Cristian Pérez Carmenate (Foto: Cortesía de la autora).-

 

Según el activista Cristian Pérez Carmenate, los doctores a los que ha recurrido hasta ahora han sido “claramente manipulados” por la policía política.

 

 Yadira Serrano Díaz. | MARTES, 30 DE JUNIO, 2020 | 3:24 PM

SANTIAGO, Cuba. – Después de haber renunciado a la atención médica del Sistema de Salud Pública cubano, el preso político Cristian Pérez Carmenate fue convencido por sus familiares para ingresar en el Hospital Provincial “Ernesto Che Guevara” de la provincia Las Tunas, debido al empeoramiento de su estado de salud.

El pasado 29 de mayo, el activista de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) y promotor de la iniciativa ciudadana Cuba Decide, anunció mediante un video su negativa a tratarse en centros de atención de la Isla. La decisión incluyó el abandono de sus tratamientos médicos.

“Estoy aburrido de que me estén peloteando. No voy a continuar con la quimioterapia, ni con el tratamiento del brazo”, dijo Pérez Carmenate a CubaNet en ese momento.

El activista de la UNPACU sufrió una fractura en el brazo derecho a causa de una golpiza recibida en la cárcel, en agosto de 2019. Desde entonces, ha demandado ―sin éxito― un tratamiento adecuado.

Según el opositor, los doctores a los que ha recurrido hasta ahora han sido “claramente manipulados” por la Policía política.

(Foto: Cortesía de la autora)

“Cada vez que a mí me corresponde una consulta, me ponen con un médico diferente, y ese me dice que debo ir con el anterior. Eso no es coincidencia”, denunció.

Pérez Carmenate se ha entrevistado con varios ortopédicos y hematólogos. Sin embargo, ninguno de los especialistas coincide en un diagnóstico concluyente.

“El médico que me atendía desde un principio me está huyendo. No lo veo desde hace tres meses, pues la Policía política lo presionó y se esconde de mí”, denunció el opositor.

La semana pasada, el activista finalmente atendió la petición de su madre y su esposa, y aceptó ingresar por cuatro días en el Hospital Provincial “Ernesto Che Guevara” de Las Tunas, donde reside.

Luego de una temporada sin recibir ningún tratamiento a causa de su renuencia, el opositor se quejó de padecer dolores insoportables y accedió a su ingreso. Según sus familiares, al acudir al hospital Pérez Carmenate comenzó a sufrir episodios de fiebre alta, mientras su brazo se mantenía enrojecido y supuraba.

Aunque se internó con el objetivo de realizarse unos análisis y reunirse con los especialistas para que valoraran su situación, al final solo le indicaron un ultrasonido, del que no pudo ver ni siquiera los resultados, denunció. A pesar de su condición, le dieron de alta el pasado sábado.

A la par de la fractura de su brazo, el activista también se estaba tratando por unos supuestos tumores malignos en la extremidad afectada y en la pierna izquierda.

Aunque los médicos le habían asegurado que dichas lesiones habían desaparecido, en una consulta del 15 de mayo el hematólogo le informó que habían reaparecido. A poco más de un mes, otro galeno de la misma especialidad le realizó una radiografía en el brazo, que descartó la existencia de los tumores.

“Así me tienen, como un muñeco. Por eso no quiero saber de atenderme en este país. Me van a matar”, lamentó.

De acuerdo con el último médico que valoró su caso, Pérez Carmenate debe realizarse una tomografía axial computarizada (somatón) para conocer su verdadero padecimiento. Para ello, deben retirarle los fijadores externos que le fueron puestos hace casi nueve meses, cuando le operaron el brazo.

“Estoy cansado de luchar. ¿Hasta cuándo es esto?”, se pregunta el preso político.

Desde que el activista salió de prisión bajo licencia extrapenal, ha estado batallando por su vida. Sin embargo, la cadena de negligencias médicas en su caso lo hicieron abstenerse de recibir la “atención médica cubana”, asegura.

También denuncia que jamás ha podido contar con una ambulancia para trasladarse desde su vivienda hasta el hospital, puesto que él no es una prioridad, según el personal de salud. Su madre y esposa han tenido que empujar varias veces la silla de ruedas donde permanece (apenas puede caminar), desde un lugar a otro por cinco kilómetros.

Debido al limitado efecto de los antibióticos ―que servían para contener la infección―, Pérez Carmenate podría requerir la amputación de su brazo.