El pastor Bernardo de Quesada y sus fieles durante la celebración de un culto en 2016, después de que el Gobierno destruyera su templo en Camagüey. RELIGIÓN EN REVOLUCIÓN.-

El Gobierno cubano mantiene bajo estricta vigilancia a varias iglesias. Hostigamientos y retenciones a líderes son algunas de las violaciones que padecen las comunidades. El Movimiento Apostólico, uno de los más afectados, ve como única esperanza la renovación de la Ley de Asociaciones.

YOE SUÁREZ para DDC. La Habana 

—“Lo que hace el Estado es sembrar el terror en la comunidad donde está la iglesia para que las personas no se acerquen (…) reúnen a los maestros antes de que empiece el matutino y les informan que la iglesia será demolida y que yo iré preso”, dijo el pasado 24 de diciembre Alain Toledano, en la periferia de Santiago de Cuba, donde está ubicada la comunidad de la cual es líder espiritual.

En 2007 y 2016 la rústica estructura erigida para cobijar y reunir a los feligreses fue demolida por las autoridades locales con el argumento de que eran ilegales al no estar registrados como asociación ante el Ministerio de Justicia. El pasado 10 de diciembre llegó a su casa una citación a la estación policial. Ese fue su “regalo” de Día Internacional de los Derechos Humanos.

Toledano ha sido detenido e interrogado por la policía política varias veces. Pertenece al Movimiento Apostólico, una red de 20 iglesias evangélicas de rápido crecimiento que el Gobierno cubano se niega a incluir en el Registro de Asociaciones.

La religión siempre ha sido un tema crítico en la política cubana. Si bien la Constitución establece la libertad de conciencia y de religión, en la práctica sucede lo contrario. El Movimiento Apostólico no es el único afectado, la Alianza Evangélica Latina denunció en 2019 persecución contra líderes de dos de las iglesias más populares de la Isla: Asambleas de Dios y la Liga Evangélica de Cuba. Ni la Iglesia Católica –que ha mediado en las relaciones con otros países y la liberación de presos políticos— se ha librado de la vigilancia; puede hacer procesiones o misas públicas, por ejemplo, pero siempre a condición de un permiso.

Joel Ortega, presidente del Consejo de Iglesias, considerado oficialista y con sede en La Habana, aseguró que en el país hay libertad religiosa: “Lo que no quiere decir que no haya casos muy particulares”. Sin embargo, con respecto a las denuncias del Movimiento Apostólico dijo que le parecían “fantasmas” del pasado.

Varios líderes espirituales consideran necesaria una Ley de Culto o, como aconsejó el filántropo y escritor Teo Babún, implementar normas adicionales: “establecer términos y procedimientos, tanto de las regulaciones de la Iglesia y el Estado como las medidas legales para el ejercicio de los derechos”, opinó en un artículo para la Association for the Study of the Cuban Economy, de la Universidad de Miami.

Apóstoles y profetas

Otro caso de hostigamiento a iglesias ocurrió en Camagüey. Bernardo de Quesada, alerta con cada fibra de sus casi dos metros, examinó al visitante con ojos a medio abrir, mientras se amasaba el rostro con una mano gigante. Tras un breve interrogatorio explicó que ha recibido a muchos periodistas y también lo han visitado agentes de la Seguridad del Estado.

El barrio donde vive, en la periferia camagüeyana, lleva por nombre Versalles. Para llegar donde Quesada se anda buena parte del Callejón del Ganado, y luego por caminos que parecen calles sin serlo. Un zapato torpe puede acabar en charcos o untado de una arcilla arenosa que hace sonoros los pasos. Zinc, ladrillos desnudos, paredes humedecidas: casas que nacieron a ambos lados del camino con el orden de la carestía. Rosada, de jardín con césped vivo, amurallada: es fácil encontrar la residencia del Apóstol.

El 8 de enero de 2016, sobre las 4:00 de la madrugada, efectivos del Ministerio del Interior destrozaron la puerta de Quesada. Christian Solidarity Worldwide (CSW), una ONG británica, relató que el líder y su esposa, Damaris, fueron llevados a prisiones distintas mientras, en el patio de la vivienda, echaban abajo la estructura que servía de templo. Horas más tarde los liberaron; semanas después el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, visitaba la Isla.

Mervyn Thomas, presidente ejecutivo de CSW, se pronunció al respecto: “Contrario a las esperanzas de muchos de que el diálogo político con Estados Unidos y la Unión Europea podría dar lugar a una mayor libertad en Cuba, en el último año hemos visto un retroceso grave en materia de libertad religiosa o de creencias”.

Según el Ministerio de Justicia, Cuba tiene 2.000 asociaciones registradas, de las cuales 400 son deportivas, 200 culturales y 1.200 fraternales. De estas últimas, 600 son religiosas, dentro de las que se cuentan 55 evangélicas. El Movimiento Apostólico tiene varias diferencias doctrinales con otros movimientos evangélicos. Sin embargo, para algunos pastores estas diferencias no son insalvables.

Un equipo del estatal Centro de Estudios de América abrió una investigación que se hizo pública en 2005: Los llamados Nuevos Movimientos Religiosos en el Gran Caribe. El libro condenaba la Doctrina de la Prosperidad, supuestamente practicada por el Movimiento Apostólico o neopentecostales, porque “personas necesitadas entregan corazón y recursos a cambio de una prometida bendición material”.

El texto asegura que varios líderes protestantes reaccionaron ante la aparición de los neopentecostales “por la amenaza que representa para la unidad de la iglesia nacional (…). Se han desprendido congregaciones a causa de este movimiento y pudieran producirse otras separaciones”.

La Biblia menciona cinco cargos ministeriales: apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Para Alberto Delgado, fundador de una iglesia evangélica en Miami, con 5.000 seguidores, los dos primeros “marcan un punto de gobierno”. Por años, muchos creyentes “teniendo sobre su vida un llamado a ser apóstoles y otros profetas, lo escondieron por temor a ser tildados de arrogantes”, y “no eran reconocidos por la Iglesia”. En su opinión, esa actitud detonó el Movimiento Apostólico a inicios del siglo XXI en Estados Unidos. Delgado dijo que, “lamentablemente”, muchos se han autoproclamado apóstoles y profetas no solo en Estados Unidos “sino también, y quizá con mayor amplitud, en Latinoamérica”.

Miedo y desconfianza

El domingo se abre un amplio portón entre la casa de Quesada y otra, contigua, también de rosado. A la entrada hay personas de camisa y saya larga recibiendo sonrientes con folletos a quienes pasan y siguen adentro. Me detengo y pregunto por Quesada.

—Sí, está —me miran extrañados.

Unos muros de tres metros amurallan el patio de ambas viviendas. Comparten un amplio patio, casi del tamaño de un terreno de voleibol. En un extremo hay una carpa verde a dos aguas, hecha de fibra de sacos. Al lado, un almendro extiende la sombra. Del muro cuelgan banderas de varios países americanos, de Israel hay dos, de Cuba también. Cientos de sillas plásticas se ubican en forma de medialuna entorno al proscenio.

Al rato, se acerca uno de los hombres que me recibió en la puerta.

—¿Usted quería ver al Apóstol? —dice y me da un beso en la cara antes que pueda alejar la mejilla.

—Sí —le digo y se retira.

Al minuto llega otro, más joven que el anterior, con un solapín que dice Anciano. Amable, pregunta si tengo cita con el Apóstol.

—Me dijo que viniera hoy por acá.

—¿Por qué quiere verlo?

—Dígale que es el periodista.

Palmea mi hombro y desaparece. En breve regresa y pide que lo siga. Detrás de mí, en la terraza de la casa, está Quesada con una camisa de hojas tropicales, pero oscuras.

—¿Dime?

—Usted me dijo que podía venir a tomar fotos el domingo…

—No, te las vamos a dar después.

Dos cámaras graban los cultos frente al púlpito, a unos diez metros. Pregunto por la calidad de las imágenes y parece incómodo con mi insistencia. Dice que en la tarde me las dará. De regreso a mi asiento los instrumentos musicales empiezan a afinar, y pienso en cómo Quesada no ha dejado de sugerir qué debo escribir en el reportaje. En nuestro primer encuentro aseguró tener “nociones de periodismo”, y pidió le enviara mis preguntas por correo electrónico. “En su momento le completo todo”, prometió.

Un solo de piano abre el culto y con las primeras notas un muchacho se me acerca:

—Recuerda que dice el Apóstol que guardes la cámara.

“Yo imagino que esta palabra que daré va a romper enfermedades y problemas almáticos“, dice Quesada, acercándose tanto el micrófono que entre frase y frase se le oye respirar. “Casi siempre los problemas cardiacos tienen que ver con heridas del alma: odio, falta de perdón, lastimaduras sin sanar. La incredulidad, el ateísmo y el confiar en hombres perversos: problemas respiratorios. El cáncer es rebeldía: células que se reproducen entre sí y no quieren ser parte positiva y colaborativa de un cuerpo, gente que quiere construir de manera independiente con su agenda y no con la agenda de Dios”.

A mi lado hay una cámara apuntándome. Luego el joven que la manipula se va a filmar otras caras. Hay, entre la congregación, al menos cinco celulares grabando, solo yo lo tengo prohibido. “Les voy a contar algo que no van a decirles en ninguna iglesia del globo terráqueo…”. La corriente se va, hay un apagón inesperado, y Quesada sigue a viva voz. Se oyen sílabas sueltas. “Lo almático afecta lo fisiológico. Presión alta: mental. Migraña: mental. Artritis: mental. ¿Han visto gente que a los 30 ya parecen viejitos? ¡No te untes más crema!”

El Apóstol invita a pasar delante, cerca del púlpito, a quien quiera ser ministrado en sanidad interior. Solo una señora en silla de ruedas y yo nos quedamos al fondo, sentados.

“Guerra”, “operación rescate”, “perdonar los pecados de nuestros padres y abuelos”: pareciera que las frases de Quesada no tienen sentido político, solo espiritual. Sin embargo, sus redes sociales sí han tenido palabras muy duras contra el estado de cosas en Cuba, la falta de libertades, y habitualmente comparte noticias de medios censurados por el Gobierno.

Luego Quesada pide que suban al púlpito los presentes de entre 14 y 25 años. Casi media iglesia lo hace. “Generación de cambio, cambio en la familia, transformación. La generación que cambia la historia, la nación. En 2018 empezaron cambios para este país. Esta es la generación que afectará la cultura, la política, las redes sociales, la mente empresarial”, ora Quesada.

Clausuras y demoliciones

En 2013 la iglesia pastoreada por Jesús Hernández en La Habana fue clausurada forzosamente. Más de 200 personas quedaron sin lugar de culto. Agentes de la Seguridad del Estado confiscaron sillas e instrumentos musicales, y sellaron las puertas del inmueble. Hernández consideró el ataque consecuencia de su amistad con la red carismática en expansión Movimiento Apostólico.

Este caso fue el eje de uno de los primeros informes de CSW, que en 2016 emitió denuncias referentes al asedio al Movimiento Apostólico en Cuba. Según la ONG, la Oficina de Asuntos Religiosos del Partido Comunista justificó aquel primer choque con una disputa sobre la propiedad del templo. Templo que llevaba 15 años brindando servicios.

En octubre de 2013 CSW también se había pronunciado: denunció un intento de confiscación de “una propiedad que sirve como sede nacional” en la ciudad de Camagüey. Reportaba, además, que la familia del pastor Yiorvis Bravo fue “víctima de acoso continuo” y “actos de repudio”. La revista Impacto señaló en aquel momento que el primer secretario del Partido Comunista provincial, Jorge Luis Tapia, se reunió e instruyó a periodistas de radio, prensa y televisión estatales para publicar “piezas difamatorias dirigidas contra los líderes de la iglesia”.

En octubre y noviembre de 2015 hubo amenazas de demolición del templo Rey de Gloria, en Victoria de Las Tunas. Juan Carlos Núñez, frente aquella iglesia apostólica, alegó que el terreno era propiedad privada y había aprobación estatal para construir o realizar cambios en él.

Un mes luego de recibir el permiso, Nuñez fue informado por la oficina de Vivienda que había sido revocado “y que la iglesia iba a ser demolida” —narró la cadena CBN News—. El pastor pidió a sus seguidores orar y realizar una protesta pacífica. “Inicialmente, las autoridades se echaron atrás en el ultimátum de cinco días y acordaron discutir el destino de la iglesia con el abogado de la congregación. Pero la anulación no se dio”.

La destrucción se produjo el mismo día que en Camagüey ocurría la de Bernardo de Quesada. CSW aseguró que “decenas de creyentes” del Movimiento Apostólico en Camagüey, Las Tunas y otras partes del país fueron recluidos en sus casas o detenidos, posiblemente “para que no fueran al sitio de las demoliciones”.

En abril de 2016 la ONG londinense reportó la cuarta iglesia arrasada por el Gobierno en lo que iba del año con el argumento de que eran ilegales. Mario Travieso, reverendo de esa congregación en Victoria de Las Tunas, dijo que fue detenido y amenazado con siete años de prisión si hablaba públicamente sobre el incidente. Cuando lo liberaron y regresó a la granja, ya una excavadora había destruido la zapata y la plataforma de tierra y ladrillos.

No fue aquella la primera vez que vio su templo vejado. En 2004, “diez patrullas, ambulancias, rastras y francotiradores cercaron la iglesia”, dijo Travieso. Decomisaron bancos, luces, cables, equipos eléctricos y herramientas para construir. “El robo ascendió a 20.000 dólares”, declaró airado, “y tengo papeles para probar que todo era legal”. Ese año, Cuba entró a la lista de observación de la Comisión Estadounidense para la Libertad Religiosa Internacional.

Aunque lleva “más de 25 años pastoreando”, el ministerio de Travieso “nunca ha sido reconocido por el Gobierno”. En 2008 afilió a Viento Recio y sus 500 miembros al Movimiento Apostólico. “Fidel, para quitarse problemas de arriba decía ‘este es contra’. Yo no soy revolucionario porque la Revolución es ateísta, pero el Movimiento Apostólico no quiere meterse en política, solo tener un lugar en este país para adorar a Dios en paz”.

“Quienes no se autocensuran y permanecen fieles a los valores de sus religiones como antídotos ante el miedo reciben el mismo trato de los disidentes políticos —declaró en un Informe de 2019 el Instituto Patmos, que monitorea la libertad de culto en la Isla—, y son acusados por el régimen de entrometerse en política; como si no fuera precisamente la política la que afecta sus libertades”.

Un asunto de leyes

En 2016 la jefa de la Dirección de Asociaciones, Miriam García, dijo a la agencia IPS que la legislación (vigente desde 1985) debe “adecuarse al momento histórico-social que vive el país”, y confirmó que pretendía renovar “un número muy alto de normas”. Sin embargo, Eldis Baratute, diputado electo en 2018, dijo no haber visto ante el Parlamento cubano algún anteproyecto actualizador. Es decir, la llegada del nuevo presidente, Miguel Díaz-Canel, no ha significado avances en la modificación del cuerpo legal sobre asociaciones.

A finales de 2019 algunos medios filtraron el cronograma legislativo del Parlamento cubano. Allí constaban reuniones a celebrar en septiembre de 2020 para “tratar” los derechos de manifestación y reunión, tan limitados en Cuba como el de asociación. Pero de este último no había ninguna mención en el cronograma.

Anna Lee Strang, jefa de abogacía de CSW, explicó que si bien es importante un cambio referente a la libertad de reunión, no cree que “ayude mucho a grupos como el Movimiento Apostólico, porque la ley cubana aún dice que tienen que estar registrados, y mientras el Partido Comunista a través de la Oficina de Asuntos Religiosos los siga bloqueando, los considere ilegales, afectará hasta las propiedades donde se reúnen”.

Sin embargo, en lo relacionado a una Ley de Asociaciones (aún no anunciada), su percepción es distinta: “Sí es importante legalizar a todos los grupos religiosos en la Isla. Sí es necesario que se registren. Ese proceso debe ser transparente, con requisitos muy claros y públicos, de acuerdo con la ley internacional que protege la libertad religiosa y con la posibilidad de apelar una decisión negativa, algo que no existe bajo la sistema cubano actual”.

“Pero sería aún mejor que el Gobierno cubano reconozca el derecho de todos los cubanos a reunirse de manera libre y pacífica y ser parte de asociaciones y grupos. Esos son asuntos personales, y creo que cada cubano, con el nivel educativo que tienen allí, es capaz de tomar su propia decisión sobre si quiere asistir a un evento religioso o no”, dijo la experta en libertades civiles que recién publicó el informe 2020 sobre libertad religiosa en Cuba.

Reinier Guerra es líder de unos 70 jóvenes en una comunidad apostólica al oeste de La Habana. Los domingos, se reúnen casi 3.000 personas en una vivienda donada al Movimiento Apostólico. Mientras una parte está habitada, en el amplio patio cementado “se quita y se pone una carpa cada domingo o cuando hay algún evento”.

El registro del Movimiento Apostólico no solo evitaría la persecución, sino que estas iglesias tendrían la posibilidad de mejorar las condiciones de los templos. “Alcanzarían personalidad jurídica, y con ello posibilidades de abrir cuentas bancarias y obtener licencias comerciales sin fines de lucro”, dijo un funcionario del Registro de Asociaciones que pide no ser identificado. Pero, “la inscripción puede negarse cuando las propuestas resultan lesivas al interés social o existiera otra sociedad con objetivos parecidos”.

Thomas, presidente ejecutivo de la ONG británica, aseveró que “el Estado se niega a registrar” a los apostólicos y pidió a la comunidad internacional condenar “la campaña de hostigamiento e intimidación dirigida a un grupo de personas que no ha cometido ningún delito”, pero la ilegalidad justifica a los ojos del Gobierno las continuas rachas huracanadas contra iglesias, como ocurrió el año pasado.

En su patio de Camagüey, Quesada predicaba que la mayor revelación en 53 años de cristiano ha sido cómo liberar “arrastres del alma”. En su templo una bandera cubana ondea vertical en el pedazo de muro tras el púlpito. En dos franjas cosió las palabras “Cuba” y “Libre”.

*En alianza con CONNECTAS.-