El gobierno cubano se ha encargado sistemáticamente de criminalizar la iniciativa individual (Foto Ernesto Pérez Chang/ 15 de mayo 2020).-

Foto de perfil de Mario J. Pentón Por Mario J Pentón / El Nuevo Herald.-

—No hay arroz en los mercados ni aceite. Comprar jabón o detergente solo se logra después de filas que parecen eternas. La última cola que hizo duró más de ocho horas.

María Matienzo, de 69 años, le contó a su hijo en Miami lo difícil que resultaba comprar alimentos, y este encontró la solución en el floreciente mercado de envíos de alimentos a la isla.

“Desde hace dos semanas recibo a diario una cantina con una ración de comida que me alcanza para el mediodía y a veces me da también para la noche”, cuenta la mujer, vía telefónica desde Santa Clara, en el centro de Cuba.

Aunque el precio de la cantina, unos $36 cada cinco días, supera el salario mensual de un profesional en la isla, para algunos emigrados cubanos es “un sacrificio” que se puede hacer por la familia.

“Soy hijo único. Salí de Cuba buscando mejorar y ayudar a los que quedaron allá”, dijo Luis Enrique Lezcano, quien reside en Homestead, al sur de Miami-Dade.

“He comprado el servicio de cantinas, pero también he comprado paquetes de alimentos que traen latas de pescado, SPAM, embutidos, vegetales y hortalizas. Todo eso se puede comprar desde Miami para que lo entreguen en Cuba. Al parecer los productos ya están allá, solo esperan porque paguen en billetes verdes para que hagan el delivery”, dijo.

Un combo de comida que se compra en Miami y se entrega en la ciudad de Camagüey. 

Cuba pasa por una severa crisis económica, agravada por la pandemia de coronavirus que obligó a las autoridades a cerrar las fronteras y perder una de sus pocas fuentes de ingresos: el turismo.

La Isla, que gasta al menos $2,000 millones anuales en importar alimentos debido a la ineficiencia de su economía de corte soviético, ha dicho que no cuenta con capital suficiente para respaldar sus compras en el exterior por lo que varios economistas pronostican un incremento de la escasez.

Lezcano dijo estar preocupado porque se aproxima una “crisis alimentaria” en Cuba.

Su madre, por su parte, aseguró que aunque el gobierno le está vendiendo a los adultos mayores “módulos de comida”, los precios y la calidad “dejan mucho que desear”.

“A mí me ofrecieron uno de esos módulos: un pollo congelado con unas cuantas viandas, que costaban como diez dólares, casi toda mi jubilación. Estoy comiendo porque mi hijo en Miami me manda la comida, pero no todos los ancianos tienen un hijo en el extranjero”, dijo.

El precio de los alimentos comprados en el extranjero para ser entregados en la isla varía según los proveedores. Empresas como Dimecuba y Cuballama tienen combos de alimentos que van desde los $95 hasta los $250, mientras que otras agencias más pequeñas e incluso particulares ofrecen variadas opciones de compra. En Camagüey, por ejemplo, una agencia vende por $200, diez libras de arroz, cinco de frijoles, ajo, cebolla, refresco nacional, puré de tomate, 2 latas de pescado, un chorizo, aceite, 10 libras de carne de cerdo, 4 libras de pollo, chuleta, costilla y hasta mortadela “especial”.

Para Rolando “Roly” Martínez, un cubanoamericano que reside en la Pequeña Habana, la crisis se ha convertido en una oportunidad para hacer negocios.

“La Policía está dándole duro a los particulares en Cuba. Mi familia tiene una cochiquera en Aguada de Pasajeros, pero no pueden vender la carne porque se buscan problemas. Así que ideamos un método para que yo venda la carne aquí y ellos lo único que hacen es entregarla”, cuenta.

Frank el Makina.
Cuba apunta a ventas en el mercado negro durante la pandemia.
Funcionarios cubanos apuntan a la venta de bienes robados y del mercado negro a precios muy superiores a los encontrados en las tiendas estatales, tratando de reducir los robos y ventas ilícitas de productos alimenticios y otros bienes.

“Al no venderla, no se buscan problemas con la Policía y desde aquí la vendemos incluso un poco más caro y por piezas. Luego les mando las ganancias con mi sobrina que es ciudadana española y viene varias veces al año a Miami”, agrega.

En su reciente cruzada contra las “ilegalidades” en un país en el que hasta vender lo que el mismo campesino produce es ilegal, solamente en La Habana se han realizado más de 500 juicios con condenas bajo las figuras de “desacato, desobediencia, resistencia, propagación de epidemia y actividad económica ilícita”.

Mientras tanto, la crisis económica empeora. Un reciente informe de The Economist Intelligence Unit avizora un desplome de un 8.3% del PIB cubano este año.

El poderoso José Ramón Machado Ventura, segundo secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, dijo que el país no podría importar más leche en polvo, mientras que el gobernante Miguel Díaz-Canel anunció que no importarían más café. Según datos oficiales, en el primer trimestre del año Cuba solo importó un 25 por ciento con respecto a igual período del año anterior.

Para Martínez, la solución está en abrir “definitivamente” la economía.

“Los dirigentes quieren tener el control de todo, porque al final son los que ganan más dinero con la miseria del pueblo”, dijo.

“Lo que yo hago me da para vivir a mí y a mí familia, pero hay empresas más grandes que cuentan con todos los permisos para importar. Ahí está el dinero y detrás están los hijos y los parientes de los generales y los dirigentes”, agregó.