Trump y Biden se juegan la Casa Blanca, sobre todo, en las batallas de Arizona, Carolina del Norte, Florida, Míchigan, Pensilvania y Wisconsin.

 

Javier Ansorena Javier Ansorena / ABC.
David Alandete David Alandete / ABC.
Nueva York – Washington Actualizado:

—Algo menos de 80.000 votos cambiaron la historia de EEUU en 2016. Si Hillary Clinton hubiera conseguido ese número de votos en tres estados decisivos –Pensilvania, Míchigan y Wisconsin–, se hubiera convertido en la primera presidenta del país. La clave está en el sistema electoral estadounidense, en el que se asigna un número de electores –en función del peso demográfico– a cada estado.

La mayoría simple en cada estado entrega al candidato todos los electores (las únicas excepciones son Nebraska y Maine). Esa es la razón por la que no importa lo que se vote en California (muy demócrata) u Oklahoma (muy republicana). Todo se juega en el puñado de estados en el que las fuerzas están más parejas.

En las elecciones del próximo 3 de noviembre, la batalla por la Casa Blanca entre Donald Trump y Joe Biden se reduce a un puñado de estados donde de verdad los candidatos se juegan la elección. Sobre todo, se trata de Arizona, Carolina del Norte, Florida, Míchigan, Pensilvania y Wisconsin.

Arizona: feudo republicano amenazado por Biden

Desde 1952, solo una vez ha ganado un candidato demócrata en este estado fronterizo que le ha dado al Partido Republicano dos de sus grandes baluartes modernos, Barry Goldwater y John McCain, ambos senadores y ambos fallidos aspirantes a la presidencia. Y a pesar de que la victoria de Bill Clinton en 1996 es más bien una excepción, una nota al pie en un largo compendio de triunfos conservadores, la campaña de Joe Biden cree que puede ganar allí, algo que sería un golpe durísimo a Donald Trump y seguramente le impediría permanecer en la Casa Blanca. Lo curioso de este estado, que tiene 11 votos en el colegio electoral, es que la zona fronteriza, que es eminentemente hispana, vota demócrata, a diferencia de la capital, Phoenix, y sus suburbios, que es muy fiel a los republicanos. Las últimas encuestas dan a Biden por ganador pero por una diferencia mínima, de apenas un 3,5%, dentro del margen de error.

Carolina del Norte: una conquista de Obama

Los demócratas sueñan con que en Carolina del Norte vuelva a ser 2008. En las elecciones de aquel año Barack Obama se impuso a John McCain en ese estado por apenas 14.000 votos de un total de 4,3 millones. Era la primera vez que un republicano perdía allí desde 1976, gracias a una participación histórica de las personas de raza negra. Ahora las encuestas reflejan que tal vez Joe Biden pueda volver a ganar allí y llevarse de ese modo sus 15 votos en el colegio electoral. Pero su distancia es mínima, de 3,3 puntos, y lo cierto es que tras aquel espejismo de 2008, Mitt Romney primero y Donald Trump ganaron con cierta comodidad en 2012 y 2016. Por si acaso, Trump ha visitado con frecuencia el estado, la última ocasión este mismo jueves, el primer día de voto por adelantado en persona, que comenzó, como en la vecina Virginia, con largas colas. Por correo ya han votado medio millón de personas, frente a las 200.000 que lo hicieron hace cuatro años.

Florida: el campo de batalla más reñido

Desde hace más de 20 años, Florida siempre apuesta por el candidato ganador. No sólo eso: en 2000 eligió ella misma al presidente. George W. Bush necesitaba para ganar sus 25 votos del colegio electoral, y tras una serie de errores, denuncias y apelaciones, la Corte Suprema le dio el estado y la presidencia, pese a que obtuvo medio millón de votos menos que el demócrata Al Gore. De entre todos los estados, Florida siempre es de los más reñidos por su compleja composición demográfica: de sus 21,5 millones de habitantes; un 20% son mayores de 65 años; un 26% son latinos, y el 20% ha nacido en el extranjero. Es además un estado con abundantes bases militares y muchos soldados, además de un importante sector turístico en torno a Orlando, que se ha visto terriblemente afectado por la pandemia de coronavirus. Las encuestas reflejan un empate, con Biden por encima de Trump por un magro 2,7%, que está dentro del margen de error. El presidente se ha empadronado de hecho allí, y visita este estado casi semanalmente.

Míchigan: el triunfo por la mínima de Trump

Trump se llevó este estado por los pelos hace cuatro años. Solo una diferencia de 10.407 votos –se depositaron 4,7 millones de papeletas– permitió al multimillonario neoyorquino imponerse en Míchigan, que no había caído en manos republicanas desde 1988. También fue donde Trump obró una de las mayores remontadas, que sirven ahora para impugnar lo que cuentan las encuestas sobre la ventaja que tiene Biden. A estas alturas de la campaña, en 2016, Trump perdía por 11 puntos con Hillary Clinton, según los sondeos. En el día de la elección, se había reducido a 3,6 puntos, en la franja alta del margen de error.

Ahora, la diferencia que le saca Biden es de 7,2 puntos. ¿Podría ocurrir lo mismo? Todo es posible, pero parece que sus opciones son menores que en 2016, donde parte de la derrota tuvo que ver con que Clinton no movilizó al voto negro y el entusiasmo con Trump del amplio electorado blanco sin estudios universitarios.

Pensilvania: estado clave del «cinturón del óxido»

Pensilvania es el segundo de los estados bisagra con mayor peso de electores (20) y se nota en la campaña. Las visitas de Trump y Biden son repetidas a este estado del llamado «cinturón del óxido». Es una región industrial deteriorada –en la que también están otros estados disputados, como Míchigan o Wisconsin– en la que los demócratas se apoyaron durante décadas en su clase obrera. Pasaban las elecciones y la situación económica de este electorado no mejoraba: en 2016, a muchos les convenció el discurso populista económico de Trump y la balanza se inclinó hacia los republicanos. En Pensilvania ganó por solo 44.000 votos, frente a los casi 7 millones que se emitieron.

Este año vuelve a ser una batalla decisiva. Biden convence a ese electorado más que Hillary Clinton. Tiene la ventaja de que nació en Scranton, una de esas ciudades industriales, y lo utiliza. Las encuestas colocan al demócrata por delante, pero Trump hará un esfuerzo extra: si pierde aquí, sus opciones para permanecer en la Casa Blanca se estrechan.

Wisconsin: gran sorpresa de 2016

Fue una de las grandes sorpresas de la elección de 2016, y un ejemplo perfecto de cómo la clase media blanca trabajadora creyó en Trump y cómo el electorado negro dio la espalda a Hillary Clinton. Ganó el republicano por solo 23.000 votos, pero fue un vuelco inesperado, después de que las encuestas dieran ganadora a su rival hasta el día de la elección con más de seis puntos de diferencia.

Wisconsin vuelve a ser un lugar disputado e impredecible, con las encuestas otra vez a favor de Biden por algo más de seis puntos. La movilización será la clave. A Clinton le votaron 239.000 personas menos que a Barack Obama en este estado, con una caída de la participación del voto negro del 20%.

Wisconsin irá a las urnas después de un verano caliente, tras los disturbios y la violencia en la localidad de Kenosha. Trump aprovechó el episodio para redoblar su apuesta de «ley y orden» en un intento por retener el voto moderado. Las elecciones legislativas de 2018 ya mostraron que hay mayor energía a favor de los demócratas y, si la tensión racial lleva a la población negra a las urnas, Trump tendrá poco que hacer.