Pioneros cubanos (Imagen de referencia)  Foto © CiberCuba.-

 

Educar es poner coraza contra los males de la vida / José Martí.

—El doctor Sergio Pérez, cubano con 40 años de ejercicio profesional y autoridad mundial en Psiquiatría, especialista en suicidios; abre en canal a la sociedad cubana contemporánea y -razonando- contrapone al discurso oficial de lo real maravilloso una Cuba de ahora mismo, que se mueve entre la simulación y el dolor; con más penas que alegría y menos virtudes de las que asegura la politiquería simplona del tardocastrismo.

El inventario del desastre de Cuba pasa por los antivalores adquiridos por una mayoría de cubanos que los usan en sus relaciones personales dentro y fuera de la isla.

Dr. Sergio Pérez / Cortesía

CiberCuba abordará los antivalores del cubano en varias entregas, fruto de conversaciones sostenidas con el doctor Pérez, a raíz de su primera entrevista.

Muchos cubanos, incluidos una parte de quienes viven fuera de Cuba, están persuadidos de ser originarios de un país único, llamado a desempeñar grandes roles en la historia de la humanidad y de ser lo máximo, expresión socorrida para identificarse como un ser superior.

El estrecho chovinismo de quienes consideran a Cuba un país llamado a jugar un protagonismo importante en la historia de la humanidad, hace que el cubano inculto y desconocedor de otras realidades lo considere una verdad absoluta.

Todos los países tienen su historia grandiosa para ellos y tienen su papel mayor o menor en el concierto de naciones.

Muchos cubanos que nunca han podido viajar fuera de Cuba y sin acceso a fuentes de información objetivas sobre el mundo y países extranjeros son víctimas de un discurso oficial que premia la amistad política hacia el gobierno -no hacia la nación y sus ciudadanos- y castiga al país y las personas donde gobiernan adversarios políticos.

¿Qué papel ha desempeñado la educación de las nuevas generaciones en su conducta y visión del entorno y del mundo y como ha sido permeada por el peso descomunal de la ideologización al servicio del poder?

En Cuba no se educa, sino se domestica; desarrollando en la mayoría de los cubanos una indefensión aprendida que les hace aceptar lo inaceptable y les impide defender sus derechos ciudadanos por no saber valerse de sus propias fortalezas.

La escuela cubana cercena las fortalezas personales y aquellos alumnos que intentan salirse del carril son amenazados. Generar miedo en los estudiantes es la mejor estrategia para evitar que piensen con cabeza propia.

Y, además de una educación sesgada ideológicamente y utilitaria al servicio del poder, influyeron otros factores desestabilizadores para los cubanos, que fueron:

La emigración a otros países, principalmente a los Estados Unidos de América, familiares y amigos a los que no se les vería nuevamente o con los que no te podías comunicar so pena de ser etiquetado como gusano, término que se empleaba para referirse a los que no compartían las políticas gubernamentales.

La imposibilidad de asumir abiertamente la fe religiosa pues el resultado era la marginación, la exclusión social.

Estas realidades se pretenden negar actualmente lo cual refrenda otro antivalor que es adulterar  la historia de Cuba, a conveniencia de quienes la dirigen, lo cual es un atentado a la memoria histórica, a la inteligencia del cubano y a los que sufrimos estas decisiones, que conspiraban contra la  unidad de la familia cubana.

El respeto se ha perdido entre los alumnos y sus maestros pues quienes imparten clases a los niños y adolescentes en nuestro país son otros adolescentes o muy jóvenes quienes carecen de la debida maestría pedagógica, borrando las necesarias fronteras entre el educador y el educando. Incluso, algunos tienen serios problemas de carácter que les impiden contenerse o comportarse normalmente.

Ahora se habla de la importancia de la relación familia-escuela-comunidad, pero los maestros no instruyen ni educan, en su mayoría, pues se han graduado generaciones de estudiantes de primaria, secundaria, preuniversitario y universitarios con múltiples faltas de ortografía y muchas carencias, que en otros tiempos impedían que el estudiante avanzara al grado inmediato superior.

La familia no ha corrido mejor suerte que la educación, que son pilares de cualquier nación, pero en Cuba sufren perversiones sistémicas.

La familia, célula fundamental de la sociedad, ha sido blanco de diversos atentados a su integridad, estabilidad y buen funcionamiento por múltiples situaciones como:

Los círculos infantiles a los cuales se podían llevar los lactantes con apenas cuarenta y cinco días de nacidos para que la madre trabajadora pudiera incorporarse a sus labores.

Las becas desde el séptimo grado, cuando los niños apenas habían cumplido los 11 años en la generalidad de los casos y se les separaba de sus familiares que podían verles según el régimen de pases que tuvieran (semanal,  quincenal o mensualmente).

Las movilizaciones de trabajadores y estudiantes a laborar en lugares alejados de sus hogares en los que podían permanecer durante meses sin retornar al seno familiar.

En los últimos años, se empezó a usar en el discurso oficial la palabra integralidad como calificación académica de estudiantes. ¿Que significado real tiene ese vocablo?

La integralidad es un recurso empleado para manipular a los estudiantes y ocasiona un resultado injusto pues no son los resultados académicos los que predominan en las evaluaciones sino un perfil de graduados que responde a los intereses del poder y su discurso cacareante.

Por ejemplo, equivocadamente, la integralidad presupone que a los pacientes les interese más que su médico sepa cantar, correr, bailar, que sea militante, que haga trabajo voluntario y que sea colaborador internacionalista. Cuando a un paciente lo que realmente interesa es que que el médico descubra la afección que le aqueja y le imponga el tratamiento adecuado para su mejoría o curación, nada más.

Doctor Pérez, hecho el diagnóstico, se impone el tratamiento y curación. ¿Qué sugiere para revertir los males educativos y familiares de Cuba?

Evitar programar el futuro de los seres humanos, que no son medios básicos ni fondos fijos de quienes -detrás de un buró- planifican la vida ajena, calculando cuántos maestros, médicos, etcétera, se necesitan, pues son dirigentes estadísticos, para quienes el sujeto es un numero no una persona  con libertad para elegir lo que considere es su vocación.

Enseñarles a pensar desde el inicio de la vida escolar por lo que deben ocupar esos primeros grados los profesionales más capaces y con maestría pedagógica excelsa.

Enseñarles el respeto propio y al otro, la tolerancia aceptando al otro, aunque no haya que imitarle.

Enseñarles a negociar, no a resolver los conflictos a través de la violencia.

Diversificar la educación, con la posibilidad de que existan escuelas laicas pero también religiosas como católica, bautista, metodista, y otras.

Educar para hacer ciudadanos del mundo con conocimientos que les sirvan para adaptarse a cualquier cultura, incluido el aprendizaje desde edades tempranas de los idiomas principales que se hablan en el mundo, las principales corrientes filosóficas y de pensamiento, incluidas las religiones, informática y nuevas tecnologías.

Enseñar a los alumnos reglas de urbanidad, para que aprendan a cómo comportarse en un restaurante, en un cine, que sepan cómo comer y vestirse y cómo tratar con respeto y decencia a sus semejantes, empezando por su familia y amigos.

Introducir valores ecológicos reales y no obligarles a repetir discursos políticos sobre la naturaleza, sino a que adquieran cultura de respeto al medio ambiente.

Enseñarles a estudiar para aprender no para vencer los exámenes. Respetar a los estudiantes en sus individualidades y tratarlos con autoridad pero con justicia.

Que el estudiante desee ir a la escuela no que tenga que ir a la escuela.

No hacer pruebas de Matemática, Español ni Historia para ingresar a las carreras universitarias, sino someterlo a pruebas de aptitudes y actitudes específicas para la carrera que aspiran.

Un problema de la educación mundial es la cantidad de jóvenes que aspiran a ser universitarios y la incapacidad de los mercados de trabajo de absorberlos a todos, una vez graduados.

Quizá haya que estimular el promocionismo hasta el noveno grado y permitir el pase a preuniversitario a los que realmente hayan vencidos los contenidos de Secundaria Básica.

A los que han sido promocionados sin haber vencido los contenidos, dirigirlos a escuelas de oficios, escuelas talleres, etcétera. para que aprendan un trabajo mediante el que se puedan ganar la vida honradamente.

En Cuba comienza a generarse una tendencia de parte de los graduados de noveno grado que optan por formación media para insertarse antes en el mercado de trabajo, unos por necesidades económicas familiares y otros por un afán de riqueza temprano, que no es del todo negativo, siempre que el marco jurídico asuma la riqueza como algo deseable y no convierta al joven con aspiraciones de progreso material en delincuente.