Anzu Fati celebra su gol en el inicio del Valencia-Barcelona en el Camp Nou. (ABC).-

Primer partido, primero, de la temporada con mi hija en el Camp Nou. La última vez que estuvimos en un partido contra el Valencia fue en Sevilla y perdimos la final de Copa. Descolorida, triste pancarta con el hashtag «Tsunami democràtic», cuyos propietarios harían bien de aplicarse y respetar la democracia, que es respetar la Ley, y que es lo que nos diferencia de los delincuentes —y de las bestias—, dice Luís Enrique.

 

Salvador Sostres / ABC

—Sentido minuto de silencio en memoria de Xana, la hija de Luis Enrique. Con mi hija sentada al lado, sólo un año más pequeña que Xana, la terrible fragilidad de la vida me sumió en la tristeza y el desasosiego.

Ansu Fati empezó a escribir su nombre en la Historia y marcó el primer gol de un delicadísimo disparo, devolviendo la magia al Camp Nou que el Barça de Valverde hacía meses que había extraviado. Minuto 2. En el 7 volvió el niño a sus encantos y tras una alegre, brillante, descarada incursión por la banda, le puso un balón de oro a los pies a De Jong, que remató el segundo. Inicio hermoso, emocionante, prometedor del partido. El Camp Nou encantado con su bebé, el bebé crecido y feliz en el magnífico escenario, el Valencia ni estaba ni se le esperaba y los demás jugadores del Barcelona parecían el rodeo de Dios para llegar al nuevo ídolo Ansu Fati. En el 16, más de él, con cambio de ritmo incluido, movimiento de mucha clase y disparo que salió ligeramente desviado al rebotar en un defensa.

Los gritos de independencia del 17:14 fueron tenues, suaves, como algo que se canta porque toca pero ya no nos importa demasiado. Tenues y breves, y con el Camp Nou dispuesto a cambiar la independencia por otro 0 a 5 en el Bernabéu, con 5 goles de Ansu Fati.

El partido cayó en un cierto desinterés hasta el minuto 26, en que Gameiro marcó un gol que el árbitro anuló y que el VAR acertadamente concedió. No es que el Valencia hubiera hecho gran cosa pero el gol fue un justo castigo para los minutos de inanidad locales. El Camp Nou pidió dos penaltis que ni el colegiado ni el videoarbitraje concedieron. La verdad es que ninguna de las dos jugadas pareció gran cosa. En el 37, el Valencia pudo empatar en una doble acción doblemente desbaratada por Ter Stegen con muchísimo acierto, frialdad y talento. A continuación y aunque finalmente estéril, nueva genialidad de Ansu Fati con un bellísimo sombrero. He sido muy crítico con Valverde, pero el atrevimiento con este chico es a él a quien tenemos que agradecérselo. El partido se rompió y en el intercambio de golpes el Valencia tenía opciones más o menos claras -tal vez menos, pero bueno- de empatar.

Buena entrada en el Camp Nou, 80.000. La segunda parte empezó como cuando el acompañamiento del rape son unas verduritas a la plancha. Sí pero no, hasta que el minuto 6, Jasper Cillessen decidió compensarnos por los muchos años que le pagamos un gran sueldo por no jugar prácticamente nada -la Copa y gracias- y dejó escapar un balón nada complicado, chutado por Griezmann, para que Piqué lo aprovechara para marcar el tercero. En el 9, Semedo al palo. En el 14, como si a Valverde le molestara que disfrutáramos, retiró a Ansu para dar entrada a Suárez. Ovación y cánticos para el chaval, y la magia que había en el ambiente se rompió con su marcha, aunque la entrada de Suárez también fue saludada con entusiasmo, y de hecho el uruguayo marcó el 4 a 1 con el primer balón que tocó, de un fuerte disparo desde fuera del área. Los gritos de «llibertat, presos polítics» fueron rápidamente sustituidos por exclamaciones ante una progresión de Griezmann que prometía mucho y acabó en nada, exactamente igual que el proceso independentista. Rakitic y Vidal entraron por De Jong y Alba. Para acabar la fiesta, y culminar las buenas sensaciones, Luis Suárez metió el quinto de un oportuno y nada fácil disparo. El Valencia marcó el segundo: Maxi López.

Pero la noche se la llevó Ansu Fati, y le recordaremos el partido como el que le empezamos a admirar y a querer.