A medida que pasan los días, la vida se vuelve más difícil para los que alquilan habitaciones a extranjeros en Soroa. (14ymedio).-

 

Los productos de primera necesidad comienzan a escasear, y los ahorros han ido mermando poco a poco.

 

—Hasta hace poco la carretera hacia Soroa, en la provincia de Artemisa, era un continuo ir y venir de vehículos cargados de turistas. Los viajeros sostenían la economía de la mayoría de las familias de la zona, pero tras el cierre de las fronteras por el covid-19 los lugareños intentan adaptarse a un escenario desolador.

A medida que pasan los días, la vida se vuelve más difícil para los que alquilan habitaciones a extranjeros, organizan excursiones por la impresionante naturaleza del lugar u ofrecen servicios gastronómicos o de transportación. Donde antes había animación ahora solo se ven caminos vacíos y caras preocupadas.

Los productos de primera necesidad comienzan a escasear, y los ahorros han ido mermando poco a poco. Ni siquiera los más prósperos cuentapropistas de la zona logran mantener el nivel de vida que les permitían sus negocios hasta hace poco.

Soroa, en plena Sierra del Rosario, ha sido por años un sitio ideal para la práctica del turismo de naturaleza

Soroa, en plena Sierra del Rosario, ha sido por años un sitio ideal para la práctica del turismo de naturaleza. A solo una hora de La Habana se ganó el nombre de “el Arcoiris de Cuba” por la diversidad de su ecosistema, que permite a los visitantes elegir entre los paseos a caballo, las caminatas por las montañas, los baños medicinales, el disfrute de las orquídeas o la observación de aves.

Entre tanta belleza, los residentes deben ahora buscar alternativas para cubrir las necesidades básicas de alimentación y aseo. Santiago, de 58 años, se ha dedicado por años a la venta de orquídeas, una práctica ilegal pero muy común en la zona. Con la caída en picada de los clientes, tuvo que comenzar una cría de guanajos y pollos criollos para asegurar al menos el autoconsumo. “Hay que esperar a que pase esta crisis y vuelva el turismo, mientras tanto habrá que inventar”, asegura.

Las casas, que hasta hace poco ofrecían un alojamiento tranquilo en contacto con la naturaleza, se van convirtiendo poco a poco en huertos. Los vecinos que antes sabían con precisión cuándo comenzaba la temporada alta, qué nacionalidades eran las que más estaban llegando o donde se podía comprar pescado fresco y mariscos para la mesa de los viajeros, ahora tienen otras preocupaciones.

Terminar un cantero se ha vuelto la prioridad de María Caridad, una emprendedora que está pasando la cuarentena junto a todos sus hijos en la casa que hasta hace poco alquilaba a turistas. Desde hace años, en los alrededores de la vivienda la familia siembra sus viandas, vegetales y verduras porque en las cercanías no tienen ningún mercado agrícola.

Terminar un cantero se ha vuelto la prioridad de María Caridad, una emprendedora que pasa la cuarentena en la casa que hasta hace poco alquilaba a turistas en Soroa. (14ymedio)
Terminar un cantero se ha vuelto la prioridad de María Caridad, una emprendedora que pasa la cuarentena en la casa que hasta hace poco alquilaba a turistas en Soroa. (14ymedio).

 

Gracias a esa producción, este mes tienen buena parte de los alimentos garantizados pero han apretado el ritmo de siembra en aras de prepararse para un verano incierto, en el que por primera vez en mucho tiempo no tendrán ingresos por el turismo.

“En esta zona no hay mercados, ni tiendas de divisas, hay que ir hasta Candelaria”, explica a 14ymedio María Caridad. El pueblo de Candelaria se encuentra a unos 16 kilómetros de su vivienda y por la carretera apenas pasan unos pocos vehículos cada día.

Los hijos de María Caridad la han ayudado a sembrar calabaza, boniato, tomates, rábano, col, orégano, lechugas y ají pimiento. “Hemos repartido semillas en la comunidad para que todo el que tenga un pedacito de patio siembre también”, cuenta. Sin embargo, hay productos que no pueden lograr con sus propios esfuerzos. “Nos sigue golpeando la falta de aceite y productos de aseo como la pasta de dientes y el jabón”.

En la cercana Candelaria no hay, por el momento, ningún caso positivo por covid-19, pero la pandemia ha paralizado la vida económica

En la cercana Candelaria no hay, por el momento, ningún caso positivo por covid-19, pero la pandemia ha paralizado la vida económica de una región mayoritariamente agrícola y porcina que ya llevaba meses atravesando graves dificultades.

Este abril, el centro de la pequeña ciudad está desierto y han desaparecido los carros de frutas, con mamey, guayaba o plátanos que recorrían las calles.

Alejandro, de 35 años, ha comenzado a apilar leña seca para hacer un horno de carbón. En otros tiempos estaría alquilando sus caballos a los clientes de las casas cercanas o brindando su araña  para trasladarlos. Con esas actividades mantenía a su familia aunque su trabajo legal es desmochar palmas para obtener el palmiche que sirve de alimento a los cerdos.

“Con los problemas que hay con el gas y pronto los de corriente, el carbón va ha hacer falta”, pronostica Alejandro. El hombre pone sus esperanzas en que el producto eleve su valor en el mercado en las próximas semanas debido a los recortes energéticos y una posible disminución en el suministro de gas licuado.

“En estos pueblos nadie tiene gas de la calle y los contratos son pocos, la gente trae las balitas de La Habana, pero ahora con las fronteras cerradas el carbón es la mejor solución”.

Un saco de carbón puede costar hasta 60 pesos en Candelaria y alcanza los 100 pesos en los poblados.

Para Mariana, de 35 años, el coronavirus también ha supuesto un cambio de vida. Ha comenzado a hacer croquetas para vender de puerta en puerta en su barrio

Para Mariana, de 35 años, el coronavirus también ha supuesto un cambio de vida. Ha comenzado a hacer croquetas para vender de puerta en puerta en su barrio después de que cerrara la casa de alquiler a turistas donde trabajaba en la limpieza. “Soy madre soltera. Intenté ofrecer mis servicios para lavar y limpiar, pero con esta situación nadie quiere gente en sus casas”, lamenta.

La incertidumbre se siente en el aire. Aunque en las últimas décadas la región ha sido golpeada varias veces por huracanes e intensas sequías, además de sufrir los vaivenes de flexibilizaciones y restricciones sobre los productores agrícolas, la situación que ha provocado el coronavirus es totalmente nueva. A diferencia de aquellos momentos, ahora pocos se atreven a pronosticar cuándo se saldrá de esta crisis.

Como un fantasma, en la mente de Mariana y de muchos otros que superan los 30 años están los recuerdos de la crisis de los años 90. La sola idea de volver a vivir momentos similares a los que provocó el Período Especial espanta. “La situación es desesperante hay días en que me gustaría quedarme en la cama y dormir, sólo para no vivir el estrés, pero no puedo”.