Paciente de un hospital materno’infantil de La Habana. (Archivo).-

 

Los hospitales carecen de las condiciones mínimas para ofrecer un servicio de calidad y galenos, técnicos y personal de enfermería trabajan con total desgano.

 

En este caso el elemento cuantitativo, comparado con el resultado final, queda como un factor intrascendente. Muy pocos cubanos, salen complacidos de una consulta, donde faltan recetas, no hay higiene, el baño está regularmente clausurado o lleno de porquería y el médico atiende de mala gana debido a las pésimas condiciones laborales.

Baño en hospital de Cuba. (Archivo)

La calamitosa apreciación no es absoluta, pero sí con muy pocas excepciones. La debacle va más allá de las policlínicas localizadas en los municipios. En los hospitales también aparecen estos fenómenos que conspiran agresivamente con la salud de los pacientes y sus acompañantes.

Suciedad, apatía, falta de rigor profesional, altas probabilidades de ser víctima del robo de las pertenencias, pésima alimentación y problemas con el abasto de agua, conforman una relación parcial de las anomalías, presentes en la mayoría de los centros hospitalarios de la capital y del resto del país.

Es un problema generalizado y de vieja data que continúa agravándose en la medida que la economía del país es más dependiente de los subsidios foráneos que del crecimiento de la productividad. Y es que siguen ausentes los compromisos genuinos, fuera del tradicional ámbito de la retórica, con sus cifras grandilocuentes y las promesas de una recuperación imposible sin una real apertura que rebase la delirante estrechez conceptual del exclusivismo ideológico y su frontal oposición al sistema de producción capitalista.

La crónica ineficiencia de la economía estatal es uno de los factores que impiden el buen funcionamiento de este vital servicio y ya los mandamases han dado pruebas suficientes de su determinación a seguirle añadiendo años al socialismo que se inventaron para eternizarse en el poder.

Otro de los asuntos cuestionables relacionados con el tema, es el referido a la presunta gratuidad de la atención médica en Cuba.

Carece de sentido darle crédito a esa información. El salario promedio de menos de un dólar diario, explica de donde sale parte del dinero para sufragar el supuesto beneficio.

Lo demás es una historia mal contada. Burla descarnada, sinvergüenzura de marca mayor, cualquier cosa menos respeto y consideración para seres humanos que tienen que lidiar con una cadena de hechos disparatados e indignos.

Es raro escuchar opiniones favorables de personas que han tenido las desdicha de enfermarse. Salir curado, o con notable mejoría, tras un ingreso por varios días, en una sala sucia, despintada, retretes nauseabundos, cucarachas en el colchón, ropas de cama mal lavadas y enfermeras indolentes, es un hecho para celebrar.

La red hospitalaria nacional es un desastre. El caos llegó para quedarse y la situación empeora día tras día, ahora con la prolongada ausencia de medicamentos en todo el país.

¿Entonces, qué importancia tiene la existencia actual de 100 000 médicos activos, cifra que representa una proporción de 9,0 por cada mil habitante, una tasa superior a la existente en muchos países del primer mundo?

Cuarto de hospital cubano. (Foto Internet)

La información recientemente publicada en el sitio oficialista CubaDebate, oculta verdades fácilmente comprobables.

Todo lo que se diga sobre la excelencia de la medicina en la Isla es pura cháchara.

Los hospitales carecen de las condiciones mínimas para ofrecer un servicio de calidad y galenos, técnicos y personal de enfermería trabajan con total desgano. Sobreviven en la miseria y sin esperanzas de mejorar su nivel de vida a no ser que puedan irse a curar enfermos allende los mares en una misión internacionalista.

En esos lares, la explotación es más soportable, según alegan los que han podido enrolarse en algunas de esas diligencias.

Se saca algún provecho. Migajas que sirven para el alivio temporal de la pobreza endémica. Es un trabajo mal remunerado, como se sabe el gobierno cubano se queda con la mayor parte de los honorarios pagados por el país anfitrión, pero algo es algo, en medio de una escasez que marcha, con celeridad, hacia un espectacular recrudecimiento.

Publicado originalmente por CUBANET.-

Acerca del autor: Jorge Olivera Castillo. Ciudad de la Habana, 1961. Periodista, escritor, poeta y editor de televisión. Durante 10 años trabajó como editor en la televisión cubana (1983-1993). A partir de 1993 comienza su labor en las filas de la disidencia hasta hoy. De 1993 a 1995 como secretario de divulgación y propaganda del sindicato independiente Confederación de Trabajadores Democráticos de Cuba (CTDC). A partir de 1995 labora como periodista independiente. Fue director de la agencia de prensa independiente Habana Press, de 1999 hasta el 2003. El Instituto Lech Walesa publicó en 2010 su libro de poemas Cenizas alumbradas en edición bilingüe (polaco-español). También en el 2010 la editorial Galén, publica en edición bilingüe (francés y español), su libro de poemas En cuerpo y alma, editado en el 2008 por el Pen Club checo.