Pupito planea recuperar su puesto de artesano en la feria de la calle 23, donde vende sus piezas de acero para poder pagarse sus grabaciones. (14ymedio).

Hablamos con Pupito En Sy, en libertad provisional tras su paso por Valle Grande por un supuesto “atentado” contra un policía

La Habana / 14YMedio.-

—Cuando el oficial fue a decirle que estaba en libertad, escribía un verso, uno más entre cientos que llenan siete libretas completadas durante los nueve meses y diez días que pasó en la cárcel. Sin juicio de por medio, el rapero contestatario Lázaro Leonardo Rodríguez, más conocido por su alias de Pupito En Sy, fue detenido el 12 de noviembre de 2018 por un supuesto “atentado” contra un policía pero hoy está en la calle y con más ganas que nunca para seguir “rapeando duro”.

Está en libertad provisional y debe presentarse cada viernes a firmar en la unidad de la policía de Picota, en La Habana Vieja.

Al parecer su único “delito” fue apoyar la campaña contra el decreto ley 349, una medida que restringe la libertad artística en Cuba y que motivó críticas de artistas dentro y fuera de la isla.

“Desde que llegué a [la cárcel de] Valle Grande mucha gente ya me conocía por el arte que hago, por el rap. Desde el primer momento llegué diciendo que no me iba a vestir de preso y no me vestí de preso, la Seguridad de Estado estuvo pendiente de mí, me citaban a entrevistas para amenazarme, tratando de ver si me ponía a trabajar para ellos, pero estaban hablando con la persona equivocada porque saben que conmigo no hay negociaciones”, contó a 14ymedio una semana después de salir de prisión.

Pupito junto a los amigos que le ayudan a arreglar su casa. (14ymedio)
Pupito junto a los amigos que le ayudan a arreglar su casa. (14ymedio).

 

Sentado en casa de su madre en una modesta vivienda de la calle Rayo, en Centro Habana, Pupito muestra una a una sus libretas llenas de versos. Pasa cada página lentamente y en cada hoja se puede ver su caligrafía clara, al estilo de “letra de molde”. En cada página un recuerdo, una historia escrita a lápiz. El señor en sillas de ruedas, el viejito que no puede con su alma, el joven que no hizo nada, el hombre de 78 años que tan solo estaba vendiendo una lata de malanga. Así de tristes son las historias que cuenta, y sus ojos se llenan de lágrimas con cada una.

“Me sacaban a unas oficinas a la entrada de la prisión, trataban de ofrecerme cualquier cosa y nunca les acepté nada. Yo no cogí aseo ni nada de lo que dan en la prisión. Lo único que aceptaba eran las visitas, pero ni siquiera pabellón. Tenía el apoyo de todos los hermanos presos, que los amo y los quiero a todos”, dice, mientras pica un trozo de coco para su pequeña hija de cinco años, a punto de comenzar la escuela.

“A ella nunca le dijimos nada. Al varón sí, pero a ella no porque es la más pequeña- Le contamos que yo estaba en la construcción y cuando iban a verme ella siempre me decía que ya terminara de construir, ahora solo sabe pedirme que no me vaya más”.

Dentro de la cárcel Pupito era aclamado para que interpretara su música a través de los barrotes de su ventana mientras los presos tomaban el sol.

“Ellos me llamaban para que les cantara, a mí me tenían en una compañía de 120 hombres donde hay vista a los patios. Ahí es donde se toma el aire y el sol y también pueden llamar por teléfono a su familia, tienen una hora para eso. De todas las ventanas me llamaban al mismo tiempo y yo tenía que subirme en las camas para cantarles los temas. Se formaban grupos de jóvenes y personas mayores también, muchos ponchaban el background con la boca, y así me pasaba 15 minutos cantando de un lado y luego me giraba hacia el otro”.

Dentro de la cárcel Pupito era aclamado para que interpretara su música a través de los barrotes de su ventana mientras los presos tomaban el sol

Recordar estas escenas pone a Pupito sensible, asegura que todos sus compañeros de prisión los va a defender con sus letras, “cueste lo que cueste”. Para refrescar las lágrimas saca una de las libretas y rapea un fragmento de uno de sus temas llamado

Una revolución:

Una revolución no comparte dictadura ni mentira

No destruye una nación llenándola de ira

Debería ser la causa más sincera cuando un ser humano por su tierra suspira

Defendiendo su bandera cuando se levanta un asta y se estira

Una revolución no envía a jóvenes injusto a prisión

Tampoco censura a los periodistas independientes

o a los artistas contestatarios de la televisión

Respeta de cada persona su opinión

Eso es una revolución

El día que se lo llevaron preso, Pupito estaba rapeando a unos muchachos en la calle. Según su testimonio, de pronto salió de la nada un guardia con el que ya había tenido un percance en el pasado. “Llegó con otro y me tocó la cara provocando e insultándome”, dice. Aunque en ese momento reaccionó y se dio cuenta de que era una provocación, en seguida le cayeron arriba otros policías. “Todo está grabado en el video, ahí se ve clarito todo el abuso”.

Sobre la rutina de esos días en Valle Grande cuenta que por la mañana dan siempre en el desayuno “un pan que debe pesar 20 o 30 gramos, mal elaborado con un poco de chocolate, a veces caliente a veces fría. Cuando no hay dan té o cocimiento de hierba. “En el almuerzo, por ejemplo, dan arroz, un picadillo que parece un vómito,y un dulce de mango cortado. En la comida, lo mismo”.

De la última vez que habló con los oficiales de la Seguridad del Estado también escribió un tema, se llama Mi entrevista.

“Un día no salí más para ninguna entrevista porque yo no tengo nada que hablar con ellos. Fui la vez que estuve en huelga de hambre, le lancé pancartas que hice yo con crayola, me llené el cuerpo de carteles con escritos, me cosí la boca con alambre, porque, ¿hasta cuándo? ¿Dónde está la libertad de expresión? El arte es libre. Me amenazaban, siempre trataron de comprar mi simpatía llevándome confituras para mis hijos, esas patrañas y bajezas”.

 

Pupito en la prisión de Valle Grande. (Cortesía)
Pupito en la prisión de Valle Grande. (Cortesía).

 

Ahora por su cabeza pasa la idea de recuperar su puesto de artesano en la feria de la calle 23, donde vende sus piezas de acero para poder pagarse sus grabaciones. Esta semana dice que la ha pasado “tranquilo” disfrutando con sus hijos, su mamá y su novia.

“Llevo 20 años rapeando pero la necesidad me lleva a estos trabajos para grabar. La Agencia Cubana del Rap no me interesa, ahí no entro. Yo siempre he sido de la aldea, esa gran aldea que son mis hermanos Aldo, Bian, Silvito”.

Pupito le saca aceite a una piedra. Después de pasar 14 días en una celda castigado llegó el peor momento de su tiempo en prisión. La musa se le fue, se le perdió, no le venía la inspiración para sus composiciones. Solo una pregunta rondaba su cabeza: ¿A qué le escribo?… ¿A qué le escribo?… Pues de ahí se agarró y escribió un tema con ese mismo nombre:

A qué le escribo

Si ya no sé en qué emplear mis labios, mi conocimiento

A qué le escribo

Cuando el calor me asfixia en una celda solo lleno de sufrimientos

A qué le escribo

Si los pensamientos no me están fluyendo

A qué le escribo

Si la tristeza me está consumiendo

La cabeza está perturbada

Mi mano desea escribir

No sé si redactar una carta

O acostarme a dormir

Pienso entre angustia morir

Pero son más fuertes las ganas de vivir

Tengo el lápiz entre mis dedos

Delante de mí la libreta para resistir