Unidad de Cuidados Intermedios del Hospital Naval, en La Habana. (DDC).

A la situación crítica en que se encuentran las instalaciones de salud se añaden nuevas irregularidades y carencias.

JORGE ENRIQUE RODRÍGUEZ, La Habana, para DDC.-

—La situación crítica en la que están estancados los hospitales de la Isla nada tiene que ver con la “coyuntura”, pero la escasez de combustible de las últimas semanas ha agravado las condiciones de unas instalaciones de salud a las que ya los cubanos temen acudir.

Un familiar acompañante describió la situación del Hospital Naval, de Habana del Este, en los últimos días de septiembre, cuando estuvo ingresado su padre.

Mencionó desde irregularidades en los horarios y la alimentación a los pacientes, hasta falta de agua y cortes eléctricos.

Durante la semana en que su padre estuvo internado, el desayuno se servía a las 9:00 de la mañana, el almuerzo sobre las 2:00 de la tarde, y la comida sobre las 5:30, dijo el acompañante, que pidió no ser identificado.

“Hay que tener en cuenta que muchos de los pacientes ingresados en Terapia Intermedia son diabéticos y, según la segunda jefa de esa sala, el promedio de edad está sobre los 80 años”, comentó.

En ocasiones los pacientes se quedaron sin la merienda de la noche porque “se cortaba el yogurt”, o porque no alcanzaba para todos. Tras varias quejas, dijo este familiar, el pantrista que atendía la sala de Cuidados Intermedios fue expulsado.

“Pero el atraso del almuerzo era responsabilidad de la cocina del hospital”, señaló. También, que los pacientes recibieran el tipo de alimentación que necesitaban. Y “vi a gente pagar para coger dieta libre cuando la indicación médica era dieta blanda”, aseguró.

Aunque las condiciones de la sala de Cuidados Intermedios eran aceptables ‒aire acondicionado y un televisor en cada cubículo de tres camas‒, no podía decirse lo mismo de la sala común, donde el horario para la televisión era mucho más restringido: solo estaba permitido encenderlo durante una hora, a la 1:00 de la tarde y a las 8:00 de la noche, supuestamente por las medidas de ahorro, lo que generó protestas.

“Se le indicó, a los pacientes y familiares acompañantes de estas salas recolectar agua porque apagaban el motor que la bombeaba hasta los pisos superiores. La corriente eléctrica se interrumpió en varias ocasiones durante esa semana”, refirió el familiar, quien reveló que algunos pacientes presentaban cuadros sépticos, según le dijo un médico.

Además de la situación interna del Hospital Naval, el familiar también describió el entorno, que perjudicaba a los familiares acompañantes, para los cuales los hospitales no garantizan servicio de alimentación.

“El quiosco frente al hospital estaba prácticamente desabastecido. Casi nunca había agua, ni jugos. Sin embargo, sí tenían siempre productos innecesarios como cigarros y bebidas fuertes”, dijo.

“Por otra parte, la venta de panes era de pésima calidad y con precios altos, si nos guiamos por la elaboración: 15 pesos por un pan que tenía una delgada lasca de jamón y un filito de queso fundido”, agregó.

“La higiene y el estado de los servicios sanitarios dejaban mucho que desear, teniendo en cuenta que es un hospital y especialmente en una sala de Cuidados Intermedios”, criticó familiar. Añadió que las “cucarachas pululaban en los pantry de todas las salas, donde se guardan y manipulan los alimentos de los pacientes”.

“Hubo días de escases de agua para beber, pues con esos truenos nadie se atrevía a consumir directo de los grifos”.

A la situación del hospital se sumaba la escasez de medicamentos. “El enfermero incluso le preguntó a los pacientes diabéticos si tenían sus propios implementos para no tener que usar los del hospital”, dijo.

Las autoridades del Ministerio de Salud Pública admitieron la carencia —en la red de farmacias estatales, donde se adquieren en moneda nacional— de entre 40 y 47 medicamentos en los meses junio y julio, y una cifra similar en agosto. El abastecimiento no ha mejorado desde entonces.