Descemer Bueno. / H. GARRIDO SUENA CUBANO.-

‘Los intelectuales y artistas de la Isla, incluso los que tienen un pie en Miami, no temen al contagio y se revuelcan con Raúl en las sudadas sábanas de la propaganda.’

 

Andrés Reynaldo, Miami.-

—Hace 50 años, Heberto Padilla observó que los poetas cubanos ya no soñaban. Días aquellos. Hoy, en medio de la plaga del virus chino, ni siquiera tosen. Ni los cantantes. Ni los novelistas. Ni los pintores. Lo suyo es velar por la salud de la dictadura.

Hasta en China, por citar tierras de totalitarismo, la inteligencia oficial mantiene, a falta de una vacuna crítica, su distancia social frente al Partido. Pero los intelectuales y artistas de la Isla, incluso los que tienen un pie en Miami, no temen al contagio y se revuelcan con Raúl en las sudadas sábanas de la propaganda.

Esta semana, como tantas otras veces, los muchachos toman consigna. Todos con el mismo libreto. Para el lector no familiarizado con los asuntos cubanos, una breve introducción. El Aparato baja la consigna a través de sus redes. El compañero que te atiende hace una llamada, te visita o propicia un casual encuentro. Bien sea por coacción, interés o disposición combativa (circunstancias no necesariamente excluyentes), el mensajero sale a la palestra. Mientras más independiente parezca el mensajero, más efectivo el mensaje. No tiene gracia que siempre sean Graziella PogolottiMiguel BarnetAbel Prieto y Fernando Rojas. Los Cuatro Jinetes de la Paralipsis.

Que en esto el Aparato sí que sobresale a cada coyuntura. Aun reconociendo que el material humano sea avaro en sus virtudes. Sicólogos y antropólogos verían el fenómeno con una claridad que escapa al historiador. Difícil tarea la de hacer cantar una misma tonada al pintor trabado en un siempre latente proceso por pederastia y a los pobres escritores que únicamente ansían el permiso de entrar y salir, procurarse una pacotilla y estirar sus dólares instalados en una especie de clase media congolesa. Porque habrá quien diga que no puede escribir sin vivir en Cuba, pero es mucho mejor escribir como si no vivieras en Cuba.

Entra en escena Descemer Bueno. Talento aparte, Descemer encarna, junto con Pancho Céspedes, una de esas proposiciones teológicas en que Dios sitúa prominentemente a la criatura para aleccionarnos de su cardinal defecto. En esta lección, la ausencia del sentido del ridículo. Descemer pide el levantamiento del embargo, propone en el envío de médicos a Nueva York y establece una desinformada comparación para acusar a EEUU de negarle a Raúl las relaciones que tiene con Putin.

A diferencia de Pancho, que se pronuncia con la soberbia del idiota-filósofo, Descemer nos habla desde una párvula perplejidad. Recordemos cuando acusó al embargo de no haberse podido tomar un jugo en toda su infancia. Con lo fácil que hubiera sido averiguar cómo burlaban el embargo los hijos y nietos de Raúl. Ahora, además de ignorar la accesibilidad de la dictadura a equipos y medicinas norteamericanos, Descemer (que es Mercedes en marcha atrás) nos deja con un cándido énfasis geográfico: “Cuba es un país del planeta Tierra, por si alguien lo duda”.

Sale Descemer y entra Israel Rojas (sin aparente relación familiar con el jinete Fernando). El líder del dúo Buena Fe nos dice que “eso del bloqueo interno es pura muela”. Si Descemer fuera otro pudiera desmentirlo con el mismo caso del jugo, pero… ¿cómo pedirle jugo de peras al olmo? Israel, que lleva heroicamente sobre sus hombros la carga de ser identificado como líder de un dúo, precisó que el bloqueo interno es “una subjetividad, algo etéreo”. Y remata con un argumento propio de una de esas declaraciones que el novelista Leonardo Padura prodiga a la prensa extranjera: “Todos los países están llenos de subjetividades y problemas que todos tienen que resolver”.

Para estos mensajeros, y otros que subieron a escena la semana pasada, entre ellos el cómico Ulises Toirac, y Yoel Martínez, guitarrista y no-líder de Buena Fe, resolver los problemas de los cubanos es resolverle el problema a Raúl, perpetuar una dictadura incapaz de procurar agua y jabón al cabo de 60 años. Verde y con espinas, guanábana. Allá quien se trague ese jugo.