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El investigador colombiano Sergio Ángel Baquero conversa con DIARIO DE CUBA sobre el boicot de ETECSA al tuitazo que le exigió bajar los precios de internet.

 

DDC, Madrid

—El fin de semana del 30 y 31 de mayo se desarrolló en Cuba un tuitazo con el objetivo de que el monopolio estatal ETECSA, único proveedor de internet en la Isla, redujera los precios de sus servicios. Al finalizar las jornadas se contabilizaron más de 21.000 tweets, lo que fue catalogado como un récord para estas acciones.

Poco antes de comenzar la campaña se filtraron unas directrices de la empresa estatal cubana que ordenaba a sus empleados boicotear la iniciativa popular, con el apoyo de medios de prensa oficiales como Granma y Cubadebate.

A partir de estos sucesos los investigadores Sergio Ángel Baquero y Camila Herrera, de la Universidad colombiana Sergio Arboleda, publicaron un exhaustivo análisis sobre la estrategia del régimen cubano para contrarrestar las demandas de la ciudadanía.

Sobre los resultados del informe, Baquero, investigador principal del Programa Cuba de dicha universidad, conversó con DIARIO DE CUBA.

¿Cuáles son las principales conclusiones de su estudio sobre el tuitazo que pidió a ETECSA bajar los precios?

Tras una revisión inicial de los hashtags que utilizó la ciudadanía, comprobamos que la tendencia de rechazo hacia la empresa es mucho más alta que la tendencia de aceptación. Sin embargo, cuando uno agrega la palabra ETECSA cambian los resultados de forma abismal, el número de tweets se multiplica y aumenta la imagen positiva de la empresa.

También llama la atención que, a lo largo de los dos días, cuando ocurrían picos en el tuitazo aumentaban proporcionalmente los mensajes de apoyo a la empresa. Es como si se buscara opacar lo que se hacía desde la expresión ciudadana. Esto evidencia también prácticas extrañas desde el Estado, que nos llevan a otro elemento: la mayor cantidad de esos tweets provienen de un lugar desconocido.

En un trabajo que estamos desarrollando actualmente buscamos de dónde salen estas cuentas indeterminadas y los resultados indican que más del 60% de los mensajes en apoyo a la empresa procedían de bots y trabajadores de ETECSA. Pero descubrimos tweets de rechazo a la empresa que también provenían de cuentas falsas.

Al parecer, se produjo una guerra de bots, por lo que podría haber dos escenarios: que el mismo régimen crease también algunos bots en su contra para legitimarse, o que desde la ciudadanía se compartieran estas prácticas ocultas. Aquí habría que hacer una reflexión porque la ciudadanía puede terminar echando por la borda su rol si se vale de este tipo de prácticas.

La conclusión más importante, en mi opinión, es que hay una lucha relevante del ciudadano de a pie, que toma su celular y manifiesta sus quejas respecto a unas ofertas carísimas en relación con su salario. Eso hay que seguirlo trabajando y reivindicando, esa expresión autónoma y voluntaria es fundamental en la construcción de una cultura política y una ciudadanía activa.

¿Qué explicación podría tener que Twitter no haya detectado el origen de muchos tuits?

Es un hecho que muchos ciudadanos utilizan VPN para burlar el bloqueo que aplica el régimen a diversas páginas web, pero lo que resulta interesante es que muchas de las cuentas falsas o de empleados de ETECSA aparecen como indeterminadas también, lo que paradójicamente significa que los trabajadores de la empresa estatal hacen uso de estos mecanismos.

¿Cree que el boicot de ETECSA a sus críticos fue exitoso?

Si medimos el éxito del boicot en términos de amilanar o controlar la opinión publica en redes imponiendo una visión positiva por encima de la negativa, deberíamos decir que sí. Hay una maquinaria de años enfocada al control de la ciudadanía. ETECSA sabe cómo funciona esto y no solo está controlando las calles, sino también el espacio público que son las redes sociales.

Otro aspecto para entender el fenómeno es que la ciudadanía necesita espacios de reivindicación y, al no poder realizar estas reclamaciones en las calles por el carácter totalitario del régimen, muchos se sienten más cómodos realizándolas desde sus dispositivos móviles, lo que termina por unificar las demandas desde dentro y fuera de la Isla. En ese sentido no fue exitoso el boicot, porque a pesar de las presiones desde el poder, cada vez se suman más personas.

Mi mensaje es que sigan haciendo estas protestas, de manera más persistente y regular, y cuando el régimen comprenda el aumento paulatino de las demandas seguramente efectuará cambios.

¿Qué experiencias deberían extraer los cubanos de iniciativas como esta y la capacidad del Gobierno de movilizar a su ‘ciberejército’? ¿Podrían haber hecho algo más efectivo los usuarios que demandaban a ETECSA bajar los precios?

La mayoría de los tweets que se produjeron desde dentro de la Isla favorecen a la empresa en un 65-35%, pero es cierto que mucha gente siente temor, fundamentado por el Decreto Ley 370 y porque lo han tenido históricamente.

Conseguir que un 35% dentro de Cuba reaccione es muy significativo. Me parece importante generar espacios alternativos de opinión, donde todos los influenciadores se sumen a la ola para apoyar un determinado hashtag.

Señalaría que un espacio tan amplio como dos días para hacer el tuitazo es demasiado. Yo pienso que sería mejor concentrarlo en una hora.

En un contexto como el cubano, ¿qué importancia le concede a este tipo de iniciativas ciudadanas?

Yo creo que aquí lo que tenemos es la confrontación entre el ciudadano de a pie, que solamente tiene su celular para expresarse libremente, y ese gran Estado totalitario que ni siquiera le permite ese espacio de autonomía.

Es el gran despertar de la ciudanía, de una cultura política, por lo que hay que seguir trabajando para que la gente se conecte a las redes, para que vea otras realidades y participe.

Esto puede ser importantísimo porque se empieza a generar una cultura de lo diferente. Eso que los cubanos se callaban hace años mirando frente al televisor los discursos de Fidel Castro empieza a dejarse a un lado y la gente pierde miedo a las autoridades. Es una primavera en más de 60 años de dictadura.