Entre los kioscos de productos industriales ubicados en el Mercado EJT de la calle Tulipán hay uno para la venta de zapatos. (14ymedio).

 

Reinaldo Escobar, La Habana / 14YMedio.-

—Entre los muchos recuerdos de mi infancia, conservo la imagen de aquellos peleteros con camisas de manga larga y corbata que aguardaban a la puerta de su establecimiento para conquistar clientes. Hablo de esa época entre 1957 y 1960, cuando en las calles República y Maceo, de mi natal Camagüey, los comercios funcionaban con normalidad.

Para salir con la intención de comprar un par de zapatos había que ponerse las mejores medias que uno tuviera. Estaban de moda las de nailon, de la marca Once-Once, o también Casino, fabricadas en La Habana. Ir de tiendas era entonces algo más que la grosera satisfacción de necesidades según los recursos disponibles: era también una forma de socializar y una manera de pretender un estatus.

Ir de tiendas era entonces algo más que la grosera satisfacción de necesidades según los recursos disponibles: era también una forma de socializar y una manera de pretender un estatus

Este martes pasé por los “kioscos de productos industriales” ubicados en el Mercado EJT de la calle Tulipán y vi un par de zapatos a un precio aceptable. Como andaba con unas sandalias sin medias, le dije al cuentapropista a cargo del negocio que me guardara un par, que en unos minutos regresaría con las medias puestas para probármelos.

“Aquí tiene la solución”, me dijo de inmediato el peletero sin corbata extendiéndome una bolsa de nailon. Demoré unos segundos en darme cuenta, pero finalmente me senté en el rústico banco de madera, metí mi pie derecho en la jabita y pude comprobar que me quedaban perfectos los nuevos zapatos de la talla 45.

Me acordé entonces de las viejas escenas de mi niñez, cuando salía orondo de la peletería con mi caja de zapatos. Cuando ya me iba, el comerciante particular me dijo: “La bolsa es suya, lleve allí su compra”.