Fachada de la fábrica Partagás, en la calle Industria de La Habana. (Flickr/Aaron May).-

El inmueble está siendo sometido a un proceso de restauración desde 2011.

 

—Esta semana se desplomó el techo del edificio de la fábrica de tabacos Partagás, en La Habana, a pocos metros del Capitolio, según el sitio Cigar aficionado. El inmueble está siendo sometido a un proceso de restauración desde 2011 y alberga en su planta baja la tienda La Casa del Habano.

“El desplome del techo no afectó a La Casa del Habano dentro de la entrada principal de la antigua fábrica”, precisa esa web, pero el local comercial ha sido cerrado tras el derrumbe y fuentes del monopolio estatal Habano S.A aseguran que la venta “se trasladará a una nueva ubicación”.

“Nadie resultó herido en el incidente, pero por precaución, todo el edificio ha sido cerrado hasta que se pueda verificar su integridad estructural”, añade la nota. El edificio, ubicado en el número 520 de la calle Industria, es considerado un lugar histórico para los amantes del tabaco y también de alto valor arquitectónico por su fachada de reminiscencias barrocas.

En el inmueble de la calle Industria fue donde surgió por primera vez la figura del “lector de tabaquería”, que repasa en voz alta diarios y novelas para entretener a los torcedores

La fábrica fue fundada en 1845 por el español Jaime Buenaventura Ambrós Partagás y Ravell y en el inmueble de la calle Industria fue donde surgió por primera vez la figura del “lector de tabaquería”, que repasa en voz alta diarios y novelas para entretener a los torcedores mientras fabrican los puros. La producción se instaló a inicios del siglo XX en el icónico edificio.

Antes de 1959, la marca Partagás era el segundo productor de tabacos en Cuba con el 4.8% de la producción total, solo superada por Menéndez, García y Compañía, gestores de las marcas H. Upmann y Montecristo. Tras la llegada al poder de Fidel Castro, la fábrica fue nacionalizada y pasó a ser propiedad del Estado.

Durante años, junto a la producción de tabacos el local se convirtió en un museo en activo, donde los turistas podían disfrutar de paseos guiados por las diferentes etapas de fabricación de puros, entre ellas el enrollado, prensado, colocación de las anillas y empaquetado.

Desde que comenzó la restauración del edificio, la fabricación de habanos se trasladó hacia otro local.