Donald Trump y, a la derecha, Nancy Pelosi, líder demócrata a cargo del ‘impeachment’.

‘Todos sabemos que en las próximas elecciones vamos a salir a votar no por uno de dos candidatos, sino por una de dos revoluciones.’

 

Andrés Reynaldo para DDC, Miami.-

—Lo dijo el representante Barry Loudermilk, republicano por Georgia. Poncio Pilatos le concedió a Jesús, al menos, la ocasión de enfrentar a sus acusadores. No así los demócratas de la Cámara de Representantes al presidente Donald Trump.

Este es el momento, lo sé, en que el lector antitrumpista abandona la lectura de mi nota. Dado por descontado que, para muchos, Trump es el Anticristo. Para mí, lo aclaro, dista de ser el Salvador. En aras de la metáfora, lo veo en un perfil a lo Moisés.

Con las burkeanas tablas del conservadurismo nacionalista reveladas en la zarza ardiente de Washington, Trump conduce a las 12 tribus republicanas (algunas, por lo demás, reluctantes) a través del desierto de la corrección política, el multiculturalismo, los excesos del Estado de bienestar, la inmigración incontrolada, la corrupción de las elites de centroizquierda y centroderecha, la autocomplacencia de la burocracia federal y el auge de un socialismo nihilista, iletrado y agresivo capaz de espantar al mismo Lenin. La lista puede ser más larga.

Trump tendrá que esperar a noviembre para ver si llega a la tierra prometida de un segundo término. Pero ante la decisión de someterlo a un juicio político, aprobada el miércoles por la mayoría demócrata de la Cámara, se han partido las aguas del discurso civil en EEUU. Esta campaña por la Casa Blanca supera ya el habitual marco de la alternancia en el poder. Todos sabemos, republicanos, demócratas e independientes, que en las próximas elecciones vamos a salir a votar no por uno de dos candidatos, sino por una de dos revoluciones.

Culpable o inocente, Trump no ha recibido de los demócratas una acusación probada “más allá de la duda razonable”, el estándar de la Justicia norteamericana lo mismo para un genocidio que una multa de tránsito. Los dos artículos de la acusación no incluyen la descripción de delitos específicos. O sea, fuera de las abstracciones de abuso de poder y obstrucción al Congreso, el acusado ignora el detalle de los delitos que alegadamente cometió. Más claro aún: te acusan de asesinato sin decirte a quién mataste.

La conciencia, el sentido común o simplemente las encuestas han hecho mella en el campo de los fiscales. Dos demócratas votaron contra ambos artículos y otro contra uno de ellos. Un representante por Nueva Jersey, Jeff Van Drew, se pasó al bando republicano. Tulsi Gabbard, representante por Hawai y candidata a la nominación de su partido, se abstuvo de votar.

Representantes y senadores demócratas de distritos centristas auguran que serán castigados por esta fallida expedición de pesca. En contraste, no hubo fisuras en las filas republicanas. Ni siquiera entre los 20 representantes que han anunciado su retiro y ya no tienen que buscar el favor del ciudadano ni temer la ira de Trump.

A tono con la tragedia clásica, la embestida de los enemigos de Trump lo encuentra en el apogeo de una presidencia que hasta hoy ha cumplido todas sus promesas. El desempleo está en su punto más bajo desde hace medio siglo. Según The Wall Street Journal: una apertura de siete millones de posiciones para seis millones de personas en busca de trabajo, con el notable beneficio de mujeres, hispanos, negros y jóvenes. Por primera vez en más de 60 años, EEUU prácticamente ha dejado de importar combustible, convirtiéndose desde el 2018 en el principal productor mundial de petróleo y gas natural. Renegociación favorable de acuerdos con México y Canadá, reducción de la inmigración ilegal, imposición de tarifas a China, con la creíble expectativa de una relación basada en el mutuo provecho, creación de una Fuerza Espacial como sexta rama de las fuerzas armadas….Esta lista también puede ser más larga.

Tres años lleva el Partido Demócrata sin entender que Trump no es la causa sino el efecto. Aldous Huxley dijo que los hechos no dejan de existir porque se les ignore. De la negación de la realidad a la confusión, de la confusión a la parálisis, los demócratas han perdido el tiempo de forjar un nuevo rumbo. De su multitud de candidatos presidenciales, es Joe Biden, el más conservador, el que menos concesiones hace a La Resistance, quien encabeza las encuestas. No extraña que sea el más repudiado en sus propias bases.

Concebido para ser derrotado, este juicio político acaso solo haya servido para que millones de norteamericanos acaben por conceder al efecto la relevancia de la causa.