El periodista de DDC Osmel Ramírez Álvarez. O. RAMÍREZ ÁLVAREZ / FACEBOOK.-

 

 

 

Este Día de los Derechos Humanos el periodista de DIARIO DE CUBA tiene el triste récord de tiempo ‘regulado’.

OSMEL RAMÍREZ ÁLVAREZ, Holguín 

—Este 10 de diciembre, cuando se cumplen 71 años de la adopción de la Declaración Universal de Derechos Humanos por las Organización de Naciones Unidas (ONU), alcanzo la cifra de 760 días “regulado”. Es decir, de estar bajo la prohibición de viajar al extranjero solo por ser periodista independiente, por hacer uso de mi libertad de expresión, por escribir lo que pienso.

Y no soy el único, por desgracia. ¡Somos cientos en todo el país! Periodistas como yo, artistas contestatarios, diversos representantes de la sociedad civil verdadera, opositores organizados, en fin, cubanos y cubanas que no nos plegamos al sistema y al Gobierno, y resultamos incómodos.

“Regularnos” es un castigo, un abuso de poder, una limitación a nuestro actuar cívico, aunque el canciller Bruno Rodríguez diga descaradamente que no conoce los numerosos casos o Díaz-Canel afirme que no se persigue a ningún cubano por pensar diferente u oponerse al sistema.

En este contexto, un grupo de regulados ha convocado una protesta cívica para esa misma fecha en la Terminal 3 del Aeropuerto José Martí. Se trata de una sentada pacífica, sin alborotos, en el mismo escenario donde se ha vejado a tantos buenos cubanos, prohibiéndoles abordar un avión con billete en mano. Lo he vivido y es frustrante; no por el viaje sino por la impotencia de ser reprimido y no tener defensa legal, de ser castigado sin haber cometido delito alguno.

Cada día que pasa rompo mi propio récord como periodista “regulado”. Opositores organizados y activos contra el régimen han sufrido lo mismo por mucho más tiempo, pero como periodista soy el más veterano. Y, aunque en todos los casos es una fragante violación de un derecho humano inalienable, en nuestro caso se suma la violación de la libertad de expresión y opinión.

Por eso mismo el récord para mí es positivo, mientras que para el Gobierno, especialmente para la policía política, es negativo. En lo personal, significa que estoy siendo molesto para el régimen con mi pluma (mejor decir, mi teclado) y, cuando se vive bajo un régimen autoritario, sea de izquierda o derecha, ser “molesto” significa ser agente de cambio y de esperanza, estar haciendo un trabajo acertado en favor del bienestar público, a favor de la democracia.

Sin embargo, para la policía política del Gobierno del Partido Comunista prohibirme viajar y hacerlo por tanto tiempo es embarrarse más las manos de fango: del fango apátrida y represor, del abuso de un poder que es ilegítimo y dañino para Cuba.

No me afecta sicológicamente estar regulado porque soy feliz haciendo lo que hago y viviendo donde vivo, pero sí desde el punto de vista profesional. Me limita para participar en cursos, cubrir eventos en el exterior, asistir a reuniones editoriales o denunciar, personalmente, las vejaciones que sufro.

¿Cómo lo enfrento? No dejo de denunciarlo porque “ver un crimen en calma es cometerlo”, lo dijo acertadamente José Martí. Y acostumbrarse a estar regulado, no hablar de ello todos los días ni reclamar el cese de esa violación de nuestros derechos humanos, equivale a volverse cómplice del sistema, de su policía política.

Hacerlo sistemáticamente, en cambio, pone un poco más al desnudo el carácter represivo del Gobierno cubano.