Norberto Fuentes (foto: El País).

Añora su tiempo en la corte verde olivo, cuando se codeaba con los pejes gordos, con los que compartía privilegios, juergas y festines.

 

 

La entrevista fue motivada por la publicación en España, más de tres décadas después de ser escrito, del libro de Fuentes “Hemingway en Cuba”.

Dicho libro, casi hecho por encargo, donde presentaba a un Ernest Hemingway simpatizante de la revolución de Fidel Castro, permitió a Norberto Fuentes recuperar el favor del régimen luego de haber caído en desgracia por la crudeza con que reflejó, en los cuentos de Condenados de Condado, de 1968, la actuación de las fuerzas gubernamentales contra los alzados anticastristas en el Escambray.

Norberto Fuentes reconoce sin ambages en la entrevista que se dejó cortejar y utilizar por Fidel Castro para sus intentos de apropiarse de Hemingway, que según afirma, era un hombre de izquierda.

Pese a que Fuentes afirma que el régimen le hizo “horrores, mariconadas e hijeputadas”, sigue enorgulleciéndose de haber sido revolucionario. No oculta su fascinación por el castrismo y su nostalgia por su tiempo en la corte verde olivo, codeándose con los pejes gordos, con los que compartía privilegios, juergas y festines, gracias a lo cual, según dice, estaba “lindo y gordito”.

Y hay que contener las ganas de vomitar por tanto cinismo y desfachatez cuando Fuentes explica que él tenía que vivir, que no iba a estar con una latica, pidiendo limosnas, y que en definitiva, con las dictaduras uno no se encanta ni se desencanta…

Pero cuando la vileza de Fuentes llega al tope es cuando en la entrevista acusa a Heberto Padilla y Guillermo Cabrera Infante (que eran unos jacobinos, según afirma), de haber sido los primeros que reprimieron a los intelectuales.

Hace unos años, Norberto Fuentes quiso adjudicarse, compartida con Heberto Padilla y Antón Arrufat, la paternidad de la disidencia literaria. Ahora quiere regatearle el lugar a Heberto Padilla, argumentando que a él lo reprimieron antes que a Padilla, porque “Condenados de Condado” apareció ocho meses antes que “Fuera del juego”, y tuvo más repercusión porque la narrativa tenía más alcance que la poesía. Y vuelve a recordar que en 1971, en la noche de la autocrítica de Padilla en la UNEAC, de todos los escritores convocados a autoinculparse del modo más estalinista posible, él fue el único que dijo que no tenía de qué arrepentirse.

He escuchado a varios escritores que dicen estar convencidos de que aquella actitud de Norberto Fuentes fue parte del guion de la Seguridad del Estado. Y lo que es peor: aseguran que en plan de soplón, para poder perdonarle “Condenados de Condado” y rehabilitarlo, le encargaron la tarea de vigilar a Padilla y a su esposa Belkis Cuza Malé, de no perderles pie ni pisada…

Y no lo dudo: Fuentes mostró que no era tan amigo de Padilla como este creía. Y fíjense si es así, que cada vez que puede, escupe contra el recuerdo del poeta. ¡Miserable!

Yo sé que a Fuentes le gusta epatar, ser un exiliado diferente, me dirán que no se le debe hacer demasiado caso… Me disculpan, pero yo no puedo más, estoy repugnado. El que tenga estómago con suficiente aguante, que lea la entrevista.

 

Norberto Fuentes junto a Fidel Castro. Años 80 (foto: La Patilla).