Parodia de la Portada del diario Granma con los rostros de los personajes principales del programa Vivir del Cuento. Tomada de internet.-

El periodismo oficialista es una desgracia absoluta y sin él no habría sido posible esta larga noche de seis décadas y contando. Han silenciado lo que jamás debieron, y ahora hablan sobre lo que no pueden.

 

 

Ernesto Morales

Ernesto Morales / CiberCuba.-

TrabajadoresPrensa oficilista cubana | Foto © Trabajadores.-

 

—Nos salieron respondones. Quién lo iba a decir, ¿no? Que CubadebateGranma, y pasquines digitales afines, de repente se iban a lanzar a por los desmentidos, aclaratorios, comunicados. Cualquier cosa menos noticias y periodismo serio, claro está. Pero nos salieron respondones. ¡Quién lo iba a decir!

Esta mañana les dio por hablar de cuchilladas públicas. La tarea de choque publicada por el oficial redactor de turno esclarecía, para empezar, que el video de un joven apuñalando a otro en plena vía pública de La Habana correspondía a un incidente de enero de 2019. No era reciente.

La nota de CiberCuba, al menos, (puede consultarse ahora mismo. Sin editar) no menciona fecha alguna. La prensa independiente ha debido adaptarse al surrealismo de un país donde el secretismo oficial y el miedo a las represalias hacen que una grabación se mantenga en las sombras hasta que un día, por azar o intención, llega a las manos que le darán curso público.

Pero cerremos el cerco: ¿en qué cambia si la atrocidad fue cometida en enero de 2019 o en enero de 2020? Nos salieron respondones, los soldaditos de tinta y plomo. Pero no muy listos.

Intentar desviar la atención sobre la violencia pública que exhibe hoy la sociedad cubana, con un ardid sobre fechas equivale a defenderse de un crimen atroz diciendo: “No, pero yo no asesiné cuando tú dices, sino seis meses atrás”.

Para colmo, Cubadebate se informa con CiberCuba y luego vuelve a la carga. Contra su propia fuente de información.

Afirmar que “todos los Ciber y Net de la contrarrevolución” replicaron el post del tal Jorge Fernández donde se exhibían autos quemados como un supuesto sabotaje de Clandestinos, es burdo y mentiroso.

El equipo que hace posible CiberCuba no espera el crédito de los obedientes mecanógrafos culpables de Cubadebate, pero usar nuestras propias publicaciones para pasar por sabihondos es el colmo, ¿no?

CiberCuba desmintió la veracidad de ese incidente. Un texto detallado mostró el origen de las fotos trucadas. No, Cubadebate, no quedamos nosotros en ridículo.

Antes de asomar con lecciones periodísticas conviene buscar en sus propios archivos. Si ustedes olvidaron la manipulación de las fotos que presentaron como protestas en Chile, nosotros no. Una lástima.

Los causantes de una prensa que, parafraseando a Gabriel García Márquez, sirve más para callar que para decir, deberían ahorrarse las posturas decentes, los personajes montados. No funcionan.

La misma prensa que calló una semana entera el despido de ciento cincuenta profesionales de laboratorios farmacéuticos en La Habana, y que solo abrió la boca para ofrecer explicaciones inexplicables cuando CiberCuba exhibió el escándalo, no es paradigma de nada serio ni honorable.

La misma prensa que esclarece circunstancias o hechos noticiosos que jamás emitió en primer lugar, debería fundar un movimiento periodístico particular. Son únicos. No tienen rival en la desinformación.

La misma prensa que se pronuncia tarde sobre la violación a una niña de ocho años, y la barbarie de indignación que desató en un vecindario de mal vivir y peor comer, se aparece luego con un texto redactado en las catacumbas de la contrainteligencia para aleccionarnos sobre rigor informativo. Y para elogiar a sus represores, claro está.

La misma prensa que hizo mutis sobre la imperdonable muerte de la niña Paloma, hasta que sus amos les quitaron el bozal y les indicaron qué ladrar; la misma prensa que hizo mutis sobre el balcón que mató a otras tres niñas, hasta que sus amos les quitaron el bozal y les indicaron qué ladrar; y la misma prensa que calla sobre todas las muertes menos la del hijo de una diplomática en funciones en Panamá, y que publica el arresto de los causantes de una desgracia que tampoco en primer lugar exhibió, no tiene el derecho a guardarse sus lecciones de ética y deontología.

Tiene el deber.

El periodismo oficialista es una desgracia absoluta y sin él no habría sido posible esta larga noche de seis décadas y contando. Han silenciado lo que jamás debieron, y ahora hablan sobre lo que no pueden.

El periodismo oficialista no le debe clases de nada al pueblo al que día a día ignora y reprime desde la perversión informativa. Le debe una disculpa. Nada más.