La familia de Tejada fue advertida de las posibles consecuencias que tendría no llevar al menor a clase. (Jerusalem Post).

 

Un padre denuncia que se impida a su hijo asistir con kipá a clase mientras otros alumnos portan otros distintivos.

La Habana / 14YMedio

—El pasado lunes 6 de enero, primer día de clases tras las breves vacaciones de fin de año, se cumplió el ultimátum dado por la Fiscalía de Nuevitas, en la provincia de Camagüey, para que dos estudiantes judíos aceptaran quitarse la kipá para poder entrar en la escuela, un requerimiento que ampara el reglamento, según el centro.

El reglamento escolar se apoya en una resolución de 2015 del Ministerio de Educación que “prohíbe la utilización de prendas, adornos, accesorios u otros elementos no acordes con el uniforme escolar” pero no especifica que la prohibición se extienda a los símbolos religiosos.

De hecho muchos estudiantes llevan crucifijos, medallas con santos católicos y pulseras de la religión yoruba. El jefe de los inspectores de educación provincial en Camagüey aseguró a Olainis Tejeda, padre del menor, que “esas eran violaciones que se habían estado cometiendo al reglamento escolar, pero que se iban a rectificar poco a poco” cuando éste le preguntó por el diferente trato.

La Fiscalía municipal advirtió de que si los padres persistían en su propósito podían incurrir en el delito de “actos contrarios al normal desarrollo del menor” previsto en el artículo 315 del Código Penal

Tejeda lleva tres años intentando que las autoridades escolares entiendan que sus hijos tienen derecho a llevar este símbolo religioso cuyo uso, en el caso del hijo mayor, ha sido además causa de bullying de parte de otros niños, sin que se hayan tomado las medidas adecuadas para impedirlo.

Tras un largo proceso de quejas y apelaciones llegó la “solución” cuando la Fiscalía municipal advirtió de que si los padres persistían en su propósito podían incurrir en el delito de “actos contrarios al normal desarrollo del menor” previsto en el artículo 315 del Código Penal.

Este artículo obliga a los padres a no descuidar la manutención y educación de los hijos y en su tercer inciso especifica que el que induzca a un menor de edad “a faltar a la escuela, rechazar el trabajo educativo inherente al sistema nacional de educación” puede ser sancionado con privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas cuotas o ambas”.

Tejeda contó que la abuela materna de los menores había sido también amenazada y que en los últimos días del año pasado un agente de la Seguridad del Estado le advirtió de que cuando metieran presos a los padres de los muchachos ella tendría que responsabilizarse de ellos. El oficial aseguró que si ella insistía en que sus nietos llevaran esos símbolos a la escuela también iría presa.

Tejeda argumenta que no se niega a que sus hijos asistan al centro docente, sino que reclama el derecho a que puedan usar dentro del local sus símbolos religiosos. “Es la escuela la que les impide entrar si no se quitan la kipá”, explicó a 14ymedio.

A finales de diciembre Liusdán perdió la posibilidad de realizar la prueba de Educación Artística porque se le prohibió el acceso. “Para colmo, ese día y todos los demás que no pudo entrar se lo cuentan como ausencias injustificadas”, señala el padre.

En Cuba no radica un rabino permanente por lo que no hay una comunidad judía, propiamente dicha, solo asociaciones. Esta religión carece de un interlocutor reconocido por las autoridades, así como nadie tiene atribución para “registrar oficialmente” la pertenencia al judaísmo.

En la década de los 50 la población judía en la Isla rondaba las 15.000 personas, la mayoría de ellas en la capital. Después de 1959, el 90% emigró, principalmente a los Estados Unidos. En la actualidad la cifra de judíos que viven en Cuba es aproximadamente de 1.500.

Entre las principales instituciones judías presentes actualmente en la Isla se encuentran la Comunidad Religiosa Hebrea Adath Israel de Cuba, el Centro Hebreo Sefaradí de Cuba, la Unión Hebrea Chevet Ahim y el Patronato de la Casa de la Comunidad Hebrea de Cuba. Camagüey y Santiago de Cuba cuentan con sinagogas.

Olainis Tejeda explica que su abuelo, de origen gallego, a quien solo conoció por referencias, fue su primera influencia para practicar esta religión. “Mis tías me contaban que declamaba en una lengua que nadie entendía. Luego supe que eran fragmentos de la Torá recitados en hebreo”.

Cuando Juan Pablo II hizo públicos los procesos de la Santa Inquisición se puso a leer sobre el tema “por pura curiosidad intelectual” entonces vio que su apellido podía ser de origen judío y siguió investigando. Se confirmó así en esa fe identificándose con la rama Bnei Anusim, que son los descendientes de los españoles a quienes la Inquisición obligó en el siglo XV a convertirse al cristianismo.

“He escuchado que cuando un judío entra a un lugar donde puede usar la kipá sabe que está en un lugar seguro, si tiene que quitársela ese lugar no es seguro para un judío” expresa Tejeda, y añade: “A veces tengo la impresión de sentir lo mismo que nuestros antepasados con la diferencia que esta vez nos pretenden convertir al ateísmo.”