Evelio Taillacq.-

 

Por Roberto A. San Martín.-

—Nunca he querido hacer esta nota.
Se trata de la historia de un hombre al que conocí hace más de cuarenta y cinco años. Era un joven que estudiaba en la Escuela de Formación de Actores del Instituto Cubano de Radio y Televisión. Yo había escrito un ciclo de cuentos y había uno que era muy importante para mí, contaba la historia de uno de mis hermanos y hablaba de la lucha generacional que se daba en ese momento en el país. Se iba a radiar por la antigua CMQ, que ahora tiene un nombre muy contradictorio: Radio Liberación, y la directora de la historia, Xiomara Blanco, había seleccionado a joven que yo no conocía para el personaje central: Evelio Taillacq.
Era un muchacho de alrededor de veinte años, delgado, rubio, con un aire de personaje elegante del siglo XIX que nada tenía que ver con el personaje de la historia que era un chico recien graduado de albañil en una escuela de la construcción con un tipo totalmente distinto y un cáracter muy fuerte, pero muy controlado…
Con cierto aire de disgusto por lo que me temía que había sido un error de Xiomara, me quedé para presenciar la grabación del programa radial.
En el ensayo que hacíamos entonces antes de grabar el programa le dije a aquel muchacho: ”va a resultarte muy difícil El Chama -que así se llamaba el personaje- es alguien que no tiene nada que ver contigo”. Evelio esbozo una sonrisa -nerviosa, según yo, y comenzó la historia.
Contrario a lo que yo esperaba, la grabación fue un éxito y Evelio nunca estuvo presente. Lo que yo sentí evolucionar ante mí, gracias a la magia del medio radial, fue a El Chama y su conflicto.
Tanto fue así, que terminé haciendo una versión televisiva para que Taillacq hiciera el personaje. El cuento lo dirigió Abel Ponce y fue todo un éxito. Y también fue el inicio de una amistad que nos llevó a recorrer las más de cuatro décadas pasadas donde nos encontramos en muy distintas situaciones.
Taillacq fue a lo largo de toda su trayectoria un gran actor que ha protagonizado Hamlet, Romeo y Julieta y Edipo Rey, entre decenas de puestas en escena de obras clásicas y contemporáneas, en la televisión cubana; y versiones televisadas de El rojo y el negro, de Stendhal; Las ilusiones perdidas, de Balzac y Crimen y castigo, de Dostoievski, entre otras.

Evelio Taillacq.-

Uno de los momentos más dramáticos en los que participo fue durante el año 1980, en plena crisis del Mariel. La TV nacional ponía al aire, en vivo, una versión de la novela “Rojo y Negro”, de Sthendal. A las ocho y treinta, previo a la salida del capítulo correspondiente, una locutora anunció la sustitución del actor Evelio Taillacq, por Frank González, en el papel protagónico. El comunicado concluía con una frase leída de manera enfática por la locutora: ”Que se vaya la escoria”.

Así se anunciaba su salida definitiva de la isla donde había nacido y comenzaba una segunda etapa en larga carrera por la vida.

En esta, su segunda patria, como director del Centro Dramático de Miami, produjo y dirigió 26 puestas en escena. Fue presidente de Hispanic Performers of Dade County y dirigió el Centro Dramático Antonín Artaud (Escuela de Artes Escénicas) y entre decenas de otros premios, recibió un reconocimiento del Congreso de EEUU por su labor en favor de la cultura y el arte en la nación.
México, Argentina, Puerto Rico y España fueron países que conocieron su talento.
Como en el poema de Lola Rodríguez de Tió, pero a la inversa, Puerto Rico es el lugar donde ”las nieblas del olvido / no han de empañar los reflejos / del hogar que miro lejos / tras de los mares perdido!…/ Otro aquí vengo a formar / y ya no podré olvidar / que el alma llena de anhelo, / encuentra bajo este cielo / aire y luz para cantar!
Y en Puerto Rico hace su hogar y deja una marca que el pueblo agradece…

Allí nace su primera novela: “Endiablado Deseo”. Escrita en San Juan, mientras animaba programas de TV en Wapa y el Canal 6 de PBS, Taillacq relaciona, las capitales cubana y puertorriqueña con su creación: “Puerto Rico fue una experiencia maravillosa y, tal vez el aire, el mar, los ríos de aquella otra isla
encantada, su gente tan parecida me estimularon
a hacer mi exorcismo”.
De ella dice la crítica: ”La primera novela de Evelio Taillacq (actor, dramaturgo, director, productor, profesor universitario, periodista y animador de radio y televisión), nos revela a un formidable escritor que rompe moldes y transgrede prejuicios con humor, mostrando un estilo vertiginoso, impactante y rico en matices léxicos”.
En esa novela la obsesión del protagonista resulta un exorcismo profundo y predeterminado que enfrenta a su héroe con la mediocridad, el oportunismo, la hipocresía y el poder absoluto.

  –Segunda edición revisada -en la primera se publicó con el título “Endiablado Deseo”-, de la primera novela de Evelio Taillacq.–

”El arte sin verdad no es arte. Por eso tenía que revisarse hasta las tripas, hurgar en su existencia, derretir la coraza, destrozar las caretas, poner los trapos al sol y encontrar esa esencia anhelada del ser, para no quedarse, como tantos, en la inaceptable posibilidad del no ser”, es un fragmento de la obra que -a mi criterio- dibuja con exacto pincel al Evelio Taillacq que conocí.
Todavía trabajaríamos juntos durante unos años en El Nuevo Herald. Los recuerdos de esos días están marcados por su sonrisa de perdona vidas ante las críticas que pudiera recibir y su alegría para convertir los momentos más difíciles -y el cierre de una edición de un periódico suele ser el momento más tenso y que se repite cada veinticuatro horas- con cualquiera de sus tétricas bromas. Por ejemplo, al terminar la edición: ”Si este cierre fue duro y tenso de verdad… espera que llegue el de mañana para que te des cuenta que este fue una broma”… Predicción macabra, pero muy simpática dicha por él que terminaba en risa general y café.
El momento del café, era muy agradable.
Imaginen una mesa son Andrés Reynaldo, Daniel Fernández, Carlos Victoria y Evelio Taillacq -también yo claro. No había tema sagrado, ni prohibido. Caulquiera que fuera el motivo de la conversación, las reflexiones más profundas y los chistes más superficiales siempre estaban presentes. Evelio podía ser el centro de esas conversaciones del café en cualquier ocasión. Baste como ejemplo que una vez recordó que Andrés Reynaldo, él y yo ”éramos tan similares que habíamos tenido la misma novia… y ante la sopresa de los presentes aclaro: ”En tiempos diferentes, claro!”.
La risa fue general…
Era muy especial compartir con Taillacq, el trabajo, la reflexión sobre los temas más difíciles o las ideas más complejas y la sonrisa.
Y con eso me quedo.
No habrá más conversaciones de café, porque no estará su presencia -por ahora, claro- pero los recuerdos nos llenan los días de la vida de infinidad de momentos importantes y sé que, en los míos estará, todo el tiempo que me quede de este viaje, mi amigo Evelio Taillacq y sé, además, que todavía no hemos tenido el último encuentro que espero porque sé que llegará.
Descansa en paz, por ahora, porque volveremos a encontarnos y todo esto nos hará mucha gracia.
Miami, setiembre seis de 2019,
Roberto A. San Martín (SM.)