Por Ania Liste.-
Publicado originalmente por Cubacomenta.-

En junio pasado, en redes sociales se propagó la denuncia de muchos habaneros por lo que estaba sucediendo en la Rampa. Uno de los mosaicos, creación del artista Salvador Corratgé (1928-2014), situado en la calle 23 entre L y M, fue destrozado durante trabajos de mantenimiento de la Empresa Eléctrica.

Desde el diario oficialista Granma, y en un artículo titulado “¿Una segunda oportunidad para La Rampa habanera?“, Iroel Sánchez intenta tapar la desidia de empleados del Estado: “Ante el daño a una de las obras artísticas emplazadas en las aceras de terrazo al soterrar la electricidad en la esquina de 23 y L han surgido lógicas preocupaciones por el cuidado y preservación del patrimonio que significa La Rampa, no solo para La Habana, sino para toda Cuba. Tal vez, con la ya concluida reanimación del Coppelia, la reparación en marcha del edificio del Retiro Médico que alberga al Ministerio de Salud Pública y la reanimación de algunos de los restaurantes emplazados en la populosa arteria que han sido restaurados, se empiece a abrir una oportunidad para tomar conciencia de lo que ha significado ese lugar en la vida de los habaneros”.

Sánchez, en contraposición, sí señala acusador las iniciativas de los cuentapropistas  cuando sigue diciendo: “…calidad de vida, entendida como cultura, cuando las librerías han desaparecido de su entorno, sustituidas esporádicamente por los ejemplares que se venden en el piso de alguna esquina o junto a cualquier producto, artesanal o no, en mesas y maltrechas carpas que evocan más el comercio agropecuario que los bienes culturales, disminuyendo la belleza de un lugar como el Parque del Quijote”.

Quién o quiénes hicieron desaparecer las librerías del Vedado es una pregunta que debía, quizás, responderse el autor del blog La pupila insomneY también si el mosaico destrozado tendrá una segunda oportunidad. ¿Quién decreta en la isla los que tienen derecho a segundas oportunidades?

Si hasta ese instante, leer el texto de Iroel Sánchez ocasiona un enfado considerable para cualquier amante de la cultura y del patrimonio de Cuba, ya el final… le pone la tapa al pomo.  Es propio de ese discurso cansino, vacuo y pueril que caracteriza la prosa de Iroel. No sorprende demasiado a quienes bien le conocemos. Es más de lo mismo:

“Las ciudades necesitan símbolos y referentes. Volver a convertir La Rampa en un lugar que irradie cultura, artística y literaria, y también ciudadana, centro de la ciudad que queremos y de la vida nueva que la Revolución conquistó para todos, no es solo un tema de infraestructuras, sino también, y sobre todo, cultural. Solo hace falta que rescatemos, contextualizándolo a las necesidades y códigos de un nuevo siglo, lo mejor de lo que ya fuimos. Sin duda, un buen propósito que regalar al aniversario 500 de La Habana, ya cada vez más cerca. Es difícil, pero no imposible: ¡El Pabellón Cuba y las aceras que hoy reclaman preservación se construyeron en 76 días, y como el Coppelia, surgieron en momentos de enorme asedio imperial!”, exclama Sánchez para volver a culpar a otros de las ineficiencias e indolencias de un gobierno que ya dura 60 años.