Los jóvenes radicales queman las bocas del metro de Hong Kong, que ha suspendido todas sus líneas por primera vez. (PABLO M. DÍEZ).- 

 

Su imposición, que recurre a las normas de emergencia de la época británica, desata violentos disturbios que dejan un herido de bala y paralizan la ciudad.

 

 

Pablo M. Díez Pablo M. Diez, ENVIADO ESPECIAL A HONG KONG / ABC.-

 

—Bocas de metro en llamas y todas las líneas cerradas por primera vez en su historia, cajeros de bancos chinos destrozados, la multitud tomando las calles, peleas, un policía de paisano atacado con cócteles molotov y un adolescente de 14 años herido de bala. Es el parte de guerra de la noche de violencia que se ha desatado este viernes en Hong Kong por la imposición de la ley que prohíbe las máscaras en las manifestaciones, incluso en las autorizadas.

Violentas protestas en Hong Kong contra el veto de máscaras en manifestaciones. (Excelsior TV).

Recurriendo a las normas de emergencia de la época colonial, que no necesitan pasar por el Parlamento local, el Gobierno ha tomado esta medida para frenar los casi cuatro meses de protestas por la democracia que vienen sacudiendo a la antigua colonia británica. Especialmente tras los graves disturbios del martes con motivo del Día Nacional de China, que aguaron al autoritario régimen de Pekín el gran desfile militar por su 70º aniversario. Pero, en un nuevo error de cálculo, lo único que ha conseguido la jefa ejecutiva del Gobierno local, Carrie Lam, es echar más leña al fuego.

 

Ataviados de negro, los manifestantes desafían la prohibición de llevar máscaras en la zona comercial de Causeway Bay. PABLO M. DÍEZ
Ataviados de negro, los manifestantes desafían la prohibición de llevar máscaras en la zona comercial de Causeway Bay. PABLO M. DÍEZ.

 

Antes incluso de que la «ley antimáscaras» entrara en vigor a medianoche, miles de personas se manifestaron de forma espontánea por el centro de la isla y otros barrios, donde enseguida estallaron los incidentes violentos. Concentrada desde primera hora de la tarde en el Distrito Central, donde un oficinista chino fue agredido en un altercado con supuestos periodistas hongkoneses, la multitud marchó cortando calles y avenidas hasta la zona comercial de Causeway Bay.

«Tenemos que luchar por nuestra libertad y proteger nuestro derecho a llevar una máscara», explicaba Daniel, un empleado de banca de 23 años que desfilaba con traje y corbata por la gran avenida de Harcourt Road tras salir del trabajo. Como desafío, ocultaba su rostro con una máscara, igual que casi todos los manifestantes que le acompañaban entonando soflamas contra las autoridades y reclamando libertad. A su juicio, «no es razonable que se prohíban las máscaras y debemos combatir al Gobierno porque continuará imponiendo más leyes de emergencia». Precisamente, esa es ahora una de las mayores preocupaciones de los hongkoneses, que temen la imposición del estado de emergencia o el toque de queda una vez pasados los fastos del régimen por los 70 años de la fundación de China.

Tras levantar barricadas y paralizar el tráfico, pero sin llegar a cortar el túnel que atraviesa la bahía hasta Kowloon, la multitud ocupó Causeway Bay, un popular distrito plagado de restaurantes y centros comerciales. Enmascarados, jóvenes radicales ataviados de negro quemaron sus bocas de metro, levantando una intensa humareda que nubló sus neones y dejó una estampa insólita, casi apocalíptica, en esta bulliciosa zona de la isla. «Esta noche no teníamos intención de manifestarnos, pero hemos salido a la calle por esta ley que viola nuestras libertades y es el primer paso hacia un estado totalitario como es China», criticaba un universitario de 20 años apodado «Chico Gordo».

Con toda su intensidad, las protestas han puesto de manifiesto el choque cultural y de valores ideológicos entre una sociedad liberal como la hongkonesa, que disfruta de más libertades que el resto de China, y el régimen autoritario de Pekín. «Aquí estamos educados en la libertad y no queremos vivir como en China, donde la gente no puede criticar al Gobierno y está adoctrinada por la propaganda», clamaba el universitario, quien incluso se mostraba dispuesto «a morir si es necesario por nuestros ideales».

 

La Policía, que "bombardea" las protestas con gases lacrimógenos, puede detener a partir de ahora a quien lleve una máscara, incluso en las manifestaciones autorizadas. PABLO M. DÍEZ
La Policía, que “bombardea” las protestas con gases lacrimógenos, puede detener a partir de ahora a quien lleve una máscara, incluso en las manifestaciones autorizadas. PABLO M. DÍEZ.

 

Furiosos con la Policía, que cada fin de semana los bombardea con gases lacrimógenos, los jóvenes y adolescentes de Hong Kong ocupan la primera línea de las protestas mientras sus mayores entienden, o incluso apoyan, la deriva violenta que han tomado las manifestaciones. Aunque empezaron de forma pacífica en junio contra la ley de extradición a China, cuya retirada ya ha sido anunciada, se han convertido en una «guerrilla urbana» que no duda en enfrentarse a la Policía y entregarse al vandalismo del metro y comercios afines a Pekín.

Tras el balazo que sufrió el martes un adolescente de 18 años que estaba atacando a un antidisturbios, otro de 14 resultó herido anoche por un tiro de la Policía en Yuen Long. En ese distrito, donde los ánimos están muy caldeados porque matones simpatizantes de China atacaron brutalmente a los manifestantes el 21 de julio, un agente de paisano fue rodeado por la turbamulta, que le lanzó dos cócteles molotov. Así se aprecia en los vídeos difundidos en las redes sociales, que muestran al agente a punto de perder su pistola en el enfrentamiento y luego apuntando a la multitud para defenderse.

 

Acompañada de todo su gabinete, la jefa ejecutiva del Gobierno de Hong Kong, Carrie Lam (en el centro), ha decretado la "ley antimáscaras" invocando las leyes de emergencia de la época colonial. PABLO M. DÍEZ
Acompañada de todo su gabinete, la jefa ejecutiva del Gobierno de Hong Kong, Carrie Lam (en el centro), ha decretado la “ley antimáscaras” invocando las leyes de emergencia de la época colonial. PABLO M. DÍEZ.

 

«A nadie le gusta la violencia. Jamás pensé que iba a ver incendios así en mi vida. Pero la violencia de los jóvenes es una respuesta a la brutalidad de la Policía», justificaba un agente de inversiones apellidado Wong, de 48 años, que hablaba a cara descubierta. Además de criticar que «la ley antimáscaras no va a resolver los problemas de fondo», se quejaba del procedimiento porque «no ha pasado por el Parlamento, sino invocando leyes de emergencia de la época británica, y puede abrir la ˝Caja de Pandora˝ hacia otras medidas más drásticas que serán un desastre». A su lado, una amiga que sí ocultaba su rostro tras una máscara no podía evitar que se le saltaran las lágrimas temiendo lo que se avecina.

Antes de la medianoche, cuando entraba en vigor la normativa, los antidisturbios volvieron a dispersar la protesta con gases lacrimógenos y los manifestantes se «hicieron agua» siguiendo su estrategia guerrillera basada en la filosofía de Bruce Lee. Con las protestas avivadas por la «ley antimáscaras», Hong Kong se despeña hacia el estado de emergencia porque hay más protestas convocadas para este fin de semana.