pública. Tras el arribo de ese “Gobierno”, llegó también una suerte de “asamblea de rendición de cuentas” que mantiene un escrutinio cada día más insoportable para los funcionarios.

Las redes sociales son hoy un panorama donde, por vez primera en la historia cubana, los ciudadanos tienen un instrumento para la riposta, el comentario crítico, la enmienda y la denuncia.

El nivel de exposición de las autoridades cubanas ha generado sucesos como el desmentido que mereciera en agosto el propio Díaz-Canel, tras desinformar en su perfil en la red social Twitter cuando escribió: “EEUU suspende todos los vuelos chárteres: medida para aislar más a las familias cubanas”, a raíz de una nueva sanción de Washington contra La Habana.

El error no pasó desapercibido para los cubanos en las redes. “Basta de mentiras y desinformación. EEUU suspendió solo los chárters privados que no afectan en nada absolutamente a las familias. Son usados por políticos, funcionarios, empresarios y artistas que no quieren mezclarse en un vuelo normal. Solo afecta a gente como ustedes”, le recordó Pedro Pérez en el foro de la publicación.

Mientras que Taoro apostilló: “Criticas las medidas de EEUU contra tu régimen, pero retienes en el puerto del Mariel la ayuda humanitaria enviada por cubanos de Miami e impides que esta ayuda llegue a los cubanos que la necesitan. Eres un hipócrita y un cínico”.

“Ante la retórica hostil de EEUU tú sigues vendiendo alimentos y productos de primera necesidad al pueblo en dólares y cobrando un 300% de margen de ganancia”, agregó.

Mariela Castro, ‘víctima’ de las redes sociales

Aunque la mayoría de los funcionarios y sus administradores de redes suelen ignorar esos y otros comentarios y privilegian publicar antes que intervenir en conversaciones, en algunos casos las críticas sí hacen mella visible en sus destinatarios.

Mariela Castro, presidenta del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), acaso una de las funcionarias cubanas más cuestionadas, llegó a llamar “hienas amaestradas”, “gusanos” y “traidores” a la multitud de personas que la criticaron por politizar en polémicos tuits la celebración del día de la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba.

A raíz de las críticas que recibiera, el funcionario oficial Iroel Sánchez llegó a calificar los ataques contra la hija de Raúl Castro como “el bullyng de odio pagado desde Miami”, mientras que seguidores de Mariela y voceros oficialistas llegaron al punto de lanzar la etiqueta #YoApoyoAMariela, para mostrar apoyo a la también diputada cubana.

Esta breve escaramuza puso en evidencia cuán expuestos están los funcionarios de La Habana ante la asamblea virtual. Habituados a la impunidad, a la criminalización de las voces críticas, el escrutinio los encuentra ahora frágiles y sin argumentos.

Pero el escrutinio va más allá de la crítica puntual y llega incluso a la creación de iniciativas colectivas orientadas a la denuncia. A fines de agosto, una de ellas aprovechó las quejas lanzadas desde La Habana por la cancelación temporal por Google de las cuentas en YouTube de varios medios oficiales, para el lanzamiento de la etiqueta #CubaMeBloquea, que fuera impulsada en Twitter para denunciar la censura sufrida por usuarios de las redes a manos de funcionarios oficiales, acompañándola con capturas de pantalla del reporte de bloqueo.

Esa clase de iniciativa se remonta a 2019, cuando el Proyecto Inventario, con la etiqueta #InventariarBloqueo comenzó a reunir denuncias sobre funcionarios que censuran a los ciudadanos. En esa primera etapa, recogió decenas de casos de esta naturaleza en su perfil en la red social Twitter.

Una última tendencia que cobra fuerza es el uso de las denominadas cuentas parodia, que echan mano al humor para colocar en terreno movedizo la solemnidad de los funcionarios cubanos.

DIARIO DE CUBA rastreó Twitter y encontró al menos 14 cuentas parodia de esa naturaleza, cuyo blanco principal son ministros de la Isla: Manuel Marrero, Alejandro Gil Fernández, Fernando Rojas y Abel Prieto, entre otros, tienen avatares corrosivos.

Pero también el G2 tiene su perfil parodia: “El objetivo de esta cuenta es demostrarle al mundo lo repulsivo de este aparato represivo político castrista, además que lo pueden insultar, y yo actuaré como lo harían ellos”, dice el tuit fijado en la cuenta @esbirrosdecastr, una de las tantas que no deja sin responder al Gobierno.