Mural del proyecto Akokan en El Pocito. (K. BISQUET).-

                              500 AÑOS DE LA HABANA

—La Escalera. Enfoquémonos en La Escalera, esta no tan pequeña comunidad del barrio Los Pocitos, en el municipio de Marianao. La Escalera que, como su nombre indica, se debe a una casi escalera que desemboca en el casi río Quibú que divide a Los Pocitos de El Palenque, perteneciente a La Lisa, se ha convertido en uno de los mayores llega y pon de La Habana. Este barrio corresponde a uno de los más marginales de la provincia, con un alto nivel de precariedad y violencia como otros tantos barrios de La Habana, donde la policía apenas se atreve a entrar. Pero como mismo puede ser de bravo este lugar, también puede ser muy vulnerable.

Los años de marginalidad y pobreza se acumulan sobre las piedras de cocoa, de donde mismo se saca el polvo de piedra para construir casas improvisadas. La gente de aquí tiene esa suerte de cetáceo, de carapacho duro, resistente. Unos niños pequeños que dejan de gatear antes del año, cargados por una bisabuela de 50 años, con una abuela de 37 y una madre de 18. Pero La Escalera es paliada por otras cosas, sus niños jíbaros, sus ñáñigos, sus ceibas, sus nativos, sus emigrantes, su microclima, en su profunda oscuridad, se convierte noche tras noche en un paraíso o en un infierno bajo las estrellas.

En los últimos años surge el Proyecto Akokan, como aliciente para esta sociedad. Un proyecto que trabaja directamente en la comunidad Los Pocitos con la colaboración de artistas, emprendedores, entidades humanitarias y organizaciones no gubernamentales destinas a la protección medioambiental.

Akokan, corazón en yoruba, ha logrado desarrollar una sensibilidad en los lugareños, de arreglar y construir un ambiente favorable para la familia. Ellos vienen con un concepto de embellecimiento para mejorar la calidad de vida, si bien no está entre sus manos acabar con la pobreza, si está en sus objetivos proponer nuevas visiones, luces, caminos.

Quizás surja algún encuentro con el patetismo el hecho de pintarles flores al vertedero, lo cierto es que este proyecto camina hacia lo práctico y funcional, en cuanto arregla esta escalera y los lugareños responden a la cooperación, en cuanto educa y trae otras oportunidades de juegos a los niños, crean confianza, intercambio, abertura.

Un lugar con un gran asentamiento de la sociedad abakuá, riqueza cultural y religiosa, se abre, palpita, se vuelve a sentir paraíso.