Por Carlos Cabrera Pérez.-

—El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, aprovechó los 66 años del ataque el cuartel Moncada para intentar su primer discurso de hombre de Estado, en el que reiteró las letanías habituales del castrismo, apeló al pluralismo resistente, ubicándose en lo que llamó los agradecidos, e insinuó la jubilación gloriosa de los históricos; entre los que estableció equilibrios y repartió elogios.

Que el ataque el Cuartel Moncada fue una ilegalidad necesaria como respuesta al golpe de Estado de Batista y ante la situación cubana de la época; nadie sensato lo discute; salvo el entonces Partido Socialista Popular (PSP), que lo tildó de aventurerismo y de golpe de espaladas al pueblo.

Díaz-Canel obvió el papel de la Iglesia Católica en la preservación de la vida de Fidel, Raúl Castro y un grupo de combatientes; del respeto a la legalidad en el juicio, las condiciones en prisión y la Amnistía de 1955, un disparate de las clases vivas del batistato, equivalente al de Fulgencio Batista con el golpe de Estado de 1952.

Que el Programa del Moncada y sus seis puntos eran necesarios para aquella Cuba, tampoco nadie sensato lo discute; solo que el programa completo con la restauración de la Constitución de 1940 y la celebración de elecciones pluripartidistas y libres.

En 60 años de revolución y 66 desde al asalto al cuartel Moncada, el castrismo ha tenido tiempo suficiente para revertir aquella situación y los observadores más imparciales, no niegan a la revolución cubana, su papel en la transformación y mejora del campo cubano, especialmente en los ámbitos de Educación, Salud Pública y Justicia social.

El castrismo se apoderó de las principales tierras del país, recortó la extensión de las explotaciones agropecuarias con sendas leyes de Reforma Agraria, y ha conseguido hacer del campo cubano uno de los más improductivos del mundo, excepto en Marabú y otros desastres ecológicos.

Ya sabemos lo malo que eran la United Fruit Company y los terratenientes de hace 66 años, lo que necesitamos es saber cuándo lloverá café en el campo cubano, de una vez por toda.

En su análisis, el presidente cubano usó la Encuesta de Trabajadores Agrícolas Cubanos realizada por la Agrupación Católica Universitaria, en los años 1956 y 1957 en el campo cubano. O sea que aquella no era solo  una iglesia de los ricos, como ha insinuado varias veces el castrismo. Y si el catolicismo tiene un peso específico en la historia y la cultura cubana, ¿cómo explica Díaz-Canel que la Seguridad del Estado haya impedido al opositor Dagoberto Valdés asistir a las honras fúnebres del Cardenal Jaime Ortega Alamino?

Los discursos de la resistencia suelen ser coyunturales, acotados por circunstancias internas y externas, pero no deben ser permanentes porque lastran el pensamiento, aunque uno se empeñe en citar a Martí, a Fidel Castro, a Fernández Retamar, a Miguel Barnet y a la Dra. Pogolotti, como si fueran el Espíritu Santo.

Que Trump es un adversario complicado se sabía antes de tomar posesión, como ocurrió con Ronald Reagan y su adopción de la Doctrina de Santa Fe; pero sería oportuno que Díaz-Canel apartara, incluido Raúl Castro, a los miedosos culpables de desaprovechar el efecto Obama y dormirse en los laureles de las reformas pospuestas por la creencia de que ganaba Hillary Clinton.

Raúl Castro tiene el tiempo que biológico que le quede; pero su tiempo político está agotado por la larga convivencia con el hiperliderazgo de su hermano Fidel y su incapacidad para asumir el reto Obama y neutralizar a la burocracia interna que ve un peligro en cada atisbo de cambio que ponga en riesgo su estatus de cobrar por amargar la vida de la gente, como esa aduanera que roba y revende en “Revolico”.

La mención a Ramiro Valdés y Esteban Lazo desde el mismo comienzo del discurso son guiños inteligentes, como consecuencia del forcejeo que se vive entre dinosaurios y cincuentones y Díaz-Canel sabe que el ex Ministro del Interior y asaltante al Moncada y expedicionario del Granma es el mejor antídoto contra Machado Ventura, el manejador del partido comunista y cancerbero de Raúl Castro en el frente civil.

La jubilación pactada y lo antes posible de los sobrevivientes de la generación histórica es imprescindible para Cuba porque ellos son rehenes de viejas glorias, como ocurre en todo proceso histórico, y aquí no se trata de un debate intelectual con tintes revisionistas, como hace la izquierda sectaria en la España actual con la Transición; sino de avanzar a una forma de gobierno que posibilite la futura democracia y la reconciliación nacional.

Y en cuanto al asombro del mundo que preanuncia Diaz-Canel, no es más que la parte humorística de su discurso, que alternó la solidez con improvisaciones de urgencia política, pues Cuba no necesita que el mundo se asombre con ella, ya lo hizo en 1959, 1962, 1968, 1980, 1989, 1994 y 2017.

El asombro que exige Cuba es el de sus ciudadanos, incluidos los desagradecidos, con el florecimiento de la libertad, la riqueza y la justicia social. Nada más, y nada menos asombroso, Don Miguel; aproveche la coyuntura y enrumbe la isla hacia una zona de prosperidad y déjese de andar trasteando con la historia reciente y el siempre útil enemigo americano, que el tiempo vuela y corre en su contra.

Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba quien publicó originalmente el artículo.-