El opositor Ramón Arboláez Abreu (der) junto a dos Damas de Blanco durante su activismo en Cuba. / CORTESÍA DEL ENTREVISTADO.-

Ramón Arboláez Abreu y su familia piden ayuda a los congresistas cubanoamericanos de EEUU.

 

‘Quiero llevar a mi familia a un lugar seguro’, dice opositor cubano muy enfermo y varado en México.

 

JUAN ARTURO GÓMEZ TOBÓN. Turbo 

—El opositor cubano Ramón Arboláez Abreu tiene cáncer de garganta y pocas esperanzas. Junto a su esposa, Yaneisy Santana Hurtado, y sus dos hijos menores de edad, está varado en México, sin asistencia médica.

Los cuatro viven en un pequeño cuarto en Monterrey. Duermen todos en la misma cama y subsisten a duras penas.

Arboláez Abreu supera los días con antibióticos, vitaminas y analgésicos. Le diagnosticaron el cáncer hace ocho meses, en la localidad mexicana de Palenque, en Chiapas. Aun así, estuvo 15 días en un centro de detención de emigrantes del Instituto Nacional de Migración.

Pide a Dios salud para llevar a un lugar seguro a sus hijos y esposa, “solo así moriré tranquilo”, dice a DIARIO DE CUBA. Le preocupa no saber explicar a sus hijos qué es la libertad que están buscando desde hace cuatro años, cuando salieron de Cuba.

En la Isla, Arboláez Abreu era activista de la Coalición Central Opositora y del Foro Antitotalitario Unido (FANTU). Lleva con él fotos en las que aparece junto a Guillermo Fariñas, defensores de derechos humanos, y Damas de Blanco.

Tanto él como su familia sufrieron persecución en Cuba, relata. Según Arboláez Abreu, fue detenido decenas de veces por sus actividades opositoras, al igual que su esposa.

Acusa al régimen de haberlo despojado de su vivienda en Santa Clara y obligado a abandonar el país junto a su familia.

Arboláez Abreu, su esposa y sus hijos fueron parte de los cubanos que estuvieron más de un año varados en Trinidad y Tobago. Allí sufrieron detenciones, maltratos y hambre, a pesar de ser reconocidos como refugiados por la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiaros (ACNUR).

El Gobierno trinitario nunca les devolvió los pasaportes. “Siempre que íbamos a reclamarlos, nos decían: ‘solo se los daremos si van a regresar a Cuba'”, recuerda Yaneisy Santana Hurtado. Así que el matrimonio decidió huir de Trinidad y Tobago con sus hijos y sin documentos.

Pese a su enfermedad, Arboláez Abreu trabajó hasta hace varias semanas como soldador. “Pero el maltrato y el mal pago no justificaban poner en riesgo la vida de mi esposo”, dice Santana Hurtado. “Él recibía poco más de dos dólares por 12 horas de trabajo, mientras a un mexicano le pagan 12”, añade.

Ramón Arboláez Abreu necesita una tomografía, un electrocardiograma y exámenes de sangre, pero no se los ha podido hacer por su costo, 650 dólares.

Su esposa afirma que la ayuda de la ACNUR ha sido “muy poca, por no decir nula”.

“Hace 15 días nos dieron cuatro libras de arroz, dos bolsas de pasta y un galón de leche. Para protegernos del coronavirus nos entregaron un frasco de alcohol y otro de antibacterial”, enumera.

A las penurias se ha sumando la pandemia del Covid-19. Pero “el coronavirus es la menor de nuestras preocupaciones”, asegura Santana Hurtado. “Acá estamos expuestos a secuestros, asesinatos y a la inteligencia cubana. Pero lo que más duele es la indiferencia del Gobierno mexicano y de la ACNUR. Mis hijos hoy no tienen patria, no estudian, no tienen ningún derecho”.

En un video enviado a DIARIO DE CUBA en el que aparece toda la familia, Santana Hurtado pide a los congresistas cubanoamericanos de Estados Unidos ayuda “para llegar a la tierra de la libertad y que mi esposo pueda tener atención médica, que le salven la vida”.

“No es justo que tanta lucha por la libertad no tenga recompensa, solo sufrimientos”, dice.

El pasado 5 de mayo Yanesisy Santana Hurtado cumplió 40 años. Preguntada sobre qué le habría gustado recibir de regalo, responde: “quitarle el dolor por unas horas a mi esposo. A veces bota coágulos de sangre por la boca cuando tose”.

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Publicado previamente en DDC.-