Dos ancianas cubanas en medio de la pandemia de Covid19 / AFP.-

‘Esta medida es como una especie de reconcentración que está disfrazada de combate a una pandemia’, advierte un habanero.

GERÓNIMO GARCÍA / DDC, La Habana |

—De “manipulación” y hasta de “reconcentración” han catalogado los habaneros el toque de queda impuesto en la capital cubana desde el pasado 1 de septiembre tras el rebrote del Covid-19. Los más perjudicados son los habitantes de los municipios periféricos y, sobre todo, los jubilados.

El diseño de un grupo de acciones que anunció el gobernador de la provincia para las tiendas recaudadoras de divisas CUC, los Mercados Artesanales Industriales (MAI) y Mercados Ideales durante los 15 días que se prevé dure el toque de queda, “solo quedó en eso, en un diseño porque no ha sucedido ningún cambio en los municipios para beneficio de sus habitantes”, se quejó Carmela Fraga López, jubilada y vecina de Arroyo de Naranjo.

“Lo único que ha llegado a estos mercados es un módulo con aceite y refresco. El pollo lo sacaron un día y, por supuesto, no alcanzó para todos. Si haces un censo aquí verás que vivimos gente bien humilde, que dependemos de salarios y de chequeras, y que no podemos comprar en las tiendas en dólares”, recalcó Fraga López, a quien sus amistades de Centro Habana y Plaza le avisaron que en estos municipios “al menos hay más variedad de alimentos y hasta de aseo personal”.

Entre las medidas paralelas al toque de queda para disminuir la movilidad se estableció la restricción de comprar en mercados y tiendas que no sean del municipio de residencia de la persona. Para cualquier tipo de compra se exige el carné de identidad.

“Esta medida es como una especie de reconcentración, que está disfrazada de combate a una pandemia”, opinó Luis Alfonzo Cádiz, un consultor jubilado y residente en el municipio de Boyeros.

“No hay transporte y esto empeora la movilidad para personas de la tercera edad que tienen que caminar largas distancias dentro del propio municipio para después zamparse una cola de varias horas. Se prometió el surtido en los mercados y tiendas en cada municipio, cercanos a cada comunidad, pero simplemente se nos ha mentido y no funcionan ninguna de las estructuras comerciales que el Estado tenía establecidas”, añadió Alfonzo Cádiz.

El jefe del grupo temporal de Comercio del Consejo de Defensa Provincial en La Habana, Luis Carlos Góngora Domínguez, admitió que los suministros no son equitativos desde el punto de vista geográfico, pues “favorecen más a los municipios centrales de la ciudad y menos a la periferia”.

Este funcionario también aseguró, en referencia al desabastecimiento de las redes de comercio habaneras, que “las colas van a existir siempre“.

“Ninguna de estas medidas tienen la capacidad de evitarlas porque los suministros no nos lo permiten”, dijo el funcionario en el programa Mesa Redonda de la televisión estatal.

“O sea, el toque de queda es otra manipulación del Estado para intentar esconder la escasez y ni siquiera le ha servido para minimizar las colas”, interpretó Fabián Zamora, vecino de Lawton, en el sobrepoblado municipio Diez de octubre, en referencia a la afirmación del gobernador habanero de que para el período de toque de queda se iban a adicionar 139 puntos de red de comercialización en los barrios.

“Nada de esto se transformó en verdad. La única verdad es que el toque de queda perjudica a los de a pie. A quienes no podemos pagar los alimentos y el aseo en el mercado negro, a quienes no podemos comprar en las surtidas tiendas de dólares, a quienes ahora tenemos que esperar por un poco de pollo y un paquete de picadillo en alguna tienda del municipio porque no podemos comprar en otro lugar”, fustigó Zamora, padre de tres menores y uno de los miles de trabajadores interruptos que sobreviven con el 60% de sus salarios.

En el Reparto Eléctrico, con una población de 19.500 habitantes, apenas existen tres tiendas TRD. Las zonas más cercanas a esta barriada están a cinco kilómetros de distancia, un recorrido imposible para las personas de la tercera edad con problemas de salud o de movilidad.

“Es imposible caminar hasta Párraga, Mantilla u otras zonas del municipio donde quizás los mercados están más surtidos. Aunque este es un barrio militar, muy pocas personas tienen para pagar un transporte privado y recorrer otras zonas donde poder comprar”, dijo Ignacia Peñalver Suárez, maestra jubilada de 67 años de edad.

“Este reparto se fue empobreciendo por su lejanía, por sus escasos accesos a los servicios. Apenas hay tres cajeros automáticos y ninguna CADECA (Casa de Cambio). Cuando llega pollo, el gran y único alimento de estos tiempos, las broncas son campales y las colas kilométricas. Muy pocos se pueden dar el lujo de pagar la libra de carne de cerdo a 55 pesos cuando sacan… y el aseo brilla por su ausencia desde hace rato”, lamentó.

“Este toque de queda me sabe más a un abandono que a una lucha contra la pandemia. Si esto dura más de 15 días y no ponen al menos el transporte, la mitad de los jubilados moriremos, literalmente, de hambre”, concluyó Peñalver Suárez.