Ofrenda floral de masones a José Martí, Parque Central, La Habana (foto del autor).-

 

 

La masonería constituye la más antigua de las once Órdenes Fraternales existentes en Cuba; posee enorme relevancia para nuestra identidad cultural y social.

 

—La Gran Logia de Cuba (GLC) y el Supremo Consejo (SC) del Grado 33 para la República de Cuba conmemoran 160 años de su fundación este mes de diciembre. Pese a la trascendencia histórica de la masonería cubana, para la mayoría de los profanos el suceso pasa desapercibido y, en el ámbito masónico, las celebraciones han sido discretas. Nada menos conveniente para un régimen dictatorial que ha intentado apagar toda iniciativa independiente y libre.

La masonería constituye la más antigua de las once Órdenes Fraternales existentes en Cuba; posee enorme relevancia para la identidad cultural y social cubanas; desempeñó un papel significativo durante las guerras de independencia y, por muchos años, ha contribuido a la educación y a la filantropía. Sin embargo, a partir de 1959, los cambios político-sociales propiciaron una época de penumbra en el país que se ha extendido por más de medio siglo, afectando sustancialmente a todas las instituciones religiosas y fraternales. El resultado, además de las penurias y el miedo, ha sido una lucha por la supervivencia que ha sumido a la masonería Cubana en su período más oscuro.

Un poco de historia

Desde el siglo XIX la masonería en la mayor de las Antillas se relacionó con conspiraciones separatistas como la de Román de la Luz, los Soles y Rayos de Bolívar y la Gran Legión del Águila Negra. Asimismo, fue en logias masónicas del Gran Oriente de Cuba y Las Antillas (GOCA) donde se gestó la guerra de independencia de 1868. Personalidades como Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, Máximo Gómez y Antonio Maceo pertenecieron a estos talleres y en la manigua fundaron logias trashumantes.

Del mismo modo, poseen simbología masónica la Bandera, el Escudo y el Himno Nacional de Cuba. Si vamos a sus orígenes, vemos que los tres están hechos por masones: Narciso López, Miguel Teurbe Tolón y Pedro (Perucho) Figueredo.

José Martí, el Héroe Nacional cubano, se inició en lo Orden durante su estancia en España y mantuvo cercana relación con la Fraternidad durante toda su vida. De ella afirmaría: “Obrar irrevocablemente, perfeccionar el ejercicio de la libertad, preparar a los ciudadanos a la vida pública, ayudar al logro de toda noble idea, estos son, sin uno más, sin nada de incógnito, sin nada oculto, los misterios de la orden masónica”.

Fueron masones también tres presidentes de la República de Cuba: Tomás Estrada Palma, José Miguel Gómez y Gerardo Machado, quienes, pese a sus desaciertos, también promovieron grandes obras en el país.

Entre 1937 y 1958 la masonería adquiere un auge extraordinario producto tanto de su prestigio como por sus propuestas sociales. Para 1958 existían en todo el país unos 34 mil masones y la Institución era una de las más pujantes de América. Contaba asimismo con varias organizaciones paramasónicas como la Asociación de Jóvenes Esperanza de la Fraternidad (AJEF), las Hijas de la Acacia (rama femenina), El Zapato Escolar, El Traje Masónico, y entidades educativas de elevado reconocimiento como La Universidad Masónica de Cuba y la Escuela Nacional Masónica.

Uno de los masones más prestigiosos fue Carlos Manuel Piñeiro y del Cueto, Gran Maestro entre 1949 y 1959. Piñeiro apoyó activamente la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista; entre otros, posibilitó que en el edificio de la GLC se reunieran los conspiradores en varias ocasiones y se asilaran innumerables revolucionarios buscados por la policía. Tiempo después, Piñeiro saldría definitivamente de Cuba por divergencias con el régimen castrocomunista.

Bajo el mando de Huber Matos, Comandante de la Columna No. 9 “Antonio Guiteras”; pelearon numerosos Ajefistas y masones, casi todos miembros de las logias orientales. Matos y su ayudante, el Teniente Napoleón Bécquer, eran funcionarios de la Logia Manzanillo.

Pese a ello, el régimen impuesto en 1959 volcó los cañones contra todas las instituciones religiosas y fraternales. Sobrevinieron los fuertes cambios políticos, económicos y sociales. Todo ello posibilitó la efervescencia de luchas ideológicas y de clases en el país, las que, ni la masonería ni ninguna institución de la sociedad civil y religiosa, pudieron evadir. El silencio y el miedo se iban apoderando del pueblo, pero también iba calando dentro de la masonería.

No obstante, uno de los elementos de más peso, de los que mediaron en la decadencia de la Fraternidad masónica, fue el cerco al que se sometió a la masonería por parte del régimen cubano, el cual impuso, desde inicios de los años 60, restricciones como: reportar al gobierno quién asistía a las reuniones, qué tópicos se trataban, quién los exponía, entregar copias de las actas, así como la obligación de pagar fuertes multas por no hacerlo o tardarse; otras les impedían realizar determinados estudios o ejercer ciertos empleos; por lo que, se entiende que, aquellos con aspiraciones educativas o profesionales, desecharan la posibilidad de iniciarse en la Orden, renunciaran a ella o mantuvieran un bajo perfil.

Hacia octubre de 1959 el Comandante y masón Huber Matos envía una carta de renuncia a Fidel Castro debido al giro comunista que estaba tomando la Revolución. En consecuencia, Matos fue acusado de traición y condenado a veinte años de cárcel; y lo mismo ocurrió con miles de personas que manifestaron su oposición al sistema comunista, entre ellos decenas de masones y Ajefistas.

 

Huber Matos, 1959 (foto archivo).

 

Entre los años 60 y 80, algunas logias fueron cerradas por ser consideradas focos contrarrevolucionarios, por lo que los templos son confiscados por el régimen. Igualmente, mediante la Ley de Reforma Urbana del 14 de octubre de 1960, se ocupan varios de los once pisos del edificio de la GLC; entre ellos, el 6, 7, 8, 9, parte del 10 y la planta baja.

Ante todas las arbitrariedades, las logias cubanas, una vez más, sirvieron de espacio para conspirar. Desde mayo de 1959 se encauza una organización político-militar llamada Movimiento Masónico Clandestino (MMC). Sus fines eran incorporar activamente a los masones del hemisferio en la lucha contra el Comunismo, y apoyar cada acción que tendiera a la derrota del régimen castrista y restaurara el sistema democrático en la Isla.

Ángel Pardo, masón y prisionero político cubano, relata que, de esa manera, “la masonería se involucra en esta nueva etapa de liberación y los templos se fueron convirtiendo en focos de rebeldía, no para hacer política, sino para liberar a la Patria del nuevo yugo que estaba esclavizando a la Isla, como en otrora lo hicieran nuestros mambises”.

Este movimiento fue descubierto en septiembre de 1961, algunos fueron apresados y fusilados y otros logran escapar.

Además del MMC, existieron otras organizaciones opositoras en las militaron masones; una de ellas fue la llamada Acción Cívica Anticomunista (ACA), cuyo Coordinador General era Luis García Caro, ex Venerable Maestro de la Logia Fraternidad y Constancia, de Punta Brava. Cientos de sus integrantes, así como otros masones contrarios al régimen, resultaron fusilados o encarcelados.

Es significativo además que, entre los presos políticos de la etapa, tanto en La Cabaña, en La Habana, como en el Presidio Modelo, en Isla de Pinos, se fundan logias masónicas y Ajefistas. Una de ellas fue la llamada Mártires de La Cabaña. Una vez en el exilio, en Miami, varios de sus miembros se dan a la tarea de reorganizar el taller y fundan, el 7 de noviembre de 1985, una logia con el mismo nombre; esta funcionó durante varios años, integrada a la Federación de Masones Cubanos Exiliados “Cuba Primero”, y actualmente sesiona de manera independiente.

Muchos masones se exilian, fundamentalmente en los Estados Unidos, y continuarían la lucha contra la dictadura implantada en Cuba. Luego de más de 20 años de organización y pujanza, en 1980 constituyen la Gran Logia de Cuba de A.L. y A.M. (en el Exterior). Con los años, la GLC (en el Exterior) fue creciendo en membresía, e incluso asiló masones de logias cubanas que habían sido clausuradas por el régimen de La Habana. Asimismo, los masones cubanos de la diáspora fueron constituyendo logias en diferentes ciudades norteamericanas como: California, Chicago, Texas, Louisiana, Tampa, Atlanta, New Jersey y Nueva York.

Asimismo, se han agrupado en asociaciones como: la Federación de Masones Cubanos Exiliados “Cuba Primero”, la Gran Logia Unida de las Antillas, la Gran Logia Latinoamericana, el Grupo de Apoyo a los Masones Cubanos (GAMEC), entre otros. En ellas el tema político ha sido asumido de diversas maneras, pero todas se han declarado ajenas o contrarias al castrismo y al comunismo; unas son beligerantes, otras más abiertas al diálogo fraternal.