Dos Veteranos, el más reciente cortometraje de la serie Nicanor, de Eduardo del Llano.

Los personajes evocan y discuten sobre un país que ha quedado en el pasado y que no existirá más que en la memoria de los ancianos

 

 

—Un grupo de ancianos se reúne donde antes hubo un parque y, mientras comentan las noticias del dia, recuerdan una época pasada que llaman “el comunismo”. Sus recuerdos reconstruyen un país que cada uno evoca a su manera. En un poco más de 20 minutos, Dos veteranos, el corto del director Eduardo del Llano, dibuja una Cuba que no existirá más que en la memoria de los viejos.

El audiovisual está imbuido del espíritu de algunos chistes populares en los que el viaje al futuro y el salto hacia un porvenir imaginado sirven de recurso narrativo para analizar el presente. Los personajes que hilvanan la memoria son esos mismos que hoy trabajan en una oficina burocrática, compran en el mercado racionado o pasan las horas mirando el paquete en cualquier casa cubana.

En su conversación revisan el pasado, pero siempre desde la perspectiva de un tiempo sin retorno

En su conversación revisan el pasado, pero siempre desde la perspectiva de un tiempo sin retorno. Lo hacen con dolor unos, con sarcasmo otros, y su reconstrucción está marcada por los saltos de la memoria, los olvidos voluntarios e involuntarios. El nuevo presente que habitan aparece nombrado como “democracia” y en las discusiones de los ancianos quedan tan lejos la comunidad primitiva y el feudalismo como el socialismo.

“Es que el enemigo no era enemigo”, asegura uno de los personajes cuando la memoria de los jubilados empieza a evocar la rivalidad entre Washington y La Habana. Sus palabras levantan la molestia de Nicanor O’Donell, interpretado por el actor Luis Alberto García, y presentado como el anciano del grupo que más idealiza el pasado.

El tiempo ha transcurrido, pero Nicanor sigue anclado al lenguaje oficial que dominó la escena pública cubana dos décadas atrás. Sus alusiones al “bloqueo” norteamericano y la remembranza de un país donde los trabajadores no hacían huelgas porque tenían “más conciencia”, hacen saltar las risotadas y el escepticismo de los otros pensionados.

Como contrapartida, los recuerdos de Rodríguez, encarnado por Néstor Jiménez, son mucho más ácidos sobre la etapa comunista. Ambos ancianos se enzarzan en una agria discusión mientras comparten el mismo banco de lo que antaño fue un parque y ahora queda en medio de la zona de carga de un enorme centro comercial.

La rivalidad y la contraposición entre las posiciones de Nicanor y Rodríguez reconstruyen la polarización del discurso político cubano actual, sus vicios y contrastes. Sin embargo, la mayoría del grupo de ancianos está más cerca de la posición crítica sobre el pasado o, simplemente, asiste de forma pasiva al careo entre los dos hombres.

De cómo fue el cambio nadie habla. Los detalles de la caída del viejo régimen son lo de menos, el contrapunteo se establece entre un “hoy” imperfecto y un “ayer” superado

De cómo fue el cambio nadie habla. Los detalles de la caída del viejo régimen son lo de menos, el contrapunteo se establece entre un “hoy” imperfecto y un “ayer” superado. El más apetitoso capítulo de la historia está obviado y ninguneado.

La nostalgia de Nicanor parece salida de los titulares de Granma, aprendida de los noticieros de la televisión oficial o sacada de las consignas de los discursos. Se trata de una añoranza con olor a naftalina y que provoca la burla de sus compañeros y la sonrisa incrédula del espectador. No hay simpatías para el viejo nostálgico en que se ha convertido.

Con boina al estilo de Ernesto Che Guevara, críticas a los jóvenes por el uso de las nuevas tecnologías y una gran incomodidad por los grandes malls que han surgido por todas partes, incluso en la Plaza de la Revolución, Nicanor es la versión futura del cederista y del militante del Partido Comunista cuando esa ideología ya no manda ni determina.

El único personaje joven que participa en la conversación es el de Yaquelín, interpretado por Ana Chelys Matos, y quien con sus gestos y frases traslada la indiferencia y el hastío que le provoca toda la discusión sobre el pasado. Está ahí pero distante, de vez en cuando traduce los sonidos ininteligibles de un tío, roquero envejecido, al que da vida el actor Carlos Gonzalvo.

Dos veteranos está inspirado en un cuento del mismo Del Llano y se ha publicado en su libro más reciente. Con este corto se pone fin a un largo periplo de 15 años en que el escritor y cineasta plasmó en la pantalla las peripecias de un Nicanor convertido en arquetipo del cubano común, en personaje atrapado en los absurdos cotidianos de esta isla.

El más reciente episodio de la serie protagonizada por el personaje de Nicanor O’Donell ha visto la luz en la plataforma YouTube

El más reciente episodio de la serie protagonizada por el personaje de Nicanor O’Donell ha visto la luz en la plataforma YouTube y también concursará en la categoría de cortometrajes de la próxima edición del Festival de Cine de La Habana. En su elenco destacan también actores como Osvaldo Doimeadiós y Mario Guerra.

No es fortuito que la entrega número 15 y con la que se concluye esta saga sea una historia futurista. El Nicanor que habita ese tiempo hipotético por venir es un trasnochado hombre de izquierdas que solo es apoyado en su diatriba por un mendigo que interpreta el propio Eduardo del Llano, quien mientras hurga en la basura, asiente con la cabeza a lo que dice el protagonista.

Nicanor no entiende ni acepta la Cuba del futuro. El país que ha surgido ante sus ojos lo deja encerrado en un delirio melancólico, en una morriña desfasada donde todo lo que él representa ha quedado al margen. El mañana es la negación de lo que fue y la simbólica votación con la que culmina el cortometraje lo deja claro: el comunismo es un fósil que solo lo desentierran los nostálgicos.