Antes de las nueve de la mañana ya en la fila una empleada había repartido los primeros 60 números, una hora después repartiría 60 más y eso sería todo. (14ymedio).-

 

Uno de los primeros 30 puestos para hacerse con el pollo puede costar 2 CUC y la mitad de precio por turnos hasta el 60.

La Habana / 14YMedio

—Delante de la tienda El Danubio, en El Vedado, la cola se alarga por la avenida 26, dobla por la calle 25 y se extiende por casi dos cuadras. La rutina en los tiempos de coronavirus sigue marcada por las colas, para el aceite, para el jabón, el detergente y, hoy, para el pollo. Dos paquetes de muslos por persona.

Policías y agentes de civil controlaban que todos llevaran correctamente las mascarillas y mantuvieran a distancia de un metro como mínimo. En medio de todo ese despliegue se mueve con mucha discreción Maura, de unos 60 años, ofreciendo sus servicios.

“Tengo el 5, el 15, el 27, el 41 y el 59”, susurra la mujer, y explica que los que están entre el uno y el treinta son a 2 CUC y los que están entre el treinta y el sesenta son a 1 CUC. No son números de la bolita, son tickets para tener un buen puesto en la cola para entrar a la tienda. Pasadas las nueve y media ya había vendido todos los turnos que había agarrado gracias a su gestión de marcar desde las seis de la mañana. “Vengo con una amiga para poder sacar más turnos y venderlos, yo marco 10 o 12 veces y ella igual”, agrega antes de seguir su camino.

Antes de las nueve de la mañana ya en la fila una empleada había repartido los primeros 60 números, una hora después repartiría 60 más y eso sería todo. “Ve y dile al oficial que el pollo que me queda es el que está en la nevera, que no reparta más ningún ticket, si la gente quiere quedarse haciendo cola que lo haga pero ya esto no pare más”.

En la cola cuentan que desde el sábado estaban llegando personas a la tienda intentando comprar pollo pero se habían tenido que ir con las manos vacías habiendo pollo en las neveras.

“Es de madre. Yo vine el sábado y en nuestra cara los empleados nos dijeron que por órdenes de arriba se había prohibido la venta de pollo los fines de semana y que debíamos esperar hasta el lunes”, comenta uno de los desafortunados que no consiguió número. “Por eso es que hoy ha venido tanta gente y hay este despliegue de policías. Todo lo que nos dijeron fue una mentira o una desinformación muy grande porque el domingo aquí vendieron pollo”.

En la cola, además de los que hacen negocios están los que marcan varias veces pero “por solidaridad”. (14ymedio)
En la cola, además de los que hacen negocios están los que marcan varias veces pero “por solidaridad”. (14ymedio).

 

A cada rato pasa una patrulla con sus altavoces para repetir las instrucciones oficiales y regañar a los infractores. “El señor del pulóver verde por favor, póngase correctamente el nasobuco”, advirtió en varias ocasiones a un hombre que intentaba fumarse un cigarro en medio de la espera para comprar.

En la cola, además de los que hacen negocios están los que marcan varias veces pero “por solidaridad”, o al menos eso se cuenta en un grupo de mujeres que no han parado de conversar en las tres horas que duró la espera.

“En mi cuadra las madres siempre nos estamos ayudando desde que esto comenzó, nos avisamos de dónde abastecieron algo que necesitamos y nos rotamos para marcar en las colas. Hoy me tocó a mí descansar, vino mi vecina que marcó para ella y tres más, yo llegué fresca a las nueve y media pero ella estaba desde las siete y logramos coger números en la segunda vuelta”, responde una de ellas ante la pregunta de cómo hace para abastecerse en medio de esta situación de aislamiento y escasez.

En la cola varias ancianas esperan su turno, algunas con prioridad para comprar. Una señora con bastón se acerca a la entrada y todos le abren paso y la ayudan a bajar las escaleras. “¿Usted vive sola?”, le pregunta la oficial que custodia la entrada del mercado. Responde que sí, levanta la libreta de abastecimiento que trae en la mano y recita su dirección. “Pase señora, pase”, le dice la oficial.

Una vez dentro, la anciana saca de su cartera todo su dinero, dos billetes de 20 pesos, para pagar un paquete de pollo que cuesta unos 60 pesos. Desorientada, pide un paquete más pequeño pero sus 40 CUP no alcanzan para ninguno. Un empleado busca en la nevera y, después de remover todas las bolsas, encuentra una abierta y aparta cuatro muslos. Suman 34 pesos. Feliz, la señora da las gracias al joven y sale de la tienda apoyada en su bastón.