Miguel Díaz-Canel, Nicolás Maduro y Raúl Castro. (AFP)

 

Canadá ha iniciado una serie de contactos de muy alto nivel con Cuba, en aras de que la Isla ayude a destrabar la situación venezolana.

Por ANDRÉS CAÑIZALEZ | Bogotá para DDC.-

—Que Cuba juega un papel muy relevante en el devenir de Venezuela no parece ser un asunto en discusión. La pregunta es si Cuba, un régimen de partido único y sin libertades para la disidencia política organizada, puede ser el pivote para desencadenar un cambio democrático en Venezuela, llevando al país sudamericano lo que el Gobierno cubano  ha negado para sus ciudadanos por 60 años.

Hace dos años el magnate venezolano Gustavo Cisneros, de origen cubano, planteó que un escenario postchavista en Venezuela debía concertarse con Cuba, EEUU y Colombia. En varias declaraciones el llamado Grupo de Lima, formado por una docena de países americanos enfocados en encontrar salidas a la crisis venezolana, ha llamado a la Isla a favorecer el cambio en Venezuela.

Siendo parte del Grupo de Lima, y al mismo tiempo tratando de tener una posición propia en su diplomacia hemisférica, Canadá ha iniciado una serie de contactos de muy alto nivel con Cuba, en aras de que la Isla ayude a destrabar la situación venezolana.

Estando en las antípodas en relación con el régimen de Nicolás Maduro, ya que Canadá no le da legitimidad a su gobierno y La Habana lo apoya, desde Ottawa tal vez apuestan a una vía canadiense que también les ayude a marcar distancia de la sin duda notable influencia que tiene EEUU en las Américas.

Washington se ha destacado como el principal jugador de la comunidad internacional en aras de empujar una transición democrática, y para ello enfatiza que el primer paso es la salida de Maduro del poder.

“Canadá tiene líneas de comunicación con Cuba, y Cuba ha tenido, por decir lo menos, una influencia dominante en el régimen bolivariano desde el principio, entonces, ¿por qué no hablar con La Habana?”, sostiene el profesor Yvon Grenier, de la canadiense Universidad de San Francisco Javier.

Consultado por DIARIO DE CUBA, vía correo electrónico, Grenier sostiene que “cuando se trata de la crisis en Venezuela, Cuba es claramente parte del problema, pero el Gobierno de Trudeau apuesta a que también podría ser parte de la solución”.

¿Es una posición ingenua la de Canadá? ¿Podría el régimen de Cuba ayudar a ponerle punto final al chavismo en Venezuela luego de dos décadas que han beneficiado ampliamente en lo económico a la Isla?

“Tengo dudas de que eso pueda suceder. Estructuralmente, Cuba está en la esencia del modelo político que se ha venido desarrollando en Venezuela”, responde desde La Habana el historiador y disidente Manuel Cuesta Morúa.

A su juicio, es difícil imaginar que Cuba ayude a desmontar el modelo de control político que justamente ayudó a consolidar de forma protagónica.

“En segundo lugar hay una razón de orden práctica, Cuba depende de Venezuela”, recuerda Cuesta Morúa.

Imaginando posibles escenarios de negociación para que se destrabe la crisis venezolana y que eso no signifique un hecho perjudicial para Cuba, deberían garantizársele a la Isla los recursos que provienen de Venezuela.

“Ni Canadá, ni ningún otro país del Grupo de Lima está en capacidad de sustituir la política de subsidios de Venezuela hacia Cuba”, puntualiza Cuesta Morúa.

Para reflejar tal dependencia, Grenier recuerda  que el economista cubano-americano Carmelo Mesa-Lago ha calculado que antes de 2010, el comercio y la asistencia de Venezuela a Cuba estuvo en el orden de los 13.000 millones de dólares, más del doble de la cantidad de asistencia soviética en los viejos tiempos.

El economista venezolano Omar Zambrano  indicó en mayo pasado que el esquema de cooperación que brindó la extinta Unión Soviética a Cuba entre 1961 y 1989 representó unos 35.000 millones de dólares, con el valor actual de la moneda estadounidense. Tal cifra fue superada por el convenio con Venezuela ya que entre 2000 y 2018, Cuba recibió solo en petróleo el equivalente a 37.200 millones de dólares.

Con este esquema, sumamente beneficioso para Cuba, que se ha mantenido pese a las prohibiciones de EEUU de enviar petróleo venezolano a la Isla como parte de su política contra Maduro, es difícil imaginar el rol que pueda jugar Cuba para el chavismo abandone el poder.

Canadá, sin embargo, insiste en su política diplomática. El pasado 29 de agosto se realizó la tercera conversación entre los cancilleres de ambos países, Chrystia Freeland y Bruno Rodríguez. Tres reuniones de alto nivel entre mayo y agosto reflejan la importancia que tiene para Ottawa esta vía de diálogo con La Habana.

No han trascendido los términos de estas reuniones bilaterales. Grenier recuerda que el tema de Venezuela también fue abordado en una conversación entre Justin Trudeau y Miguel Díaz-Canel.

¿Qué podría obtener Cuba de Canadá a cambio de allanar el cambio democrático en Venezuela? Por ahora no lo sabemos y tampoco resulta claro para analistas de la política internacional.

Para el profesor canadiense la vía del diálogo, que también ha sido cooptada por los regímenes de Caracas y La Habana para sus fines de permanecer en el poder, tal vez termine prolongado la situación crítica en Venezuela: “mientras millones de ciudadanos descontentos abandonan el país y luego envían remesas a sus familiares”, y eso también sería otra similitud entre Venezuela y Cuba.

A juicio de Grenier, el chavismo tiene en el régimen castrista un buen ejemplo a seguir: Maduro podría estabilizar su régimen a mediano plazo. Cuba es en realidad un buen ejemplo de cómo, una vez institucionalizada y estable, una dictadura puede gradualmente ser reconocida como legítima en la comunidad de naciones.

Para Cuesta Morúa, este es otro indicador de la negativa que pueda tener Cuba en favorecer cambios democráticos dentro de Venezuela.

“Si hay un cambio en Venezuela eso tendrá serias repercusiones en la capacidad del Gobierno cubano de mantener su modelo de control político. Las demandas de democratización se dispararían dentro de la Isla”, sostiene el historiador.

A fin de cuentas, Cuba puede hacer con Canadá lo que ha hecho otras veces: mantener un espacio de diálogo sin que eso desemboque en decisiones que pongan en peligro la permanencia del régimen y el control que ejercen sobre los ciudadanos cubanos.

Y preservar tal objetivo, en este momento, parece estar reñido con apoyar la salida del chavismo del poder en Venezuela.