Arnaldo Frómeta Dulfo y su esposa, Iris Vega. CORTESÍA DE IRIS VEGA.

 

Una encerrona de la Dirección Nacional Antidrogas ha frustrado su libertad condicional, aseguran el reo y su esposa.

Por JORGE ENRIQUE RODRÍGUEZ, La Habana, para DDC.-

—El habanero Arnaldo Frómeta Dulfo fue condenado a 15 años de privación de libertad por el delito de “tráfico internacional de drogas“. Al cumplir diez años de su condena, y próximo a ser beneficiario con la libertad condicional, enfrenta una extensión de sanción de cuatro años por un supuesto delito de “evasión”.

Frómeta Dulfo, de 39 años de edad, está recluido en la prisión de Quivicán, Mayabeque, asignado al destacamento 16. Asegura que el nuevo cargo “es en represalia” por negarse a ser informante de Dirección Nacional Antidrogas (DNA).

En una carta, a la cual DARIO DE CUBA tuvo acceso, Frómeta Dulfo —vecino de Aguiar #163, entre Tejadillo y Chacón, y padre de una niña de seis años y una adolescente de 17— relató hechos que, dijo, ocurrieron mientras permanecía trabajando en el campamento penitenciario Ho Chi Minh.

El sábado 6 de enero de 2018, mientras trabajaba como albañil en el policlínico Felipe Poey, en el municipio Nueva Paz, Frómeta Dulfo pidió permiso al oficial a cargo de la brigada de internos, Noel González López, para ir a una pizzería ubicada justamente frente a la estación policial del territorio.

Autorizado por González López, se dirigió a la pizzería, donde fue interceptado por un oficial de la Policía y otro de la DNA. Después de ser preguntado por ambos agentes y explicar que se encontraba allí bajo autorización, le pidieron que los acompañara a la estación policial. Al preguntar si sucedía algo con su persona, para avisar a su jefe de brigada, el oficial de la DNA le aseguró que no, que solo conversarían con él.

En una oficina, el agente de la DNA le expuso su propósito: que fuera su informante dentro de la prisión. De lo contrario, no le dejaría irse y revocarían su solicitud de libertad condicional. Frómeta Dulfo se negó, alegando que no estaba cometiendo delito alguno, y fue conducido a una celda.

Diez minutos más tarde, su jefe de brigada se personó en la estación policial y explicó ante el oficial de la DNA que Frómeta Dulfo estaba autorizado por él, y que además era un buen interno y un buen trabajador. Según el relato del prisionero, el oficial de la DNA comprendió, extendió la mano a Frómeta Dulfo, le aconsejó cuidarse pues le faltaba poco para extinguir su condena y lo dejó marcharse con su jefe de brigada.

La represalia

Al llegar al campamento, después de terminar la jornada de trabajo, el oficial de guardia preguntó quién era Arnaldo Frómeta Dulfo. Al identificarse, fue inmediatamente esposado y conducido a una celda. En el interrogatorio posterior, ante el jefe del campamento, Frómeta Dulfo narró su encuentro con el oficial de la DNA.

Pero en esta ocasión González López, el jefe de brigada, se retractó y negó haberle dado la autorización para ir a merendar a la pizzería, un hecho que, además, como refirió Frómeta Dulfo, “sucede todos los días y con todos los internos que trabajan en su brigada”.

Finalmente, a Frometa Dulfo se le acusó, 72 horas después, del delito de “evasión” y fue llevado a juicio en julio del presente año. Dos meses después fue informado de la sentencia: cuatro años de privación de libertad y, por ende, el rechazo de su solicitud de libertad condicional.

El Artículo 163.1 del Código Penal condena, con sanciones de privación de libertad de uno a tres años o multa de 300 a 1.000 cuotas, a quien “se evada o intente evadirse del establecimiento penitenciario o del lugar en que se halle cumpliendo sanción o medida de seguridad, sujeto a prisión provisional o detenido, o se sustrae o intenta sustraerse de la vigilancia de sus custodios en ocasión de ser conducido o trasladado”.

Iris Vega, esposa de Frómeta Dulfo, que ha remitido cartas a todas las instituciones correspondientes —incluyendo una copia al oficialista periódico Granma—, resaltó que resulta demasiada coincidencia que fuese, precisamente, un operativo de la DNA quien interceptara a su esposo en el trayecto hacia la pizzería.

“En la dirección provincial de prisiones, en 15 y K, la oficial que me atendió me confirmó que a mi esposo le habían aprobado la libertad condicional. Es absurdo que mi esposo fuese en contra de su único deseo y que finalmente había logrado”, dijo Vega.

“Temo que atente contra su vida, pues me juró que no cumpliría ni un día más de la condena por la cual sí cometió delito”, añadió.

A pesar de las pruebas presentadas por Frómeta Dulfo, en un principio ninguna autoridad accedió a escuchar sus explicaciones.

“Solo después de que me planté durante 26 días y amenacé con atentar contra mi vida vinieron a entrevistarse conmigo”, dijo el prisionero, quien pide que se haga justicia. “Pero resulta que todas las pruebas han sido desechadas”, añadió.

“Mi único deseo es reunirme con mis hijas y mi esposa, para eso he cuidado mi comportamiento (…). Tendría que estar muy loco para cometer el absurdo de evadirme o fugarme ahora que había alcanzado ese objetivo después de diez años”, señaló.

Sin embargo, ni la fiscal del municipio Nueva Paz ni el jefe de prisiones de la provincia Mayabeque han accedido a entrevistarse con Frómeta Dulfo.

La única razón posible, coinciden el preso y su esposa, es que ambas autoridades tengan todas las pruebas de que nunca existió el delito y de que se trata de una represalia por negarse a ser informante de la DNA.