Menos de cinco minutos después, comienzan a llegar adolescentes que visten a la moda y portan teléfonos inteligentes. Se saludan, beben un trago de una botella de whisky barato y desde sus celulares comienzan a textear frenéticamente por WhatsApp.

Al ver a más de un centenar de jóvenes reunidos, vecinos y transeúntes se preguntaron qué pasa.

“No es ninguna manifestación contra el Gobierno. Son fiñes, hijos de Papá (padre pudiente), que ahora les ha dado por crear grupos que llaman teams y los fines de semana por la mañana se reúnen en el Prado, en las afueras del Capitolio y otros lugares emblemáticos de la ciudad”, comentó Didier, quien por los alrededores del lujoso Hotel Packard, en la Habana Vieja, se dedica a venderle a los turistas tabacos en cajas elaborados clandestinamente.

Opción

Lidia, trabajadora social, cuenta que en la escuela de su hija se han formado “diversos teams con nombres ininteligibles. Son buenos muchachos. No tienen nada de raro, ni abusan del alcohol o las drogas. Se citan en sitios públicos, por lo regular de día, para hablar de moda y temas juveniles. No suelen hablar de política, algo que no les interesa”.

Más detalles sobre los teams ofrece Liuba, 16 años, alumna de preuniversitario. “Existen más de doscientos grupos de esos en Cuba, en distintas provincias, aunque la mayoría son de La Habana. Las edades de sus miembros van desde los 13 o 14 años hasta los 20 años. Cada grupo tiene un jefe a quien le dicen Boss, que por lo general es su fundador y por lo tanto el líder. Cada integrante se modifica su nombre o se cuelga un mote”. Se utilizan siglas y signos de puntación que parecen nórdicos, como por ejemplo Yäimí BlackClóvër o Liudmila Töa Unicorniö. Los nombres se inventan. Estan los Tö Cörrecto, Intoccabile, Cali-Fornicatión, Illuminatti, Level Up u Ozi Towers.

Según Liuba, en etapas de clases se citan por WhatsApp, Facebook o Instagram a una fiesta en casa de alguien del grupo, un bar particular o en una piscina privada. “El Boss, por ejemplo, recoge dinero (10 cuc, diez por persona) para alquilar una guagua (bus) hasta una piscina y allí nos reunimos 70 o más muchachos de diversos grupos. Un team puede tener de 15 a 200 integrantes. Nos vestimos a la moda. Y aunque en Cuba hace calor, nos gusta ponernos overoles y enguatadas. A veces nos encontramos en centros nocturnos como Tercera y 18 o el Salón Rosado de La Tropical, en la Avenida 41, donde compartimos la música y bebemos cerveza o ron. Hay muchachos que no toman bebidas alcohólicas y algunos, los menos, ingieren sicotrópicos, fuman marihuana o halan polvo. Pero no es lo común, pues salvo excepciones somos jóvenes sanos”.

Y luego añadió: “Nuestro denominador común es el interés por la moda, las últimas tendencias tecnológicas, los avances de la informática y la telefonía celular. A muchos teams les gusta el fútbol de clubes europeo y el baloncesto de la NBA. Nuestro hobby preferido es chatear, ver quien recibe más Like y participar en competencias que entre nosotros armamos en las redes, utilizando casi siempre WhatsApp”, detalla Liuba.

Mijaíl, 19 años, estudiante universitario, explica que hasta hace unos meses estuvo en uno de esos grupos. “Pero la rigurosidad de las asignaturas en la universidad y la madurez que uno va adquiriendo me apartaron de esas tribus urbanas. Es gente joven, bastante sana, con un nivel de vida por encima del promedio en Cuba. Sus padres tienen negocios privados o en el exterior tienen familiares que les giran remesas. Conectados a WhatsApp en un mes pueden gastar hasta 60 cuc”.

Y es que muchos padres prefieren tener a sus hijos en ese micromundo, “alejados de nuestra realidad y de los problemas de la sociedad cubana, en una absoluta indiferencia política. Lo de estos grupos es conectarse, compartir entre ellos, vestir a la moda, subir fotos a las redes sociales y verse los fines de semana en bares como Soda 52”.

Fenómeno

Carlos, sociólogo, considera que “los teams conformados por estos jóvenes de apenas 19 y 20 años, que chatean y se organizan a través de las redes sociales es un fenómeno reciente.

Fue con la apertura de la comercialización de internet en los teléfonos móviles cuando comenzaron a propagarse. Si damos créditos a algunas investigaciones sociológicas, no llevan más de dos años creados. Si los comparamos con las tribus urbanas del Parque G, así llamadas porque surgieron en la Avenida G del Vedado en la primera década del siglo XXI, estos grupos son más despolitizados, menos dados al alcohol y las drogas, tienen menos problemas en su entorno familiar y sufren menos rechazo por parte de un sector de la sociedad. Los frikis, emos y otras tendencias que cohabitaban en la Avenida G venían de familias disfuncionales, eran más agresivos, dados a las broncas callejeras y rechazaban abiertamente al régimen. Escuchaban música de grupos disidentes como Porno Para Ricardo y Los Aldeanos. A estas nuevas tribus les interesa la moda, la tecnología, el fútbol, vestir al Swag Style o seguir la saga de Candy Krush. Lo más ‘disidente’ es que algunos les gusta el reguetón de Chocolate MC, que está censurado en los medios oficiales”

En opinión del sociólogo, si en algo se parecen los miembros de un team es que ninguno sufre grandes carencias materiales. “Tienen parientes a amigos que les envía dinero o les recargan las cuentas para navegar por internet, aunque entre ellos hay solidaridad y se comparten el dinero para chatear. Son hijos de alto funcionarios del Gobierno o proceden de familias que reciben altas sumas por concepto de remesas o forman parte de la incipiente clase media conformada por cuentapropistas de éxito”.

A la Seguridad del Estado “sobre todo les llama la atención la capacidad de aglutinar que tienen los líderes autodenominado Boss. Por su tremenda capacidad de movilizar gente, quieren investigar si no reciben ayuda financiera externa, pues en cuestión de minutos cientos de ellos se convocan a un sitio público. Utilizan aplicaciones como WhatsApp que están encriptadas. Ahora se reúnen para hablar boberías, pero cualquier día, piensan los servicios especiales, pueden convocar una marcha contra el Gobierno y tomar desprevenido a la contrainteligencia”, afirma un ex oficial de inteligencia.

Investigación

Sin embargo, a pesar de su aparente inocencia, un ex oficial de inteligencia dice tener información la Seguridad del Estado está estudiando el fenómeno de los teams. “Sobre todo les llama la atención la capacidad de aglutinar que tienen los líderes autodenominado Boss. Por su tremenda capacidad de movilizar gente, quieren investigar si no reciben ayuda financiera externa, pues en cuestión de minutos cientos de ellos se convocan a un sitio público. Utilizan aplicaciones como WhatsApp que están encriptadas. Ahora se reúnen para hablar boberías, pero cualquier día, piensan los servicios especiales, pueden convocar una marcha contra el Gobierno y tomar desprevenido a la contrainteligencia”.

Arturo, integrante de un team, reconoce que una mañana en su escuela un oficial de la Seguridad del Estado se reunió con varios de los Boss, para recabar información de nosotros. “Quería saber de dónde había surgido esa idea, cuáles en realidad son nuestros intereses y temas de conversación. Habló en buena onda. El tipo tomó nota y nos dijo que próximamente la Unión de Jóvenes Comunistas les programaría actividades”.

En una sociedad de corta y clava como la cubana, un grupo de adolescentes, por muy ingenuo que parezca, no escapa al control de los servicios especiales. Por eso el régimen de los hermanos Castro lleva 60 años en el poder.