Recorte del diario ‘Juventud Rebelde’ publicado el 9 de octubre de 1987 con el texto de Reinaldo Escobar: ‘Aquí fraguó parte de la historia’. (14ymedio).

—Tengo mi pasado personal con Ernesto Guevara. Un breve texto escrito para el diario Juventud Rebelde, publicado el 9 de octubre de 1987, fue incluido, entre otros, en el prontuario de acusaciones que terminaron con mi expulsión de ese periódico y con la prohibición expresa de ejercer la profesión en los medios oficiales.

Muchas veces me he visto en la obligación de explicar que para que un periodista cubano sea separado de su trabajo no es necesario que haga pública una crítica al sistema; basta con que, al aplaudir, no lo haga con el debido entusiasmo.

El texto de referencia aparece en la página 12 y lleva por título Aquí fraguó parte de la historia. Se refiere a la inauguración de una sala museo donde estuvo el despacho del entonces ministro de Industria. En ninguno de los cinco párrafos este periodista tuvo la perspicacia de colocar algún tipo de adjetivación para resaltar la heroicidad del personaje. Lo más cercano a un elogio fue decir: “no parece que cupiera Che entre estas paredes”, pero lo “negativo” fue descubierto por los detectives ideológicos en el último párrafo, que aquí cito:

“Cada cual recibirá su propia impresión al conocerlo (el despacho), pero pienso que al final todo el que entre aquí, saldrá igualmente sobrecogido y guardará para siempre en su memoria la impresionante imagen de un butacón vacío”.

“¿Qué estará queriendo decir con eso de un butacón vacío? ¿Acaso que el Che está muerto, que su presencia no podrá ser sustituida nunca por nadie?” Deben de haberse preguntado mis inquisidores.

Justo debajo de mi reseña un colega era más complaciente y apelando al uso y abuso de la segunda persona, le decía al muerto: “Faltarás solo cuando el futuro se nos pierda de vista, y eso es tan absurdo que no vale la pena cuestionárselo”.

Han pasado 32 años y el Granma de este 8 de octubre habla del aniversario de la muerte de Che Guevara con la misma devoción que lo hacía entonces este colega que, por cierto, hoy vive y ejerce de periodista en Miami.

El diario oficial regaló este martes cuatro perlas para el homenaje que la efeméride obliga. No las cito porque a diferencia de aquellas páginas del diario ‘Juventud Rebelde’, estas pueden visitarse ‘online’

El diario oficial regaló este martes cuatro perlas para el homenaje que la efeméride obliga. No las cito porque a diferencia de aquellas páginas del diario Juventud Rebelde, estas pueden visitarse online. Allí verán dos emocionadas crónicas, la muchas veces parodiada canción de Carlos Puebla y un texto que Eduardo Galeano publicó a mediados de lo los 80 en su libro Memorias del fuego.

A despecho de los laudatorios textos que publica este día la prensa oficial, la percepción que se tiene de la figura de Che Guevara ha cambiado considerablemente. En ello ha tenido una notable influencia el acceso a un vasto material en las redes sociales donde aparecen testimonios de sus captores en Bolivia y el de sus numerosas víctimas.

El apelativo de El carnicero de la Cabaña referido al rol desempeñado por el comandante Guevara durante los fusilamientos de 1959 ha obligado a muchos a reconsiderar la santidad del personaje. Lo mismo ocurre con el destape de todas las ocasiones en que siendo guerrillero o ministro se mostró homofóbico, machista, intolerante y sobre todo despiadado.

Hoy, a diferencia de la década del 60, la violencia es muy mal vista y por eso ya no resultan tan simpáticas aquellas palabras de su mensaje a la Conferencia Tricontinental: “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal”.

Pero lo que más me ha convencido de que la percepción ha cambiado fue el diálogo de un estudiante cubano con un joven canadiense que turisteaba por la Plaza Ignacio Agramonte (antigua Plaza Cadenas) de la Universidad de La Habana. El visitante llevaba una camiseta recién comprada con la mil veces reproducida imagen de Guevara. El cubano solo le dijo en su mejor inglés algo desconcertante al joven turista: “ Nice your shirt. I have one with Charles Manson”.

Nunca más he vuelto a escuchar nada sobre aquel museo ubicado en el sexto piso del edificio que ocupa hoy el Ministerio del Interior. Si como se dijo entonces, visitarlo será considerado una distinción muy especial, parece que ha habido pocos merecedores. Espero que no lo hayan cerrado por mi culpa.