Granja avícola automatizada de Camagüey | Foto © ACN.- 

Elías Amor

Elías Amor / CiberCuba.-

—De pronto, y sin avisar, inundaron al diario Granma de noticias de contenido económico y todas ellas buenas. Pocas veces había visto tantas y tan diversas, en tan pocos días y tan escaso espacio.

Primera, la referencia a la única granja avícola automatizada de Camagüey que -con un acumulado superior a los 2.825.000 huevos entre enero y febrero, ha rebasado su plan de entrega del alimento en más de 352 mil unidades.

Segunda, el proceso de ensamblaje de la cosechadora cañera CCA 5000 M, la más moderna de las máquinas de ese tipo diseñadas en Cuba que se está realizando en Holguín.

Tercera, con relación a la producción cafetalera, destacan las potencialidades del llano, al señalar que Santiago de Cuba quiere acabar con el mito de que el café solo se da en la montaña.

Cuarta, informan del transporte de pasajeros en la capital usando fuentes renovables de energía con triciclos eléctricos, con apoyo del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la cooperativa Taxis-Cuba.

Quinta, la recuperación de actividades económicas, como el Cebadero de Toros de la Unidad Ganadera del municipio Mantua que durante el período especial paralizó sus operaciones, y ahora con la ayuda también de una brigada integrada por sus obreros, recobra vida.

¿Quién da más? Realmente, ¿qué ha pasado en Cuba en estos días, que no nos hemos enterado? ¿Qué sentido tiene que el diario oficial comunista otorgue un espacio, pequeño en la mayoría de casos, a estas informaciones económicas altamente positivas?

Piense usted lo peor y acertará. Cuando el rio suena, agua lleva. Mientras tanto, sigue sin efectuarse el pago de intereses de la deuda externa con el consiguiente aumento, el turismo se hunde de forma espectacular en plena temporada alta, sigue sin haber jabón en las tiendas hasta entrado mayo y la sensación de fin de ciclo se extiende como una mancha de pólvora en amplios sectores de la sociedad cubana, mientras que el régimen no hace otra cosa que aumentar la represión.

Por eso, las cinco noticias de Granma merecen una reflexión.

Los cubanos saben lo que es no poder conseguir huevos en la tienda. Un producto de gran demanda y que combina con muchos alimentos. La producción de huevos, como de leche, ha sido uno de los grandes fracasos de la economía de la llamada “revolución”. Por eso, no es extraño que en un entorno especialmente complicado como el actual, que puede ir a peor casi con toda seguridad porque las autoridades no están haciendo nada para cambiar la situación, hablen de “sobrecumplimientos” en la producción de huevos en una granja de Camagüey.

Ojalá hubieran en Cuba muchas granjas como esa que fueran capaces de producir muchos más huevos, tantos que sirvieran para dar de comer a toda la población y los excedentes canalizarlos hacia la industria e incluso la exportación. Pero no conviene hacerse ilusiones.

En Cuba hay dificultad estructural para producir huevos, y los comunistas lo achacan, como siempre, al embargo y las restricciones a la importación de piensos. Como si este producto, el pienso, no se pudiera comprar en más de 100 países del mundo. Claro que no. Es mejor culpar a EEUU y el bloqueo de que en Cuba no haya pienso, o que nadie, históricamente, se haya preocupado por producir pienso dentro de Cuba y alimentar así a la cabaña nacional.

Da igual que las gallinas sean de edad avanzada y que produzcan menos o que las instalaciones no sean tal vez las más adecuadas para la producción, el caso es que existe un déficit de más de medio millón de huevos a finales de febrero, y será muy difícil alcanzar los objetivos del plan para este año.

Recordemos que, según datos de ONEI, entre 2013 y 2018 la producción de huevos en empresas avícolas en Cuba descendió un 2,6%. Es igual, la culpa es del embargo norteamericano.

La innovación tecnológica en la agricultura es esencial para la mejora de la productividad. Por eso, la noticia del montaje de la cosechadora cañera CCA 5000 M, en Holguín debe valorarse positivamente. Una máquina resultado de una colaboración con una empresa china, vaya ¿dónde está el embargo? que hará pruebas de validación en áreas de corte de caña de azúcar del central Cristino Naranjo, en el municipio de Cacocum. La máquina incorpora mejoras facilitadas por los productores, como el canal de alimentación de la cosechadora o la superior capacidad de aire en la cámara de limpieza para expulsar la paja de la caña.

Hasta cuenta con un dispositivo que registra el consumo real de combustible por jornada para realizar el control del gasto de energía. El equipo pretende cortar unas 50 toneladas de caña por hora según la solicitud del Grupo Azcuba. La cuestión es si llegará a entrar en explotación. La cosecha de caña de la potencia azucarera mundial en los años 50 del siglo pasado se mueve a niveles medios inferiores a los tiempos de la colonia, tras el cierre de ingenios decretado por Fidel Castro a comienzos de siglo, que supuso abandonar grandes extensiones de tierra de cultivo a la caña.

No lo digo yo, lo dice ONEI, en la campaña 1990/91 la superficie cosechada de caña de azúcar ascendió a 1.452.200 hectáreas. En la campaña 2015/16 (último dato disponible) solo fue de 421.600 hectáreas, un millón menos. Este desastre se puede atribuir personalmente a Fidel Castro. La recuperación del sector exige mucho más que maquinaria. Se verá.

La noticia de que el café santiaguero se desplaza al llano me recuerda mucho a aquellas campañas de Fidel Castro en los años 60 cuando a los niños habaneros nos llevaron, sin consentimiento paterno, a los campos de la zona de Alquízar a plantar maticas de café. Recuerdo que los guajiros que pasaban por allí a llevarnos agua para refrescar, nos decían que esas maticas no prosperarían y así mismo ocurrió.

Por eso que lo intenten ahora a lo largo de la circunvalación corona a la Ciudad Héroe, no deja de aumentar mi curiosidad. Al parecer en estos polígonos se acordó por las autoridades producir hortalizas, viandas, granos y carnes, destinados a la elaboración de alimentos, y además se decidió que no podía faltar el café. Una actividad que tiene en cuatro provincias del país: Guantánamo, Santiago de Cuba, Granma y Holguín su concentración, con el 90% del café nacional.

Las zonas altas, que por su temperatura y humedad cosechan el grano de máxima calidad, han experimentado un éxodo poblacional que limita la producción de café por la falta de trabajadores. Ninguna de las decisiones adoptadas han cambiado el escenario, como el aumento del precio del café y la introducción de tecnologías que elevan los rendimientos y benefician al productor. No iban al núcleo del problema, eso es evidente. De ahí que surgió la idea de llevarlo al llano, sin más.

Las autoridades quieren que Cuba se concentre en la exportación de grano de alta calidad. Se pretende que no importe, y menos para la canasta básica normada y otras formas de consumo interno, pero el problema es que no se consigue este objetivo. Pero no es eso lo que se obtiene en los datos oficiales.

Según ONEI, las importaciones de café en Cuba aumentaron de 61 millones de pesos a 95 millones desde 2015 a 2018. En toneladas prácticamente se multiplicaron por dos. Y en el mismo período, las exportaciones no pasaron de 8 millones de pesos. No hay café en Cuba, esa es la realidad y hay que traerlo del exterior.

Por eso, llevar la producción al llano parece arriesgado, porque faltan suelos aptos para el cultivo, fuentes cercanas de suministro de agua para enfrentar sequías, los fuertes vientos pueden ser dañinos y las exigencias de suelos pesados que tienden a agrietarse, son entre otros, factores que condicionan el proceso.

Granma dice que “la voluntad del Partido y el Gobierno en la provincia está detrás de las acciones emprendidas en los polígonos para sumar 20 hectáreas de café en los alrededores de la ciudad”. Me temo que volverá a ser un fracaso y todo el esfuerzo a la basura como en aquellos lejanos años 60. Habrá que seguir importando café. Increíble.

Otra noticia de Granma es el lanzamiento de triciclos eléctricos movidos por energía limpia para el transporte en la capital. Desde luego, es mejor que la tracción humana los “rickshaw” de ciudades asiáticas, pero no tardaremos mucho en ver algo así en La Habana. Incluso, las autoridades dicen que pretenden con estos triciclos lograr “la integración de la mujer optando por la plaza de conductora”. Los servicios, como no, se deberán pagar en CUP (el CUC ya no lo quiere nadie) y los triciclos deberán ser operados por cuentapropistas acogidos a la Licencia de Operación de Transporte.

Las autoridades reconocen que “el funcionamiento de estos vehículos no constituirá por sí mismo un aporte significativo a la transportación de pasajeros, pero se evaluará la experiencia, de modo que pueda ser perfeccionada y replicada luego con una mayor cantidad de equipos”. Espero que no lleguen a tanto. Posiblemente puedan ser una opción para los trabajadores por cuenta propìa, pero entiendo que para llegar al precio del triciclo, 5.200 dólares (124.800 pesos cubanos), habrá que dar mucho servicio sin parar. Y la cosa no está para cuentos.

Y finalmente, Granma hace referencia a la reanimación del Cebadero de Toros de la Unidad Ganadera del municipio pinareño Mantua, centro que durante el período especial hace más de 20 años paralizó sus operaciones, y ahora con la ayuda también de una brigada integrada por sus obreros, recobra vida; así como de granjas de explotación de tabaco en Pinar del Río, mediante la transformación de las antiguas escuelas en el campo, en almacenes y escogidas de la hoja.

Quien da órdenes a los redactores de Granma debería saber algo más de cómo funciona la economía. Es una lástima que se mezclen churras con merinas. No es lo más adecuado para la ética del periodista. Ni siquiera lo podemos celebrar.