El ministro cubano de Economía, Alejandro Gil (der), y Miguel Díaz-Canel. Cubadebate.-

Se limita a implementar ajustes en el modo centralizado de conducción con la esperanza de que, tras 61 años, ahora sí sepamos construir el socialismo.

Rafaela Cruz / DDC, La Habana |

—Alejandro Gil, ministro de Economía, describió este lunes en la Mesa Redonda la situación económica de la Isla como “muy tensa”: sin ingresos por turismo desde marzo, con la producción parcialmente paralizada, con miles de trabajadores interruptos y, aunque se mantuvieron producciones exportables, tanto demanda como precios internacionales cayeron. A eso hay que sumarle 121 nuevas medidas, solo en el último año, del embargo estadounidense, que está “más recio que nunca”.

Ante esta “tensión”, el plan parece ser seguir con calma, adheridos a esa idea de “desatar fuerzas productivas”, que no significa liberalización —ningún sustantivo derivado de libertad le complace al Gobierno—. Desatar en este caso es realmente atar de otra manera.

Evitando reformar el modelo económico, el Gobierno se limita a implementar ajustes en el modo centralizado de conducción para hacerlo lo más eficiente posible, con la esperanza de que, tras 61 años, ahora sí sepamos construir el socialismo.

Las medidas que el ministro ha anunciado son un enroque económico. Tienen como denominador común apuntar en el sentido correcto, pero están diseñadas intencionalmente a medias, manteniendo el control central, base del control social.

Analicemos las normas anunciadas como nueva política para la producción y comercialización de alimentos:

—Flexibilizar la contratación de fuerza de trabajo eventual: esto significa eliminar las trabas que las mismas autoridades pusieron en la contratación de temporeros. Claramente, los temporeros no son la única fuerza de trabajo agrícola requerida, el resto sigue sujeta a la burocracia.

—Nuevos incentivos fiscales para las miniindustrias, bonificando la comercialización municipal: Impulsan, creando estímulos artificiales, la autarquía municipal, contraria al principio básico de la especialización territorial según ventajas comparativas. El diseño centralizado entorpece así que las mercancías se realicen donde haya mayor demanda, que es lo único que crearía las sinergias necesarias para una sustentabilidad a largo plazo sin necesidad de muletas fiscales.

—Venta de insumos agrícolas en Moneda Libremente Convertible (MLC) provenientes no solo de importaciones, sino de las propias empresas estatales: Esto es simplemente indignante. Es una dolarización descarada y parcial que crea dos tipos de productores cubanos. Remata el ministro: “bueno, el que tiene esa posibilidad, puede adquirirlos”. Toda una lección de socialismo.

—Los productores privados exportarán a través de empresas estatales: Surge una burocracia parasitaria para controlar qué y a quién se venden los productores, cobrando a los productores por sus servicios y reteniéndoles el 20% de las divisas. Los afortunados que puedan exportar, obtendrán divisas para comprar insumos en las tiendas en MLC, lo que podrá hacer la inmensa mayoría del campesinado.

—Rimbombantemente se anuncia un Banco de Fomento Agrícola, que no es un nuevo banco especializado, sino que mediante las existentes oficinas bancarias dará créditos agrícolas con base en un presupuesto estatal que ya tenía un déficit del 8% en 2018. ¿A qué le quitarán recursos para dedicarlo a esto? ¿No hay nadie en el mundo interesado en financiar inversión agrícola en Cuba? Para más inri, la financiación es exclusivamente para los agricultores más rentables, algo que era perfectamente asumible por un banco comercial normal. La cuestión sería capitalizar a los miles de usufructuarios que han recibido parcelas infectadas de marabú y que no tienen ni para comenzar. La experiencia del premio Nobel Muhammad Yanus en microcréditos es obviada y, como si fuese un chiste, el mencionado banco comienza con unos risibles 35 millones de pesos, menos de un millón y medio de dólares.

—Transformación de la comercialización mayorista y minorista: Se creará un Registro Central Comercial. La idea es dejar concurrir más actores a la ideológicamente conflictiva comercialización. Para el marxismo, la comercialización no crea valor, de ahí el constante maltrato al sector. ¿Será diferente esta vez?

—Eliminación de la función del grupo Acopio. ¡Excelente noticia! Libertad de producción, contratación y venta para los campesinos, ¡ahora sí!… Pues no; será sustituido por un mecanismo donde “el Estado mantendrá el papel regulador y los gobiernos locales tendrán una mayor responsabilidad en la concertación de precios, por acuerdo con los productores”.

—Nuevo diseño para la empresa estatal en la agricultura, priorizando la organización de polos agroindustriales integrados por cooperativas y campesinos, con alta aplicación de ciencia e innovación. Esto sería fantástico si estos polos surgieran como efecto del libre mercado en un proceso de abajo hacia arriba, y no como macroorganismos políticamente decididos.

El ministro, en nombre del Gobierno, negó el sistema de mercado porque “el precio de oferta y demanda no es justo en condiciones de escasez”, con lo cual seguirán tratando de salir de la escasez con los mismos mecanismos con que nos han metido en ella. “No es tan sencillo como dejar correr al mercado y que este ordene solo esos elementos —dijo—, el Estado tiene que jugar su papel regulador”.

Las medidas están diseñadas para maquillar el modelo y extenderlo, no para sustituirlo, pese a que en teoría y práctica se ha demostrado como un fracasado total.