Gente de Zona SONY MUSIC.-

 

 

Durante una década, en Miami se asentó una estructura de representación artística, establecimientos y publicidad enfocada a la promoción de los talentos de la Isla.

 

Andrés Reynaldo, Miami.-

—La cancelación de Gente de Zona en el concierto de fin de año en el Bayfront Park es otro momento definitorio de la reacción de Miami sobre los intercambios académicos y culturales. Cierra en el tiempo lo que ya estaba cerrado en el ánimo de quienes consideramos esta campaña de la dictadura, desde el principio, como una calculada operación para vestir al exilio con el uniforme de la “comunidad cubana en el exterior”.

Fue a partir del 2008 que la batalla por los intercambios cobró fuerza. Los operativos destacados en los medios locales no cesaban de producir notas sobre cualquier figura que viniera de Cuba. Por no faltar, se destacaba no ya las visitas de las personalidades afines y/o acomodadas al castrismo, sino hasta sus escalas en tránsito hacia otros destinos. Cuando estos no alcanzaban, se echaba mano de instructoras de arte, meteorólogos, poetas de provincia (¡cómo hay poetas de provincia!) y músicos de barrio. Sobre la nostalgia por la Cuba de ayer se imponía la sed  por la Cuba de hoy.

Para editores y productores era una pesadilla (lo sigue siendo) controlar la avalancha. Quien haya trabajado como supervisor en los principales medios conoce los obstáculos. Uno no puede entrar a la oficina de sus jefes, con frecuencia norteamericanos, y soltarles que tal reportero o reportera le está haciendo el mandado a la Seguridad. Lo que tú aportas como sospecha de aparataje solo consigue hacerte sospechoso de paranoia.

Se entiende. ¿Cómo explicar con mesura corporativa que un aparato de inteligencia infiltra a un periodista en una redacción para que promueva a los conciertos de Los Van Van, las novelas de Padura y las oportunidades de inversión en la Zona Especial del Mariel?

¿Cómo explicar que quizás ni siquiera se trate de espías profesionales o declarados simpatizantes, sino de gente tramitada en la amplia red de trámites económicos, familiares, morales, you name it, a disposición de un Estado totalitario?

Nada más por tocar la tecla del dinero, sorpresas habría si los responsables de muchos medios locales se interesaran por saber quiénes de sus empleados y colaboradores tienen negocios del otro lado del charco.

Durante una década, los intercambios han cumplido con su misión. En Miami se asentó una estructura de representación artística, establecimientos y publicidad enfocada a la promoción de los talentos de la Isla. La neutralidad política de los visitantes suele esfumarse apenas cruzan las fronteras del Condado Miami-Dade. Algunos hasta comparecen en el Congreso, guitarra en ristre, pidiendo el fin del embargo. No hablemos ya de cuando desembarcan en La Habana y, sin quitarse la arena de Miami Beach, se trepan a la Tribuna Antimperialista.

No extrañe, entonces, que muchos contribuyentes se nieguen a que la ciudad de Miami patrocine a Gente de Zona, o facsímil razonable. Menos aún si hay artistas exiliados renuentes a compartir la escena con quienes cantan y bailan para los jerarcas castristas. Tal vez, como afirma Haila Mompié, ni siquiera necesitan presentarse en estos predios. Les queda la opción de actuar en establecimientos privados, protegidos de las protestas por nuestra eficaz policía.

Hasta el cierre de esta nota, en la tarde del viernes, nadie de Gente de Zona había dicho ni esta boca es mía. ¿Cómo reprobar la cancelación sin mencionar su causa? ¿Sin cerrar otra puerta aquí o la vigilada puerta de allá? Esta es una dificultad de los intercambios: no siempre se puede navegar entre dos aguas.